Opinión CasAgua | basura | desechos

Breve contexto de la crisis de basura en CDMX, y una solución no tan sonada

¿Te has preguntado: por qué debemos hablar de basura? Es sencillo: Porque tiene un peso económico muy importante y un impacto en el medioambiente.

Generamos mucha basura y nos está ahogando en problemas. Desde las nuevas políticas de prohibición de plásticos de un sólo uso, hasta los rellenos sanitarios, la verdad es que no importa cómo la gestionamos: sigue siendo muchísima basura.

Salvador Meneses, presidente de la organización Basura Cero y experto en el tema de los desechos, comenta que la basura generada por cada ciudadano de la Ciudad de México en 2017 era suficiente para llenar y desbordar el Estadio Azteca al día. En números, se mide que cada uno de nosotros en esta ciudad producimos 1.7 kilogramos de basura, acumulando el módico volumen de 13 toneladas diarias. De esta cantidad inmensa de basura, la principal fuente proviene de las casas con un 48%, “seguida de los comercios y en menor porcentaje los servicios, controlados, diversos y la Central de Abasto”. Los números aumentan cada año, pero te has preguntado ¿qué se hace con tanta basura?

En promedio, continúa Meneses, unas 8 mil 500 toneladas son enviadas desde las plantas de transferencia (a donde llegó toda la recolección de basura) a los rellenos privados, ya que el proceso de reciclaje para el cual fueron creadas ciertas plantas no está funcionando; por ende, sólo una mínima parte logra reciclarse. Esta dinámica empezó porque en el 2011 se clausuró el relleno sanitario Bordo Poniente que operaba desde 1984: ahora toda la basura de la urbe se mandaba hacia rellenos sanitarios de otros estados. Desde entonces al gobierno capitalino le cuesta el outsourcing de la transportación y disposición final de sus desechos a rellenos privados o rellenos de otros municipios: en 2012 costaba 275 pesos la tonelada, y para 2018 estaba en unos 430 pesos.

Pero ¿por qué debemos hablar de basura? Porque tiene un peso económico muy importante: en seis años la tarifa por enviar una tonelada de basura creció en un 156%, de 1.43 millones de pesos a 3.65 millones de pesos al día.

Si nos referimos a la gestión de los residuos sólidos urbanos, los rellenos sanitarios son una medida truculenta. Un privilegio de la realidad urbana en México es que la basura no se dispone en donde se genera, la enviamos a otro lado y se vuelve el problema de alguien más.

Esto pasó en Oaxaca, en la colonia Guillermo González Guardado: las comunidades altamente marginadas protestaron porque, lo que antes era manejable ahora se volvió una situación asfixiante de su vida en comunidad, llevándola a extremos de marginación ahora subyugada por la contaminación derivada del pésimo manejo del tiradero. O también con el caso de la periferia de la zona metropolitana de Guadalajara: la gestión ineficiente de los residuos municipales ocasionaron lixiviados que se filtraron al subsuelo y contaminaron los cuerpos de agua de donde se abastecía la población, causando un malestar oloroso y de salubridad en las colonias vecinas y habitacionales.

El reciclaje puede escucharse como una buena opción para evitar los rellenos sanitarios, pero está lejos de ser la solución porque hay fallas en el sistema de separación y recolección de basura, así como una tramposa promesa de infinita reciclabilidad.

“La mayoría de los plásticos son difíciles de reciclar, no por falta de infraestructura o metodologías, sino por razones económicas. [...] no se recicla con una visión de futuro lejano, sino para generar un nuevo producto plástico que a su vez será más difícil de reciclar. El volumen de plásticos vírgenes producido aumenta cada año, señal de que el reciclado tiene muy poco efecto” (Sarukhán, 2017:224).

En el 2012, México sólo reciclaba 5% de todos sus residuos, y esto era posible porque los pepenadores y el mismo servicio de la limpia y recolección en la CDMX subsisten de separar los materiales para venderlo: “los trabajadores del servicio oficial de retiro de basura participan en la clasificación y venta de materiales reciclables debido a la precariedad de sus condiciones laborales. [...] se ven obligados a complementar sus bajos salarios con su participación en el circuito del reciclado”, así como también surgen estos voluntarios que “recogen materiales por propinas y participan del ingreso por la venta de productos reciclables” (Villanova, 2012:268).

En esta complejidad, una de las ventanas de solución es atender la raíz de la problemática: el generar residuos. Al acatar el origen del problema de los desechos, se aligera el sistema de recolección de basura, de su separación post-recolectada, su costo y tiempo de traslado, se podría recuperar la inversión que podría dirigirse a mejorar o impulsar otra infraestructura en su gestión o al reciclaje de los trastos; de seguir amenazando el bienestar de poblaciones vulnerables, y mejorar las condiciones laborales de quienes limpian la ciudad.

Una tendencia que, justamente, observa la solución a través de los ojos hogareños, es la cultura de cero desechos, también conocida como “una vida a granel”. Su lógica es prevenir la generación de desechos (inorgánicos no reciclables) al incorporar la filosofía de cero desecho, concepto popularizado en la última década gracias a Bea Johnson, quien lo define como “comprar y conservar sólo lo que necesitamos, sin acumular un exceso de cosas, ya que se plantea que vivir con menos permite una vida con más sentido y tiempo para las cosas importantes”.

En su libro Zero Waste Home amplió las “tres erres” del consumo responsable (reciclar, reutilizar, reducir) a cinco, con un orden de pirámide inversa: 1) Rechazar aquello que no necesitas; 2) Reducir a lo que realmente necesitas; 3) Reutilizar aquello que te ayude a evitar consumir y desechar; 4) Reciclar lo que no puedas rechazar, reducir o reutilizar; 5) Compostar (su sigla proviene del inglés Rot) la materia orgánica.

Actualmente la Secretaría del Medio Ambiente (Sedema) tiene el objetivo de generar una ciudad de Basura Cero para el 2030. A partir de enero del 2020 la ciudad prohibió la comercialización, entrega o distribución de bolsas de plástico, y para el 2021 quedaron prohibidos artículos de plástico de un sólo uso como cubiertos, popotes, vasos, tapaderas, globos, aplicadores de tampones, entre otros. Eso es un gran paso para transicionar hacia un consumo más responsable, puesto que impulsan las alternativas de manera gradual. No obstante, con el suceso de la pandemia y la falta de alternativas realmente compostables, como de la infraestructura para disponer de ellas, la realidad no ha cambiado nada desde la regulación: se sigue generando la misma cantidad de basura.

Con este contexto, una cultura de cero desechos hace el llamado a la población a optar por nuevas opciones y dinámicas de consumo, acciones que en realidad ya suceden de manera cotidiana: ir al mercado por frutas y verduras con tu bolsa reutilizable que te regaló la carnicería al fin de año, pedir tu queso y jamón en tuppers, llevar tus cartones de leche de tetra pak a tu centro de recolección o reciclaje más cercano (o dárselos al pepenador de tu colonia), rellenar tus frascos de especias en tu local de materias primas, optar por comer en el restaurante que pedir para llevar o reutilizar los envases de yogur para guardar tus lonches, comprar ropa de segunda mano en los tianguis, y parchar tus jeans favoritos, etc.

Estas acciones hasta las más nuevas de cero desechos (como conseguir shampoo en barra, pasta de dientes en frasco, detergentes biodegradables, y más), son los pequeños pasos que desde la individualidad podemos empezar a hacer para alivianar el sistema de gestión de residuos de nuestra ciudad. Sin olvidar que la participación ciudadana en la toma de decisiones y en la proposición de soluciones es vital para atender esta crisis de basura que nos compete a todas y todos en esta ciudad.

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