Opinión hijos | sustentabilidad | huella ecológica

Los hijos no son sustentables

El consumo consciente ya no depende de si tenemos hijos o no, sino de lo que consumimos y cómo lo hacemos.

Definitivamente tener hijos no es sustentable, los pañales, los botes de leche, las toallitas húmedas... Uff, situación complicada, especialmente cuando la base de la sustentabilidad depende de un consumo consciente, de esa forma podemos decidir conscientemente cuánta agua usamos, llevar nuestra bolsa reutilizable y viajar en bicicleta. Considerando que el simple hecho de respirar genera huella de carbono, es muy claro que debemos limitar nuestra manera de vivir como si los recursos fueran infinitos.

Sin embargo, la realidad es que es lindo tener compañía, llegar a casa y recibir brincos de emoción y alegría. Por ejemplo, ¿qué tal un lindo perrito para salir a caminar, que nos acompañe a la plaza comercial, y lo llevemos al parque para perros a convivir con otros perritos? ¿O qué tal un gato que nos espere en casa y nos acompañe para ver televisión?; podría parecer que un perrito o un gato son más sustentables que un hijo, tan solo por comprar bolsas biodegradables para sus desechos. A diferencia de un hijo, no es necesario cambiar radicalmente nuestra forma de vida, podemos salir a donde queramos y llegar a la hora que se nos antoje sin preocuparnos, bueno, quizá por el sillón o los cojines, pero nada que no se pueda sustituir en alguna tienda virtual. Hablando de tiendas virtuales y la comodidad que nos brindan, es maravilloso poder buscar exactamente lo que necesitas y recibirlo en la puerta de tu casa, ¿Qué más podemos pedir? Que nos ofrezcan lo que ni siquiera sabemos qué queremos… ¡Wow!

Definitivamente, las posibilidades que tenemos en la actualidad son increíbles y facilitan nuestra vida, lo último que necesitamos es tener que preocuparnos por perder tiempo en ir a la tienda, buscar lo que necesitamos y llevarlo hasta nuestro hogar, aun si yo no lo llevo, alguien tiene que hacerlo, además debe tener una envoltura que lo proteja y esa envoltura debe estar dentro de una caja, con esas cintas autoadheribles que indican la marca de la empresa que está generando toda esa huella de carbono por todos nosotros que somos tan sustentables.

Todos esos envoltorios que al final solo estorban y generan basura, el consumo de combustibles fósiles del vehículo en que entregaron el producto, la cadena de producción y logística que fue necesaria para que yo pudiera recibir ese producto. Al mantenerme tan lejano del origen, ni siquiera me involucro con las personas que lo hacen, los recursos necesarios para generarlo, cuánta agua se utilizó para su producción, las manos que lo tocaron, la sustentabilidad de los materiales utilizados. Ya no suena tan sustentable esa vida de consumo cómodo y desmedido, ¿no te parece?

Recuerdan que hablamos del consumo consciente, comienzo a pensar que ya no depende de si tenemos hijos, perros o gatos, porque de hecho, yo sí los tengo, tengo dos adolescentes y una bebé, la que por cierto utiliza pañales ecológicos y tomó leche materna, a la que le ofrecimos frutas y verduras locales y que empezó a identificar en dónde se colocan los residuos desde que empezó a caminar. A lo que quiero llegar con esto, es a que en realidad no importa si tenemos o no tenemos hijos por las consecuencias ambientales que implica, lo que verdaderamente importa es lo que consumimos y la manera en que lo hacemos.

Todos podemos hacer la diferencia decidiendo lo que en verdad queremos consumir, tomando en cuenta las consecuencias de nuestro consumo. Eso lo podemos saber conociendo el origen y proceso por el que pasa cada producto que compramos, al informarnos sobre los recursos naturales, humanos y ecológicos que fueron utilizados para hacerlo, empacarlo y entregarlo.

Ante esto, no hay que estresarnos, la verdad es que no es tan difícil conocer “toodddaa” esa información, solamente observa el medio de dónde adquieres las cosas. Por ejemplo, cuando compras a productores directos las cosas no tienen demasiada producción exterior, es decir, su valor está realmente en “el producto” y no en la envoltura o en la publicidad a su alrededor, normalmente los productos que requieren mucho proceso, tienen muchos empaques y envoltorios, mientras menos envolturas tiene un producto, genera menos huella ecológica y seguramente estás más cerca de los productores directos.

Pensemos en un refresco, aunque el empaque solamente es una botella, para hacer el refresco se tuvo que pasar por un largo proceso de industrialización, fue necesario otro proceso para hacer la botella, la tapa y su etiqueta, posteriormente se distribuyó en vehículos que también contaminan, además de la entrega a domicilio del comercio donde lo compraste, es muy evidente la GRAN huella ecológica que consumir ese producto generó.

Sabemos que el cambio climático está presente y nos afecta directamente, desde los daños en las playas que tanto nos gustan, como en el aumento de los costos de producción que se refleja en los precios finales y un montón de consecuencias “intangibles”. La buena noticia es que tomar las riendas para cambiar las condiciones que hemos provocado con el consumo desmedido, está completamente en nuestras manos a través del CONSUMO RESPONSABLE.

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