Opinión cine | Don’t Worry Darling | Harry Styles

Don't Worry Darling ¿Mejor que el chisme?

Tanto chisme le hizo más daño a la película que bien, excepto por la publicidad gratuita, claro, porque es una gran película.

Les voy a ser honesto: fui al cine a ver Don’t Worry Darling más por el chismesote que se armó alrededor de ella, que por la película por sí sola. Me quería echar un rollo enorme de cómo en la actualidad consumimos y nos atragantamos del escándalo y la farándula, como si fueran narrativas, con su propia estructura y todo.

Sí, quería echar el chisme, no lo voy a negar.

Sin embargo —y nunca creí decir esto—, tanto chisme le hizo más daño a la película que bien —excepto por la publicidad gratuita, claro—, porque es una gran película. Salí muy sorprendido de la sala de cine, porque mientras yo esperaba un último capítulo del escándalo, me topé con una película que funciona muy bien, pese a tanto escándalo.

Y precisamente porque creo que tanto chisme le hizo más mal que bien a la película, me abstendré de hablar de él. [Sin embargo, les dejo un podcast de Fernanda Dudette que lo explica con lujo de detalle, por si quieren darse gusto].

Mucha Miss Flo para tan poco Harry Styles

Don’t Worry Darling tiene muchísimos aciertos: el guión está magistralmente escrito; el sonido es una cosa increíble; y la dirección, por más que tenga mis dudas y mis conspiraciones, funciona muy bien. Como una persona con un trastorno de ansiedad, puedo asegurar que así como lo retrata la película, así se siente estar en pleno ataque… en mi experiencia, obviameDonnte. Sin embargo, ¿lo mejor de la película? La reina, qué digo reina, la diosa Florence Pugh.

Florence Pugh se muestra, como cada vez que aparece en pantalla, como una de las actrices más grandes de esta generación. Cada minuto que tiene en pantalla es un regalo para quienes amamos el cine.

Y del otro lado… ay, del otro lado tenemos a Harry Styles. No entiendo por qué, si este dude tiene de actor lo que yo tengo de ganas de vivir, siguen casteándolo para papeles tan importantes. Y me molesta, porque siempre, siempre que el cantante entra a cuadro, se cae la escena. Se ve que no puede mantenerle el rango ni el nivel de actores con la categoría de Florence Pugh o Chris Pine, y la única escena donde da el ancho es en la que tiene que bailar.

No quiero decir que hubiera preferido a Shia LaBeouf —el actor casteado originalmente para el papel—, porque pues… abusador, pero… ¿Harry Styles?

Paul Dano. Me hubiera gustado Paul Dano.

Sin embargo, me gustó la película, y no quiero quitarle más atención de la que ya perdió por su tras bambalinas. Vayan a verla, disfrútenla, asustense, agárrense del borde de su asiento, pero hagan lo que hagan, no se pierdan santa joyita.

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