Opinión agua | mineras | Morelos

Por el agua y contra la minería

En la Caravana por el agua y la vida convergen luchas y resistencias bajo una movilización que visibiliza los riesgos e impactos nocivos para el medio ambiente.

Desde la región cholulteca y de los volcanes Iztaccihuatl y Popocatepetl, pasando por el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, y terminando en Cuentepec, Morelos, la Caravana por el agua y la vida reunió, durante 34 días, a diferentes luchas territoriales y de resistencia en nueve estados de la república frente a megaproyectos hídricos, de energía, extracción de recursos naturales e infraestructura como el embotellamiento del agua, gasoductos, minería y desarrollo inmobiliario, entre otros.

En un inicio, la movilización se posicionó en contra de la planta embotelladora de Bonafont, Juan C. Bonilla, Puebla y el desalojo propiciado por la Guardia Nacional y la policía estatal de la Casa de los Pueblos, Altelpelmecalli el 15 de febrero del 2022. Posteriormente, durante su recorrido la Caravana denunció a decenas de megaproyectos privados y gubernamentales, por provocar impactos negativos para la naturaleza y sus comunidades.

Entre estos, podemos destacar los señalamientos a la fundidora de hierro Hylsa S.A.de C.V. por haber desertificado el río Prieto y el manantial Almolón; al gasoducto del Proyecto Integral Morelos (PIM), otorgado a las empresas españolas Abengoa, Elecnor y Enagás, pues se denuncia un impacto grave en los ecosistemas con la producción de gas de lutita, contaminación y extracción de agua.

Asimismo, a la termoeléctrica de Huexca, proyecto energético relacionado con el asesinato del defensor de territorio, Samir Flores, al acueducto del río Cuautla que afecta a comunidades campesinas, ante el reclamo de una mala distribución del recurso hídrico; y a los proyectos de minería a cielo abierto de las trasnacionales canadienses Álamos Gold y Zacatecas Silver en Morelos, por mencionar algunos.

Con base en esto, podemos observar diversas luchas socioambientales que se congregan en la movilización de la Caravana, pero que finalmente también están entrelazadas con la defensa de los derechos humanos. La Caravana también acompañó al campamento triqui que se encontraba ubicado sobre Av. Juárez en la Ciudad de México, en consecuencia a años de un progresivo desplazamiento de su territorio a causa del crimen organizado.

La Caravana por la vida y el agua concluyó el día 22 de marzo en Cuentepec, Morelos, ahí los pueblos nahuas emitieron un decreto que prohíbe la minería en sus territorios. Mencionaron que actualmente están vigentes 25,607 concesiones mineras que cubren una superficie de más de 22 millones de hectáreas que provocan despojo, contaminación, y riesgos para la salud y el medio ambiente.

Durante la asamblea sujetaron su argumento de decreto con base en el Convenio número 169 de la Organización Internacional del Trabajo “Sobre Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes” y en el artículo número 2 de la Constitución de nuestro país.

Es necesario mencionar que la minería a cielo abierto es una de las industrias más devastadoras. De acuerdo con su definición, es aquella que busca la obtención de recursos naturales en la superficie del terreno y no de forma subterránea, removiendo grandes cantidades de sedimento de los que se separan los minerales a partir de sustancias químicas que contaminan la tierra y el agua.

Además, habría que mencionar el uso y gasto desmedido del recurso del agua en la minería. Por ejemplo, de acuerdo con World Wildlife Fund, para obtener un gramo de oro se utilizan más de 1,000 litros de agua.

Durante la presidencia de Carlos Salinas de Gortari se modificó el artículo 27 de la Constitución en 1992, para abrir paso a la entrega de permisos a grandes compañías mineras. A la fecha, se han entregado 65,435 concesiones y hay 1,200 proyectos mineros y 1,672 minas que operan en el pais. De acuerdo con datos oficiales en México, 293 empresas mineras son de capital extranjero (75% canadienses).

El valor de la Caravana por el agua y la vida reside en la convergencia de diferentes luchas y resistencias bajo una misma movilización, que visibiliza los riesgos e impactos nocivos para el medio ambiente y nuestra propia existencia dentro de nuestro territorio nacional.

Las condiciones en las cuales se encuentran nuestros ríos, tierra y aire, pero también de las comunidades indígenas, rurales y urbanas son alertas que debemos de tomar en consideración; constantemente estamos siendo advertidos a consecuencia del despojo, extractivismo y hostilidades que señalan las y los caminantes de la Caravana.

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