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Autoridades españolas buscan justicia por ataques realizados en contra de familias gitanas

Decenas de personas se vieron obligadas a abandonar sus hogares en un pequeño pueblo andaluz cuando un asesinato desencadenó una ola de violencia racista.

¿Qué sucedió?

Durante la madrugada del domingo 17 de julio, Álvaro Soto, un portero de un bar de 29 años, perdió la vida después de ser apuñalado por un grupo de cuatro jóvenes de etnia gitana. Después de que estos agresores fueran detenidos, otro grupo de delincuentes causaron daños en las casas de estos; los daños fueron tales que un grupo de bomberos tuvo que intervenir y ayudar a apagar un incendio que se provocó en una de las viviendas.

Pagan justos por pecadores

Como consecuencia de estos incidentes, siete familias gitanas se vieron en la necesidad de abandonar Peal de Becerro, su pueblo andaluz, por miedo a la violencia que han experimentado en contra de su comunidad. A pesar que la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía está tomando medidas en el asunto, ya pasaron 10 días desde que sucedieron estos delitos y se reporta que seis de esas siete familias no piensan regresar a sus hogares ya que se sienten desprotegidas. Cabe destacar que, en espera de un juicio, dos de los cuatro hombres que fueron detenidos terminaron siendo liberados, mientras que los otros dos siguen bajo custodia.

“Lo dejamos todo abandonado para salir de allí por temor a la reacción del pueblo y a nuestras propias vidas, pero queremos tener un hogar donde meternos”, comentó José Luis Amador, uno de los siete cabezas de las familia de la comunidad gitana que se vieron forzadas a abandonar el pueblo.

¿Cuántos más, España?

A pesar que las autoridades españolas han buscado combatir la estigmatización que se tiene en contra de los gitanos —de hecho el pasado 26 de mayo se aprobó en el pleno del Congreso de los Diputados una enmienda para cambiar el código penal y clasificar al anti-gitanismo como un crimen de odio— ellos aún siguen experimentando violencias de todo tipo.

Tal y como lo comentó la subdelegada del Gobierno en Jaén, Catalina Madueño: “Los problemas no se resuelven con violencia, sino con el trabajo callado y discreto de todos. Cada uno, en el ámbito de nuestras responsabilidades, tenemos que seguir con nuestras acciones para reconstruir una paz social que nunca debió perderse en este municipio”.

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