Opinión Biden | Estados Unidos | presidente

¿Cumbre desangelada?

La que estaba diseñada como una cita regional para el relanzamiento de las relaciones interamericanas, podría pasar a la historia como una Cumbre desangelada.

En 2018, el ahora presidente de Estados Unidos, Joe Biden, escribió un ensayo para Americas Quarterly sobre su visión de América Latina. Sin ser todavía el candidato demócrata a la presidencia y con un tono nostálgico, Biden reflexionaba sobre cómo el ahora expresidente Trump estaba dinamitando el liderazgo estadounidense en las Américas con “un torrente de antagonismo” y destruyendo la base para la cooperación regional que construyó la Administración Obama.

Cuatro años más tarde y en el marco de la IX Cumbre de las Américas —prevista del 6 al 10 de junio en Los Ángeles, California—, el artículo de Biden adquiere relevancia porque en él apunta preocupaciones que, una era de Trump y una pandemia después, siguen estando más presentes que nunca. La primera de ellas: “Nuestros rivales geopolíticos (China y Rusia) están llenando ansiosamente el vacío de liderazgo a medida que Estados Unidos retrocede”. La segunda: “Estados Unidos necesita ser un socio activo para defender el carácter democrático de nuestra región [...] En vista de las tendencias nacionalistas y populistas que surgen una vez más en la región, y de las crecientes amenazas de autócratas y sus secuaces, hace falta, hoy más que nunca, un liderzgo estadounidense basado en principios”. Ya desde entonces Biden proyectaba la necesidad de recuperar el liderazgo estadounidense en la región, pero subrayaba el carácter democrático que debería de tener este liderazgo.

A unos cuantos días de la Cumbre, esta perspectiva delineada por Biden hace unos años y estampada en la organización del evento se convirtió en motivo de discordia regional. El presidente López Obrador supeditó su presencia a la invitación de Cuba, Nicaragua y Venezuela, regímenes que Estados Unidos no había contemplado entre los asistentes precisamente por no respetar la democracia.

La maniobra de AMLO dejó en una posición incómoda a la Casa Blanca que, al término de este artículo, sigue buscando una salida para resolver el ultimátum mexicano. Aún está por verse la decisión final de López Obrador, quien ya recibió formalmente la invitación a la Cumbre, sobre todo cuando el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, ya sentenció que no le interesa participar en el encuentro y el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, aseguró esta semana que en ningún caso asistirá.

Por lo pronto, la que quizá estaba diseñada como una cita regional para el relanzamiento de las relaciones interamericanas y cuyo lema es: “Construyendo un futuro sostenible, resiliente y equitativo”, tiene sobre sí la amenaza de pasar a la historia como una Cumbre desangelada. En detrimento de Biden, quien se encuentra arrinconado a menos de seis meses de las elecciones intermedias en Estados Unidos. Y con el beneplacito de López Obrador, quien tensó una vez más la relación de México con su principal socio comercial al poner sobre la mesa su amago de no asistir a Los Ángeles, paradójicamente una de las ciudades con más mexicanos en la Unión Americana.

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