Kabul 2021, ¿el nuevo Saigón 1975?


Lo que parecía inminente se consumó el domingo por la mañana. Tras un par de semanas de una intensa ofensiva militar en la que fueron conquistando cada vez más territorios de Afganistán, los talibanes lograron entrar a Kabul, mandaron al exilio al gobierno y se hicieron del control de todito el país. La retirada de las tropas estadounidenses y de la OTAN le permitió al grupo fundamentalista servirse con la cuchara grande y ahora nadie sabe qué pasará con la población civil. Lo único cierto es que esto representa una de las peores derrotas militares para Estados Unidos que, tras más de 20 años en la guerra más larga de su historia, tuvieron que salir corriendo del país. Por eso, para muchos, la situación actual en Afganistán solo se compara con lo visto en Vietnam en 1975. Como la cosa no está fácil de entender, nos pusimos súper Montessori y te armamos está guía para que no te quedes sin entender este histórico momento. 

 

¿Por dónde se empieza?

Pues usualmente por el principio. Pero eso nos obligaría a contarte cuando Alejandro Magno conquistó Afganistán en el 329 a.C., o cuando los mongoles de Gengis Khan se hicieron del poder de aquel territorio. Pero como la idea de esta guía no es prepararte para que pases el Ceneval, arrancaremos en 1979, cuando las tropas de la Unión Soviética invadieron Afganistán. En aquel entonces, la República Democrática de Afganistán tenía un gobierno socialista apoyado por Moscú, pero #GuerraFría. Así que los muyahidines, un grupo de guerrilleros yihadistas afganos apoyados, financiados, entrenados y armados por Estados Unidos, iniciaron un conflicto armado contra el gobierno afgano. 

 

El barrio me respalda

Como en la Guerra Fría no se podía dejar perder ni un centímetro de poder, las tropas soviéticas invadieron Afganistán en 1979 con la idea de apoyar al gobierno y luchar contra los muyahidines. ¿Un chismecito? En 2019 se filtró un cable diplomático de aquella época que deja ver que, en realidad, la decisión del Kremlin tuvo que ver con que creían que el gobierno afgano les podía dar la espalda y chapulinear pasándose al bando occidental. 

 

Pero más allá de eso…

Con la entrada de las tropas soviéticas al territorio afgano inició la Guerra de Afganistán de 1978-1992, uno de los eventos más relevantes de toda la Guerra Fría. Con lo que no contaban los soviéticos es que los muyahidines iban a ser un hueso duro de roer que no solo les dio batalla, sino que acabó por echarlos del país en 1989, cuando al Ejército Rojo no le quedó de otra más que retirarse, en lo que muchos analistas llamaron “el Vietnam de la URSS”.

 

Ya con los muyahidines en el poder…

No creas que las cosas se calmaron porque inició una sangrienta guerra civil entre distintos grupos que se disputaban el poder político de Afganistán. ¿Uno de ellos? Los famosos talibanes, cuyo nombre quiere decir “estudiantes” en lengua pastún. El Talibán es un grupo político-paramilitar fundamentalista islámico sunní que se creó a inicios de la década de los noventas en los seminarios religiosos fundamentalistas ubicados en la frontera entre Afganistán y Pakistán. 

 

¿Y qué crees?

Pues sí, los talibanes lograron imponerse y entraron en la capital Kabul en 1996, inaugurando así un régimen de terror por todo el país. Por si no nos crees, imagínate que los talibanes empezaron a imponer castigos físicos que iban desde la pena de muerte cometida en las plazas públicas para que todos los demás vieran los castigos hasta los latigazos o amputaciones de miembros. Además, le quitaron todos los derechos a las mujeres y las obligaron a cubrirse todo el cuerpo con burka, mientras que a las niñas mayores de 10 años les prohibieron ir a la escuela. Por si todo esto fuera poco, erradicaron cualquier expresión cultural y destruyeron todos los vestigios arqueológicos que no fueran islámicos como los famosísimos Budas de Bamiyán, que fueron erradicados en marzo de 2001. ¿Y todo por qué? Por su muy particular interpretación de la Sharia, la ley islámica. 

 

Mientras todo eso pasaba en Afganistán…

Del otro lado del planeta, una mañana neoyorquina anunció un antes y un después en la forma de entender nuestro mundo. Los atentados a las Torres Gemelas y al Pentágono de Washington el 11 de septiembre de 2001 cambió por completo el sistema internacional. Como respuesta a ese golpazo, el presidente George W. Bush le declaró la guerra al terrorismo y a todos los patrocinadores de los terroristas. 

 

¿Y cuál es la vela de los talibanes en este entierro?

Pues resulta que Washington acusó al régimen talibán en Afganistán de dar protección a los líderes de Al-Qaeda, incluido a Osama bin Laden, la mente maestra detrás del 9/11. Como no se iba a quedar cruzado de brazos, Washington lanzó la Operación Libertad Duradera en octubre de 2001 contra las fuerzas talibanas, a la que se sumó la Alianza del Norte, un grupo de milicias que también les caían en el hígado los talibanes. 

 

¿Qué pasó desde entonces?

Digamos que, en esa ocasión, las tropas estadounidenses lograron embolsarse una victoria a medias. A medias porque no acabaron con los talibanes, que simplemente se replegaron a las zonas montañosas cerca de la frontera con Pakistán, a las que era súper difícil que la coalición internacional pudiera llegar. Y no creas que se fueron a la montaña a un retiro espiritual porque desde ahí se reorganizaron y comenzaron un avance pian pianito a través de una guerra de guerrillas, con la que iban conquistando cada vez más zonas rurales de Afganistán. Y ya que andaban en esas, comenzaron a utilizar los ataques terroristas como su estrategia favorita para conseguir sus objetivos. 

 

Y así pasaron los años…

Hasta que un buen día, el presidente Barack Obama decidió ponerle un estate quieto a la invasión estadounidense en Afganistán. Después de incrementar las tropas para llegar al máximo histórico de 100,000 elementos estadounidenses en territorio afgano, Obama tomó la decisión en diciembre de 2014 de iniciar el repliegue de elementos con la idea de ponerle fin a la misión en Afganistán. Así que preparó un plan para sacar a un X número de soldados mientras le daba capacitación y entrenamiento a las tropas del Ejército de Afganistán para que ellos se quedaran a cargo de la seguridad del país cuando papi yankee ya no estuviera presente. 

 

¿El que se subió al tren?

Fue el propio Donald Trump que, a pesar de ser archienemigo de Obama, siguió sus pasos y decidió acelerar el retiro de tropas de Afganistán, ya sabes, porque “qué tiene que estar haciendo Estados Unidos en esos shitty hole countries”. Pero Trump fue un poquito más allá y hasta empezó una serie de negociaciones de paz con los talibanes. La idea de Trump era coordinar un retiro pacífico de las tropas estadounidenses a cambio de que el Talibán no escondiera ni patrocinara a grupos terroristas. Las cosas iban tan bien que Donald hasta sugirió invitar a los líderes talibanes a Camp David, la joya de la corona de la Presidencia estadounidense y la residencia de campo presidencial donde se han sellado acuerdos de paz como el del conflicto árabe – israelí. Al final, los talibanes dejaron de cumplir su promesa y las negociaciones se cayeron. 

 

Justo como se cayó la presidencia de Trump…

Pero ni eso evitó que el plan de retirada se cayera también. Ya despachando desde la Oficina Oval, Joe Biden decidió continuar con los planes de sus antecesores de retirar a todas las tropas estadounidenses de Afganistán. El presidente puso como fecha para el retiro total el 11 de septiembre de 2021 y, como el jefe manda, rápidamente empezó la evacuación de soldados estadounidenses a partir del 1 de mayo del 2021. Para que no se sintieran solos en su viaje de regreso a casa, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) también anunció que todas las fuerzas internacionales a su cargo saldrían de Afganistán en el mismo plazo que había dado el presidente estadounidense. 

 

¿Qué pasó entonces?

Conforme iban evacuando a chorros las tropas internacionales, la ofensiva talibán avanzaba a pasos agigantados. Apenas el 1 de mayo de 2021, fecha en la que inició el repliegue de tropas occidentales, el Grupo Talibán tenía control efectivo de no más del 15% del país, mientras que el gobierno afgano tenía las riendas de las 34 capitales provinciales que hay en el país. Pero el avance talibán fue impresionante y apenas un par de meses después, para el 13 de julio, ya tenían control efectivo de más de la mitad del país. Y de ahí se fueron como hilo de media conquistando capitales provinciales a diestra y siniestra. ¿Las últimas en caer? Fueron las ciudades de Herat y Mazar-i-Sharif, un núcleo antitalibán por excelencia. 

 

¿La estocada final?

Llegó durante la mañana del domingo 15 de agosto de 2021, cuando los talibanes lograron entrar a Kabul, la capital de Afganistán. Apenas el viernes previo, el Pentágono había dicho que la capital afgana tardaría todavía unos 90 días más en caer. Pero esos dichos no fueron más que un error de cálculo, pues los talibanes entraron a Kabul sin que nadie les pusiera resistencia. Para “evitar un mayor derramamiento de sangre”, el presidente de Afganistán, Ashraf Ghani, abandonó el país y se refugió junto con su familia en Tayikistán.

 




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