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Migración México-Estados Unidos: un enfoque desde el racismo

Los fundamentos antimigratorios no son datos duros que comprueban que la migración es mala para Estados Unidos, sino que reflejan un problema mayor: el racismo.

Es común referirse a Estados Unidos como un país de inmigrantes, porque la migración de europeos blancos ha dado lugar, en su mayor parte, a una bienvenida tranquila y cálida. Sin embargo, esa no es la realidad para los migrantes provenientes de México y Centroamérica. Enfrentan un camino bastante más difícil de aceptación y muchas veces son tratados como ciudadanos de segunda clase o explotados por ser mano de obra barata.

A pesar de los vastos argumentos que existen sobre el beneficio de los migrantes mexicanos para la economía y sociedad estadounidense, las políticas migratorias no han reflejado una apertura. Por eso, debemos comprender que los fundamentos antimigratorios, en su mayoría, no son datos duros que comprueban que la migración es mala para Estados Unidos, sino que se trata de argumentos que reflejan la forma contemporánea más visible de un problema mayor que está en el corazón del país: el racismo.

Los candidatos presidenciales republicanos han ganado la mayor cantidad de votos blancos en todas las elecciones presidenciales desde 1968. Hoy, el Partido Republicano obtiene cerca del 90% de su apoyo de los votantes blancos y el 98% de los funcionarios electos de tal partido son blancos. Esto ocurre en un país donde los blancos son alrededor del 62% de la población. Los datos reflejan que el partido del elefante apela a cierto sector de la población que, en algunas ocasiones, es susceptible a votar por discursos que protegen su posición dominante en la sociedad estadounidense.

La historia de Estados Unidos ha estado repleta de políticas antimigratorias, muchas de ellas recargadas sobre una base totalmente racista. Desde la primera ley de inmigración de 1790 se crea un proceso para otorgar la ciudadanía naturalizada a los inmigrantes que habían vivido en el país durante al menos dos años. Sin embargo, decía solo para “personas blancas libres”. Después, en 1882, por el temor de que los chinos se hagan cargo de los trabajos crean la primera de tres Leyes de Exclusión de Chinos. Poco tiempo después de la Gran Depresión (1929) Herbert Hoover encabezó una amplia campaña con el lema “trabajos estadounidenses para estadounidenses de verdad”. Los gobiernos estatales y locales comenzaron con la "repatriación de mexicanos" y se estima que 1 millón de personas de ascendencia mexicana fueron deportadas a la fuerza, de las cuales 60% eran ciudadanos estadounidenses de ascendencia mexicana que nunca antes habían pisado México.

En 1954 se crea la operación racista por excelencia, conocida como Operación Espalda Mojada (Operation Wetback en inglés), en donde se deporta a miles de trabajadores mexicanos, haciendo alusión al cruce de los migrantes por el Río Bravo. Esta operación representa el lado opuesto del Programa Bracero, creado en la Segunda Guerra Mundial para apoyar con mano de obra mexicana a Estados Unidos mientras sus soldados peleaban en Europa y Asia.

La creación del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE por sus siglas en inglés) en 2003 es un parteaguas para las políticas migratorias estadounidenses. Se crea una visión de la criminalización de inmigrantes indocumentados debido a que se vuelve un asunto del Departamento de Seguridad Nacional, en lugar del Departamento de Trabajo donde los migrantes eran vistos como contribuyentes positivos de la nación y de la economía.

A partir de ahí, otras políticas xenófobas se han creado en el país. Resalta la Ley de Arizona SB1070, conocida como Ley de Odio que criminaliza a los inmigrantes que no poseen documentos y considera presuntos culpables de crímenes a todos los que por su apariencia puedan parecer inmigrantes, sin importar que sean ciudadanos norteamericanos o inmigrantes legales o ilegales.

La llegada de Trump es el auge del racismo en las políticas migratorias. Una de sus primeras acciones presidenciales fue la firma de la Executive Order Protecting The Nation From Foreign Terrorist Entry Into The United States, 27 de enero de 2017. La cuál tiene como propósito proteger a sus nacionales de ataques terroristas vetando a ciudadanos de siete países musulmanes: Siria, Irak, Irán, Libia, Somalia, Sudán y Yemen. “We don’t want them here. We want to assure that we’re not admitting into our country the very threats our soldiers are fighting overseas”, escribió el ex presidente en Twitter.

En los últimos diez años, estamos ante un resurgir de los partidos políticos que predican una filosofía política de siglos anteriores, basada en la pureza de la sangre y culturalmente inmune a las influencias de los foráneos. Los discursos políticos xenófobos en sí, no sorprenden a nadie si no fuera porque están surgiendo en sociedades tradicionalmente democráticas y que, además, se arropan de la democracia y de sus instituciones para lanzar sus mensajes de odio y de confrontación social. En Estados Unidos, estos mensajes son absorbidos por el partido Republicano que sabe manejar las situaciones para ganar la simpatía de los insatisfechos, alzando la bandera de la protección del país de las invasiones extranjeras, mayoritariamente latinas. “Traen drogas, traen crimen, son violadores”, decía Trump en su campaña de 2015.

En un estudio del Pew Hispanic Center de 2018, se documenta que cuatro de cada diez latinos dicen que han experimentado discriminación en el último año. Una cuarta parte de los latinos (24%) dice que alguien los ha discriminado o tratado injustamente debido a sus antecedentes, mientras que el 22% dice que alguien los ha criticado por hablar español en público. Alrededor del 20% dice que les han dicho que regresen a su país de origen, y el 16% dicen que les han llamado con nombres ofensivos.

En conclusión, las políticas antimigrantes estadounidenses se basan mayormente en un discurso xenófobo que apela a los votantes y que ha tenido mucho éxito en los últimos años para ganar elecciones, no sólo en Estados Unidos. Por lo tanto, difícilmente el “problema” de la migración será resuelto con argumentos técnicos. Para atacar la crisis en la frontera norte se necesita una visión mucho más compleja de la sociedad estadounidense y combatir una cuestión íntimamente arraigada a un amplio sector de la población.

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