Opinión gobierno | cambio climático | combustibles

Nuestra casa se derrite

Más que culparnos el uno al otro, unámonos para exigir a nuestro gobierno que piense en el futuro que estará dejando para las próximas generaciones.

En México, días antes de que el invierno llegara a su fin, el incremento de la temperatura comenzó a sentirse con mayor intensidad.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) reportó que el 2021 fue uno de los siete años más cálidos jamás registrados. Y en nuestro país, en este primer trimestre del 2022, hemos ya alcanzado temperaturas mayores a los 40 grados, algo no antes visto.

México ha comenzado a sufrir ya las consecuencias de este incremento en la temperatura, el año pasado hubo una sequía histórica que vació las presas de la mayoría de los estados y, este año, debido a la ausencia de lluvias, Nuevo León se ha quedado sin agua. De acuerdo con el Instituto de Recursos Mundiales (WRI), son 15 estados los que padecen un estrés hídrico extremadamente alto, lo que traerá consecuencias principalmente a las personas más vulnerables y en situación de pobreza.

Si bien, nosotros como individuos podemos contribuir en campañas y movilizaciones que reduzcan nuestro impacto ambiental, son los gobiernos los que tienen la obligación de evitar que el planeta se caliente a un nivel irreversible. El sexto informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), reportó que el 10 por ciento de los hogares más ricos de todo el mundo es responsable de entre una tercera parte de este cambio climático, y de la mitad de las emisiones de gas de efecto invernadero.

Más allá de hacer una “carta de buenos deseos” y plasmar lo que considero necesario que los gobiernos deberían empezar a hacer en los países que más contaminan, es importante entender el contexto en el que nos encontramos. El aumento de la inflación a nivel mundial en los precios de alimentos, fertilizantes y combustibles, tiene el potencial de ralentizar la transición energética que tanto anhelamos.

El presidente Biden, que tiene una agenda muy ambiciosa en materia de cambio climático, liberó recientemente una parte de sus reservas de petróleo y aumentó la producción de otros combustibles fósiles para contener el aumento de los precios de la gasolina en EEUU. Con esta decisión, el avance en la generación de energía renovable sufre un revés. En Europa pasa algo similar, a pesar de los esfuerzos de varios países por lograr la transición, aún se mantiene una gran dependencia sobre los combustibles fósiles.

Sin embargo, en el caso de nuestro país, tenemos a un gobierno al que no le interesa en absoluto lograr una transición energética eficiente. Nuestro gobierno pretende hacer una transición que involucre al litio y que se conserve el uso de combustibles fósiles para las dos generadoras de energía en hidrocarburos y electricidad, Pemex y la CFE. Esto, pone a México en una posición que nos aleja del esfuerzo por detener el calentamiento global.

Más que culparnos el uno al otro, por no hacer lo suficiente para reducir nuestra huella de carbono de manera individual, unámonos para exigir a nuestro gobierno que piense en el futuro que estará dejando para las próximas generaciones. Tomemos como ejemplo el caso de la Reforma Eléctrica, que, al estar bajo escrutinio público, se pudo anteponer con los legisladores las preocupaciones de la gente. Es hora de usar nuestra voz y no permitir que dejen que nuestra casa se derrita.

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