Opinión Desde mis ojos | gaslighting | violencia

Del otro lado del charco

El gaslighting es una "técnica" utilizada para conseguir y retener el poder de la relación, algo que muchas personas enfrentan como víctimas, sin saberlo.

Muchas veces las mujeres no dicen que están en una relación tóxica, porque no saben que están en una; parece que todo te lo inventaste, no existe o se pudiera creer que es tu culpa. En México, según el Inegi, hay 21.6 millones de mujeres casadas o en pareja, de las cuales ¡35% reportó haber padecido algún episodio de violencia!

A esto de lo que hablamos en un principio, se le llama gaslighting o, en español, luz de gas. Esta “técnica” —lo pongo entre comillas. porque no me gusta el término— es utilizada para conseguir y retener el poder de la relación —coloquialmente se le conoce como la volteada de tortilla—; te hacen pensar que las violencias que vives no existen y, además, eres tú la culpable de las mismas. Parece chiste, pero créanme, yo lo viví y no es chiste sino anécdota.

Recientemente leí el libro, Romper el círculo de Colleen Hoover, y además de ser una gran escritora, relata un tema que sigue siendo tabú, e inclusive puede ser un tema demasiado sensible. Acabé el libro en menos de 24 horas y he escuchado de amistades cercanas que también han acabado este libro de una sentada —esto no es competencia—, realmente no recuerdo hace cuánto no me devoraba un libro como lo hice con este. Y es que me enganchó, me atrapó, se metió dentro de lo más profundo de mi ser, pareciera como si conociera mi historia y la contara sin faltarle una coma.

Dolor, sufrimiento, pérdida, añoranza, sangre, caricias, odio, amor, risas, lágrimas, temor, esperanza. Amar, amar, amar. Odiar, odiar, odiar. Sonreír por obligación. Maquillar por necesidad. Perdonar una y otra vez.

Les digo, no le faltó una coma.

La violencia se construye siguiendo un patrón circular, en donde el perdón juega una parte sumamente importante; la acción de perdonar a tu agresor, lleva una serie de comportamientos, emociones y actitudes que ayudan a reiniciar el círculo de violencia; autoculparse —la volteada de tortilla— ayuda como reforzador positivo. Elegir perdonar —sobre todo si tu agresor también es tu pareja— es un acto voluntario, se te olvida de pronto cualquier acción o sentimiento negativo que ocurrió en el pasado y, como bien dijo Colleen Hoover, creemos en estos casos que, “todos somos personas buenas que a veces hacemos cosas malas”.

Esto también lo creí yo, porque cómo podía una persona ser tan ambivalente. Quererte de manera excesiva en ocasiones y otras odiarte a tal grado de que llega a agredirte —tanto psicológicamente, como físicamente—. Realmente no le quiero argumentar nada a la autora pero, en mi caso en particular, no creo que esta persona tenga un gramo de buena.

Y es que todo pasa en un abrir y cerrar de ojos; de pronto esas amistades que juraron estar conmigo en las buenas y en las malas desaparecen, esas ganas de salir o de convivir se pierden de la noche a la mañana —esto también lo hacía para evitar cualquier tipo de pelea que pudiera causar—.

Pero así como de pronto todo lo negativo absorbió mi vida, también de la noche a la mañana agarré fuerzas —no sé ni de dónde las saqué— y me salí de ese círculo tóxico y violento. Vivo y cuento esta historia, mi historia, como Lily —la protagonista del libro— de alguna manera dividida, a ratos esa niñita de dieciséis y otros tantos una mujer madura qur puede ver todo desde el punto de vista de un narrador.

Esta historia contada en 615 carácteres, muy probablemente sea distinta a la tuya, pero si al leerme te das cuenta que tampoco me faltó una coma, me gustaría que supieras que no te lo inventaste y tampoco es o fue tu culpa.

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