Opinión consentimiento | violencia | lenguaje corporal

"¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!"

Es importante recordar que el consentimiento se da ocasión por ocasión, y se puede retirar en el momento que lo deseemos.

La palabra mágica que abre las puertas del placer es tan corta, tan común y sin embargo tan controvertida cuando se habla del consentimiento.

Hace un par de semanas tuve una cena con colegas del trabajo y al comenzar a platicar de inclusión, género y diversidad, uno de ellos decidió preguntar “con todo respeto” cuáles eran las señales de que una mujer estaba interesada en “algo serio” o “algo casual”. Si estás leyendo esto, por favor, toma una respiración profunda, lleva tu mirada al cielo, y aprieta la mandíbula… ahora sí, ya estás conectando con la misma emoción de frustración que recorrió mi cuerpo al escuchar ese comentario “tan respetuoso”.

Yo sé que durante años el romance, la pasión y el deseo han sido retratados en series, novelas y películas casi siempre de la mano de la violencia. ¿Quién no recuerda haber visto al menos una escena en la que una pelea terminó en un beso? Incluso, llegamos a ver escenas en las que ser empujada contra una pared se mostraba como excitante, como una muestra de pasión. Y si bien, hoy no vamos a profundizar en la cultura de la violación, sí quiero que nos demos cuenta de la relación que esta violencia normalizada tiene con la falta de comprensión del consentimiento.

Así que, regresando al tema de la cena, mi respuesta fue clara y tajante: “No hay lenguaje corporal que te va a decir si quiere una relación de horas o años contigo. Si quieres saber pregúntale y asegúrate de comunicar qué es lo que tú quieres”. Por supuesto, no fue sorpresa que en seguimiento a mi respuesta su expresión facial mostrara desagrado y frustración, siendo un espejo de lo mismo que yo sentí hacía solo unos minutos. Sin embargo, esas emociones no fueron el fin de la conversación; él sintió que debía explicarme un poco más del contexto detrás de su pregunta, ilustrándome sobre la importancia de la comunicación no verbal y el lenguaje corporal, acompañando este momento educativo de las evidentes diferencias que existen entre el hombre y mujeres (sobra decir que su pensamiento binario solo incluía a personas cis-heterosexuales).

En ese momento, tuve que asumir uno de los papeles tradicionalmente ligados a las mujeres y educar paciente y amablemente al hombre frente a mí. A decir verdad, no sé qué tan paciente y amable fui, pero seguro mucho más de lo que realmente me nacía porque dentro de mí, la voz de los estereotipos de género sigue apareciendo en estos momentos, a pesar de años de estudios, deconstrucción y feminismo. “En la actualidad no nos guiamos por interpretaciones sesgadas, lo de hoy es el consentimiento. No sé si te suena el concepto, pero es cuando pides permiso para llevar a cabo una acción y sólo actúas si la respuesta es sí, y si ese sí es enfático, entusiasta y claro” – le dije. Evidentemente, utilicé palabras que sabía que incomodarían y provocarían una reacción visceral, pero lo que quiero destacar aquí es la importancia de que toda la humanidad conozca los pilares del consentimiento, no solo para tomarlos en cuenta en relaciones de pareja o en un ámbito sexual, sino como un hilo conductor del respeto en cualquier relación (laboral, personal, familiar, académica, fraternal, por escribir algunas)

El consentimiento es cuando damos una respuesta afirmativa a un acto que impactará nuestra vida, nuestro cuerpo, nuestra conciencia. El consentimiento es el momento en el que decimos ¡sí! con una sonrisa en nuestra cara, con emoción y entusiasmo, con claridad y libertad. Si sentimos miedo al rechazo, a un regaño, a un castigo social, a una consecuencia física, ahí se pierde el consentimiento porque hay un tipo de coacción. Además, el consentimiento se da ocasión por ocasión, y se puede retirar en el momento que lo deseemos. Si queremos evitar vivir, revivir, o repetir patrones de violencia es básico que comprendamos y compartamos el consentimiento como un cimiento de nuestras relaciones.

Al maternar o paternar, algunas de las acciones que podemos hacer es preguntar, en lugar de forzar; si nuestras hijas, hijos o hijes quieren despedirse dando un beso o abrazo a nuestra familia o amistades, no hay que obligarles a hacerlo. Es importante que cuando empiezan a vestirse sin nuestra ayuda, les preguntemos si quieren ayuda o si quieren que nos quedemos en el mismo espacio mientras se cambian. Asimismo, es importante dialogar sobre las incomodidades que pueden llegar a sentir y hacerles saber que está bien decir que no. Y sí, nos toca re-maternarnos, re-paternarnos y reeducarnos; escuchemos a nuestro cuerpo, a esa emoción o rechazo que sentimos en nuestro estómago. Así que, si hay algo que quieres explorar, hacer o vivir, grita con placer y emoción ¡sí, sí, sí! y asegúrate de que la o las personas con quien lo compartas, hagan lo mismo.

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