Qué fachitas las de Chile


elecciones chile Sebastián Piñera

Allí hermano, aquí sobre la tierra, el alma se nos llena de banderas que avanzan. Contra el miedo avanzan. Venceremos. 

Víctor Jara, compositor chileno asesinado por la dictadura de Pinochet.

 

No es sorpresa que Chile ha vivido en los últimos años una profunda transformación social y política. Aquellas intensas protestas estudiantiles que empezaron por el aumento al precio del metro de Santiago terminaron con una nueva Constitución para el país, de corte social y diseñada por personalidades de la sociedad civil, no por políticos. En medio de todos estos cambios, ayer Chile celebró la primera vuelta de sus elecciones presidenciales y el resultado dejó a más de uno con la ceja levantada. Para que no te pierdas y entiendas a la perfección lo que sucede en el país sudamericano, aquí te dejamos una guía súper ágil y sencilla. 

 

Empecemos entendiendo al país

En 1990, mediante la celebración de un plebiscito, la sociedad chilena dejó atrás la dictadura de Augusto Pinochet, la cual dejó más de 3,000 personas muertas o desaparecidas, según el Informe Rettig que presentó la Comisión de la Verdad, creada poco después de la dictadura para conocer qué fue lo que ocurrió en esos años. Después de la restauración de la democracia, Chile comenzó un proceso de institucionalización y crecimiento gracias a la liberalización de su economía, que sin duda le ha dejado enormes beneficios a Chile y lo ha convertido en uno de los países latinoamericanos más prósperos de los últimos años. Sin embargo, este modelo neoliberal también generó grandes desigualdades socioeconómicas entre la población. 

 

Empezaron los problemas

El sistema que ha existido en Chile ha descuidado algunas causas sociales que, a lo largo de estos años, han encontrado las calles como su lugar fav para desahogarse. Un ejemplo de ello fueron las protestas estudiantiles de 2011, cuando un grupo de estudiantes universitarios tomó las calles de Santiago para protestar contra el modelo educativo chileno, accesible para unos cuantos namás. Otro ejemplo es el surgimiento de la colectiva Las Tesis, cuyo canto Un violador en tu camino se convirtió en todo un himno feminista en toda América Latina y muchas partes del mundo. 

 

Con todo eso cocinándose…

El aumento de 30 pesos chilenos al precio del boleto del Metro de Santiago, propuesto por el presidente Sebastián Piñera en 2019, causó el estallido de una serie de protestas sociales. Para muchos, estas manifestaciones se convirtieron en el movimiento político más importante del Chile moderno y ocasionaron que los medios de comunicación de todo el mundo pusieran el ojo en el país sudamericano. Las protestas primero fueron reprimidas con violencia por el gobierno de Piñera, lo que causó muchísimas críticas alrededor del mundo. Así que, como la cosa estaba calientita, al poder político no le quedó de otra más que sentarse a negociar el llamado acuerdo del 15N. 

 

¿De qué iba ese pacto?

Fue el mejor plan que encontró Sebastián Piñera para sacudirse todas las críticas al interior y exterior del país, sobre todo por las violaciones a derechos humanos y la falta de justicia social de su gobierno. El acuerdo estipulaba que se llevaría a cabo un referéndum nacional para preguntarle al pueblo chileno si quería que se redactara una nueva Constitución y con ello se desechara la creada en 1980 por la dictadura de Pinochet. En la votación arrasó el “Sí” a la nueva Carta Magna, además de que la población votó para que la redactara una comisión integrada esencialmente por personalidades de la sociedad civil, no por el establishment chileno. 

 

Pero mientras esa Comisión sigue trabajando…

El país no paró y sus procesos electorales tampoco. Por eso, ayer 21 de noviembre de 2021, los chilenos salieron a las urnas en la primera vuelta electoral para escoger al sucesor del polémico Sebastián Piñera. ¿Los resultados? A grandes rasgos se pueden decir dos cosas importantes de las elecciones del domingo: 

 

  1. Por primera vez desde la restauración de la democracia, los candidatos de la alianza de centro-derecha y de la alianza de centro-izquierda no pasaron a la segunda vuelta. 
  2. Los grandes ganadores son dos outsiders que están en los extremos más extremosos del espectro político. 

 

A caray, ¿y cómo está esto último?

Resulta que los grandes ganadores de la elección fueron el ultraderechista José Antonio Kast, quien se llevó el 28% de los votos, con casi el 100% de las mesas ya escrutadas. En segundo lugar quedó el millenial Gabriel Boric, de ideas de izquierda y quien se quedó con 25.5% de los votos. El tercer lugar se lo llevó Franco Parisi, un peculiar político que llamó la atención porque no puso un pie en Chile durante toda la campaña electoral ya que ha estado en Estados Unidos porque tiene una orden de arresto en su país por supuestamente negarse a pagar la pensión alimenticia de sus hijos. Él sacó el 12.88% de los votos. 

 

Abajito del fugitivo…

Quedaron los candidatos de los históricos partidos que han gobernado Chile en su extraño bipartidismo muy a lo gringo. Por un lado está Sebastián Sicher, el candidato de Chile Vamos, la coalición de centro-derecha de la que salió el actual presidente, Sebastián Piñera. Por debajo de él, con el 11.64% de los votos se ubicó Yasna Provoste, la candidata de la coalición de centro-izquierda conocida anteriormente como la Concertación. Entre estos dos personajes que, en épocas anteriores hubieran competido en la segunda vuelta, no consiguieron ni el 25% de los votos. 

 

¿Quiénes son los ganadores?

Mamma mia, ahí nos metemos en un problemón. Y es que ni Gabriel Boric ni José Antonio Kast digamos que son lo más moderado del mundo. Empecemos con Kast, el más polémico de todos y a quien la prensa internacional lo compara con Donald Trump, Jair Bolsonaro o sacado directamente de las filas del partido Vox en España. 

 

¿A poco sí es taaan ultra-mega-facho?

Mmm la verdad es que sí. José Antonio Kast es un exdiputado que ya ha intentado competir por la Presidencia chilena en el pasado, sin mayores éxitos porque hasta hace unos pocos meses, la población no estaba muy cómoda con sus posturas de extrema derecha y sus vínculos con el fascismo. Para ponertela fácil, su papá combatió en el Ejército de la Alemania Nazi antes de migrar a Chile, mientras que su hermano fue ministro de Augusto Pinochet. De hecho, el propio José Antonio Kast es un orgulloso defensor de la dictadura de Pinochet, a la que él llama como “gobierno militar”. 

 

Y lo preocupante no es su familia…

Sino sus propias posturas políticas. La plataforma política de Kast incluye una tolerancia mínima a la inmigración, sobre todo de venezolanos. De hecho, el candidato ha dicho que de llegar al gobierno expulsará a los embajadores de Cuba y Venezuela. Además, prometió eliminar todas las leyes que permiten el aborto en Chile y le ha puesto su sello homofóbico a la hora de decirse en contra de los matromonio igualitarios. Pero su bandera de lucha es la mano dura, ya que Kast le ha pedido a los ciudadanos que se “atrevan” a votar por él para darle estabilidad a Chile, después de dos años moviditos con tantas protestas sociales. 

 

En la otra esquina…

Está Gabriel Boric, un exdirigente universitario de 35 años que cobró fama nacional durante las protestas estudiantiles de 2011. Su rol protagónico en esas movilizaciones lo llevaron a convertirse en el presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, la universidad pública más grande e importante del país. Boric está cobijado por el Frente Amplio, un grupo político que ya ha logrado conseguir varias diputaciones en el pasado y que con sus ideas de izquierda, busca ser una alternativa sería frente al bipartidismo chileno y la izquierda tradicional. 

 

¿Sus red flags?  

Pese a que su postura política podría asemejarse más a la de la socialdemocracia europea, Boric se alió con el Partido Comunista de Chile, así que muchos temen que el fantasma del comunismo pudiera entrar al país de la mano de Boric. Por eso, muchos expertos señalan que la segunda vuelta electoral será más bien un plebiscito para ver si los chilenos apoyan más el anticomunismo o el antipinochetismo.  

 

Si todo este relajo no fuera suficiente…

El contexto que está envolviendo a esta elección no es el más emocionalmente sano que digamos. Por un lado, la pandemia ya ha dejado más de 38,000 muertos en el país y ha provocado la peor crisis económica y laboral en 20 años, con un gasto público por los cielos que parece difícil de mantener y la inflación, ese problema olvidado por los chilenos, subiendo como la espuma. Además, el gobierno ha tenido que declarar el estado de emergencia en el sur del país por los constantes ataques de bandas armadas. 

 

¿Otra raya al tigre?

Hace apenas unas semanas, la Cámara de Diputadas y Diputados aprobó iniciar el proceso de juicio político para destituir al presidente Sebastián Piñera, quien salió embarrado en los Pandora Papers luego de que se conociera un esquema bastante chueco en la venta, en las Islas Vírgenes Británicas, de un proyecto minero de su familia. Aunque los diputados dieron el sí, cuando el caso llegó al Senado, apenas el martes pasado, los senadores votaron en contra del impeachment.  

 

Sea quien sea el que llegue a la Presidencia…

Tendrá muchísimos retos por delante a partir de marzo de 2022, cuando tome posesión del cargo. ¿El primero de ellos? Las reglas estipulan que al menos 60 días después de que la Asamblea Constituyente presente el texto final, las y los chilenos saldrán a votar un plebiscito nacional, conocido como plebiscito de salida, para aceptar o rechazar la nueva Constitución, que por el momento se sigue redactando. Este ejercicio democrático es obligatorio para todos los ciudadanos chilenos y tendrá que ser aprobado por más del 50% de los votantes. En caso de que la población lo rechace, Chile seguirá funcionando bajo la Constitución de 1980 redactada por la dictadura de Pinochet. Pero bueno, habrá que esperar al próximo 

 

Vía: El País, The Clinic, El Hilo Podcast, Financial Times, CIPER Chile, Tercera Dosis, Time, The Guardian, CNN en Español, The New York Times, La U, France 24, The Washington PostThe Wall Street Journal y Foreign Affairs Latinoamérica.

 




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