Opinión cine | Argentina | ejército

Argentina, 1985: Película indispensable para no olvidar

En el contexto de nuestro país, ver Argentina, 1985 debería hacernos reflexionar sobre qué puede significar el poder militar al frente del Estado.

Recuerdo, hace unos años, encontrarme en España con unxs argentinxs que me invitaron a cenar a su casa sólo porque pude leer el tatuaje de una, escrito en élfico. De camino a su departamento, nos topamos con unos policías: todxs los latinxs nos quedamos heladxs. El amigo español que iba con nosotrxs no lo entendía, y ya en la cena coincidimos todxs: de ese lado del charco no existe el miedo a la macana. Y es una frase que tengo muy marcada desde entonces.

Argentina, 1985: la historia del grupo de abogados, liderados por el fiscal Julio Strassera, encargados de enjuiciar a los líderes de la dictadura militar encabezada por Rafael Videla entre 1976 y 1983. Durante dos horas, se nos muestra la dura cruzada para buscar justicia en un país que, pareciera, está dispuesto a todo para escaparle.

Sé que llego tarde a la crítica de esta película, pero quise darme el tiempo de procesarla para no errar con mis comentarios porque me parece, en el contexto en el que vivimos, harto necesario. Y aunque sí, como siempre, pueda tener mis comentarios, en este caso son completamente irrelevantes, porque esta cinta puede cumplir una función mayor.

Un gran guión para una gran historia

Me encantan las películas sobre juicios, no les voy a mentir. El juicio de los 7 de Chicago, de Aaron Sorkin fue de mis películas favoritas de 2020, por ejemplo. Creo que son un reto importante para cualquier guionista y que, bien hechos, pueden presentar grandes historias.

En este caso en concreto, el guión se enfoca en mostrar dos cosas, más que nada: lo brutal que fue la dictadura militar, y el reto sisifiano que fue conseguir justicia, verdad y memoria para el pueblo argentino. Lo primero, con testimonios desgarradores de las víctimas; y, lo segundo, reflejando el grandísimo esfuerzo tanto de la sociedad argentina, como de algunas esferas del reciente gobierno democrático por entorpecer el proceso.

Si bien a mí me hubiera gustado ver un poco más de profundidad en los personajes, el guión no lo echa en falta. Las actuaciones de Ricardo Darín (que no es sorpresa) como Julio Strassera y, sobre todo, la de Santiago Armas (una gran revelación de 14 años) como su hijo, se robaron la película por completo.

Películas indispensables hoy en día

Siempre he dicho que es importante analizar las narrativas que consumimos dentro de nuestro contexto histórico. No pretendo, ni pretenderé nunca, comparar las atrocidades de la dictadura militar argentina con las que hemos sufrido en México por parte del Ejército, porque creo que cada una merece ser considerada y analizada en su propia categoría. Sin embargo, no puedo evitar leer la cinta desde donde estoy parado: en México.

Creo que, de este lado de Latinoamérica, y en el contexto que estamos atravesando en nuestro país, ver Argentina, 1985 debería sensibilizarnos, al menos hacernos reflexionar sobre qué puede significar el poder militar al frente del Estado. En México sabemos de sobra lo que es sufrir a manos del Ejército, y hoy en día, en que la milicia está ganando más y más agencia, y cometiendo más y más crímenes en impunidad, debería ser más que nunca mantenido a raya.

El arte no debe ser en vano. El arte no debería darnos la oportunidad de apreciarle sin que nos haga retumbar los cimientos, y creo que Argentina, 1985 debería cumplir esa función. Debería recordarnos que, siempre, ante el atropello y las atrocidades corresponde, siempre, exigir justicia, verdad y memoria.

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