Opinión contrato social | desigualdad | sociedad

Renovando el contrato social

La pandemia ha dejado en relieve un problema fundamental: la sociedad no se unió para combatirla, el contrato social está colapsando.

Han transcurrido 260 años desde la publicación de uno de los libros más fundamentales y de mayor trascendencia que la humanidad ha podido tener. En los albores del siglo de las luces, en la mitad del siglo XVIII y en una Europa donde florecían los filósofos que expresaban en su tinta las ideas que años más tarde darían fruto a una de las revoluciones sociales con mayor trascendencia para nuestra historia, el Contrato Social de Rousseau jugó y jugará un papel preponderante en la conformación del Estado contemporáneo.

“El hombre nace libre, pero la sociedad lo encadena”, menciona Rousseau en su obra, aquella que dio pie, en una primera instancia, a cambiar el modelo político de Francia a partir de 1789 y, paulatinamente, a toda Europa en la primera mitad el siglo XIX y, posteriormente, a todo el mundo.

La desigualdad, la corrupción, la impunidad, la ausencia de derechos fundamentales que protejan a los grupos vulnerables, una clase política ausente del quehacer para resolver los problemas de todas las personas, entre otros, lamentablemente siguen vigentes. En otro contexto y con otros actores políticos, pero siguen muy vigentes los postulados de Rousseau.

Lamentablemente, la pandemia —que comenzó en el lejano, pero no distante periodo de finales del 2019— y los problemas que ha generado a su paso han dejado de relieve un problema fundamental: la humanidad no se unió para combatirla. Por el contrario, crecieron las animadversiones políticas entre las naciones, la desigualdad empeoró, y de paso, una guerra injustificada en Europa amenaza todo el orden mundial establecido a partir del final de la segunda guerra mundial en 1945.

Diversos autores, entre ellos el economista y sociólogo francés Thomas Picketty, han señalado con acierto que el problema fundamental que atraviesa la humanidad hoy en día es la desigualdad, y es cierto. Vemos a las mujeres salir a las calles a exigir sus derechos; vemos a las personas migrar de su país de origen, peregrinar para encontrar un mejor futuro; vemos niveles lamentables del crecimiento de la pobreza en todo el mundo y una clase política indiferente; vemos a las naciones europeas poniendo en duda la unión que han tenido y que les ha garantizado estabilidad en los últimos 77 años; vemos una sociedad indiferente ante el avance del cambio climático; vemos una clase política confrontada y sin reconciliación en posturas radicales y extremas que solo abonan a la llegada de populistas; vemos un contrato social en colapso…

Llego la hora de reformar nuestro contrato social. Es imperante que hoy nos unamos para sumar a las mujeres; sumar a los migrantes; sumar a todas y todos los que aspiran a vivir en un mundo mejor; sumar en detener, si es que aún podemos, el cambio climático; sumar en elegir a políticos centrales que den estabilidad a los modelos democráticos; sumar todas y todos desde nuestra trinchera en tener un mundo mejor.

El ilustre constitucionalista italiano, Luigi Ferrajoli, ha escrito su más reciente obra “Por una Constitución de la Tierra: La Humanidad en la encrucijada” y en ella relata perfectamente los problemas actuales. Bien apunta que existen problemas globales que no forman parte de la agenda política de los gobiernos nacionales y su solución debe ser integral.

El jurista apunta que los problemas del mundo no pueden seguir siendo resueltos desde el punto de vista nacional, reformado las diversas constituciones de los países y garantizando, muchas parcialmente, los problemas que hoy ya no solo son regionales, sino de manera global. Bien se apunta que la humanidad se encuentra hoy ante una encrucijada de la historia: sufrir y sucumbir a las múltiples catástrofes y emergencias globales, o bien hacerles frente, construyendo todes juntos la construcción de garantías constitucionales a escala planetaria.

¿Qué estamos haciendo en México? Hemos avanzado mucho en materia de derechos humanos a partir de la reforma de 2011, ¿pero es suficiente? ¿Cómo vamos con el Acuerdo de París? ¿Los gobiernos de los estados y el gobierno federal, qué acciones están tomando en pro de los derechos de la mujer? ¿Qué políticas están haciendo los tres niveles de gobierno para combatir la desigualdad?

Considero que la Constitución de la tierra es la respuesta jurídica a los problemas que atravesamos, pero también es imperante cambiar nuestra forma de ver a nuestros semejantes, reconstruirnos y formar una nueva sociedad en lo individual y después trabajar en lo colectivo, donde los derechos humanos son universales sin importar las fronteras; y la desigualdad se combate de manera global y no nacional. Donde se generan políticas globales en favor del medio ambiente, porque tal vez no nos hemos dado cuenta de que nuestra supervivencia como seres humanos está en grave peligro.

Renovar el contrato social es una tarea que se foja día con día, porque como sociedad, como pueblo, tenemos el fin inalterable de ser soberanos sobre el quehacer de las naciones que habitamos. Donde sobre la marcha, podemos y debemos atender todos y cada uno de estos desafíos que he puntualizado, ya que estamos al borde de una revolución y, probablemente no una como la que se dio en 1789, sino una de dimensiones globales y donde todos, sin importar las clases sociales o el país de origen, nos veremos afectados.

Avancemos y subámonos a la ola del cambio. Ha llegado la hora de dar la batalla por nuestro mundo, con respuestas globales desde lo jurídico, pero también desde lo individual.

Rousseau fue criticado y reprendido en su época, tanto que murió en la pobreza y casi en el olvido, pero no bastó mucho para que sus ideas tomaran fuerza y fuera un referente para los cambios estructurales que las naciones del siglo XVIII y del XIX avanzaran en tener una mejor sociedad.

¿Es posible aspirar a esto? Yo creo que sí. Estamos a tiempo, nuestra generación debe encabezar esta lucha y no dejarlo a la siguiente, porque tal vez no exista siguiente generación .

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