Opinión Desde mis ojos | reina Isabel II | Gran Bretaña

La tóxica relación entre la monarquía y el mundo

La reina nunca reconoció los crímenes que Gran Bretaña y su familia perpetraron en todo el mundo.

Isabel II, enterrada este lunes 19 de septiembre, fue una figura trascendental que reinó más tiempo que ningún otro monarca británico. Para muchos una figura de estabilidad, para algunos una figura feminista, por las circunstancias que tuvo que sobrellevar, pero para muchos otros una figura de racismo, destrucción, e inequidad.

Hagamos aquí una pausa, para dar contexto cultural. La reina, desde su ascenso al trono en 1952 hasta su fallecimiento este 2022, fue testigo privilegiado y también protagonista de la transformación del mundo. Durante su reinado de 70 años, nunca reconoció los crímenes que Gran Bretaña y su familia perpetraron en todo el mundo y, de hecho, fue una orgullosa abanderada de las atrocidades.

Sobre todo en los países africanos. Y es que, a unos meses de la llegada de Isabel II al trono, comenzó la rebelión denominada Mau Mau y, a lo largo de esta rebelión, que fue oprimida por los colonos británicos, murieron alrededor de 300 mil kenianos. Trágicos episodios, represiones y expoliaciones marcaron la historia del continente africano, mismas razones por las cuales en África es probable que no se llore la muerte de la monarca.

Está también el misterioso accidente de Diana, después de su separación con el príncipe Carlos, en un espacio donde se prohibía el divorcio; la vinculación del príncipe Andrés con el caso Epstein y el reciente racismo que hubo hacia Meghan.

Sin duda muchos sentimientos encontrados, pero sobre todo tengo un sentimiento de solidaridad hacia aquellas personas a las que les han arrebatado todo en el nombre de la monarquía. Y es que la monarquía tenía o tiene, un poder sobre esas naciones destruidas —desde sus ancestros, su cultura, su tierra profanada y destruida—, jugando el juego dominance and submission, dominante y sumiso.

Una dominancia, poder y sumisión que dicta cómo tendría que ser la sociedad, tan homogénea, tan aburrida —y que suena mucho al machismo mexicano, por cierto—, cuando el mundo es intercultural, diverso. Pensemos entonces en la muerte de Isabel II, no solo como persona sino como la monarquía británica, como institución—que, en mi opinión, se trata de una sociedad que se aprovecha de las minorías— y sistema de opresión.

Y es que la muerte de la reina Isabel II trae consigo muchos sentimientos, muchos de tristeza y desconsuelo; pero muchos otros de alivio y libertad.

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