Opinión cine | Ruido | desaparición

Ruido: La primera deuda es el dolor

Ruido, de Natalia Beristáin, existe para recordarnos la dura realidad en México debe doler, pues a menudo podemos olvidarlo.

Hay ciertas cosas que como mexicano o mexicana terminas por aprender: que la corrupción está presente en cada estrato del gobierno; que de la policía tenemos que cuidarnos; que la burocracia es negligente (por no decir patética); y que la gente desaparece. Vemos cifras actualizadas, alertas AMBER, escuchamos historias del amigo del amigo buscando a un primo o a otro. Hemos vivido tanto tiempo con esa realidad que —y tal vez hasta por salud mental— podemos olvidar algo tan sencillo como que duele. Esa realidad duele.

Ruido, de Natalia Beristáin, existe para recordarnos no sólo que duele, sino que debe doler. La historia de una madre y la cruzada que emprende para encontrar a su hija, y el reflejo tan cruel y tan crudo del absurdo y el contraste que es nuestro país.

Que nadie se atreva a olvidarles

La historia de Ruido gira en torno a Julia, una artista plástica cuya hija, Ger, desapareció en un viaje con sus amigas hace nueve meses. Con tal de tener una respuesta, al menos una, del paradero de su hija, Julia emprende un camino que retrata y pone cara no sólo a las tantas historias similares, así como a los mecanismos de impunidad y la violencia.

El primer coraje que hice llegó casi en la primera escena: un retrato cruel de cómo una fiscalía llamó a unos padres a reconocer el cuerpo de su hija… y no se habían dado cuenta de que la hija tenía un tatuaje en el brazo. Le siguió el primer llanto, y luego el asco, ante toda la desgracia tan real que aparece en pantalla. Por momentos (muchos) aparece la admiración. Luego la esperanza… sólo para que se derribe dos secuencias después.

Ruido es un retrato tan claro y tan certero del país que habitamos que hay momentos en los que se olvida que lo que se está viendo es una obra de ficción. Por momentos, las historias que vemos suenan más bien a otras, cercanas, pero similares. Son historias que conocemos de memoria.

Esta no es una película que vayas a ver por placer, pero es una que tienes que ver. Tienes que verla porque fracasamos como sociedad, y lo mínimo que le debemos a quienes les fallamos es que nos duela, que nos duela a todos.

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