Opinión Lentes Púrpura | cárcel | diversidad sexual

El micro-cosmos de diversidad en la cárcel

La cárcel puede ser de los lugares más violentos para cualquier muestra de "feminidad" y es increíble que personas ahí hagan un reclamo público y político.

La primera vez que pisé una cárcel fue en 2017, estábamos haciendo una investigación con La Cana A.C. y el Centro de Investigación para la México A.C. (CIPMEX) de la cual yo formaba parte. El primer centro de reclusión al que fui fue Neza Sur o la llamada Penitenciaria Modelo por ser nueva, un poco mejor organizada, además de estar certificada.

Mi experiencia fue algo que nunca voy a olvidar, después de ese momento he ido a diferentes centros penitenciarios a lo largo de cinco años, en seis estados distintos y a más de 10 penales. Todas las veces que había ido tenía un propósito de investigación, por lo que mi experiencia siempre había sido hacer entrevistas a profundidad y conocer las historias, contextos, heridas e injusticias de las mujeres privadas de su libertad. Todo esto en aras de conocer la violencia estructural, la relación entre la caída en reclusión y el género y también conocer cómo los proyectos como La Cana han cambiado la vida de cientos de mujeres.

El pasado 13 de diciembre fui al penal de Neza Bordo por segunda ocasión, pero esta vez fue diferente. Por primera vez no iba a hacer investigación, fui como parte de un grupo de voluntariado de La Cana a hacer posadas para las mujeres internas. La Cana trabaja en Neza Bordo, así que pudimos ser parte de la audiencia invitada a la pastorela (recreación escénica del nacimiento del Niño Jesús en Belén) organizada por un elenco de hombres y mujeres privadas de su libertad.

Al llegar, nos recibió una banda increíblemente talentosa tocando música de Navidad. Posteriormente, salió una persona que podríamos asumir que su sexo asignado al nacer fue masculino (aunque desconozco su identidad), con unos tacones y maquillaje increíblemente ejecutado, hablando sobre la diversidad. Mi mente en ese momento voló, mi experiencia en cárceles es mayoritariamente con mujeres y ninguna de ellas en esas entrevistas tan profundas que hice me había hablado de diversidad. El hecho de ser una persona con maquillaje y tacones en un centro de reinserción masculino es de lo más disruptivo que he visto.

La obra continuó y yo estaba impresionada, no solamente del discurso increíblemente feminista y diverso que traían detrás, sino de la ejecución, las actuaciones y los vestuarios. Ver a hombres con maquillaje, vestuarios con plumas y coreografías tan increíblemente coordinadas es algo transformador, pero verlo en un centro penitenciario masculino es mágico. La cárcel puede ser de los lugares más violentos para cualquier muestra de “feminidad” y aquí estaban estas increíbles personas haciendo un reclamo público y político, buscando ser vistas y reconocidas.

Mientras veía la obra con ojos llorosos, volteaba a ver a la audiencia que en su mayoría eran familiares de las personas privadas de su libertad y otras personas en reclusión. Vi a un niño vestido de rojo —como la gran mayoría que estaba ahí, el rojo y rosa que son los colores que representan las visitas— lleno de vida, riendo con la obra y acompañando a sus familiares que eran parte del elenco. Pensé en cómo lo que consumimos importa y permea dentro de todas las personas, pero más aún en las infancias y cómo esta representación navideña, feminista y diversa puede cambiar la vida de algunas personas en la audiencia. Y es que, si en el micro-cosmos que es la cárcel puede haber cambios de narrativas y mensajes, en todos lados se puede.

Por otro lado, ví a algunas personas privadas de su libertad – en su mayoría no sentenciadas, lo cual se puede saber por el color de su uniforme azul – mientras veía los gestos de impresión por la representación que estabamos viendo, pensaba en si el hacer esta obra podría representar algún peligro para las, les y los actores.

Al finalizar, pasaron las personas de administración del penal que ayudaron a que la pastorela fuera posible, una de las personas dijo algo que se me quedó grabado: “algunas personas creen que dentro de los espacios de reclusión pasan cosas malas; salgan de aquí y cuéntenles lo que acaban de ver, cuentenles que aquí también hacemos cosas buenas y que lo único que quieren estas personas es ser vistas y reconocidas”.

Después tuvimos la oportunidad de platicar con parte del elenco y fue cuando hice la pregunta que más me tenía consternada: “¿es seguro hacer esto para ustedes?”. La respuesta fue “adentro o afuera, así es esto, nosotros ya nos sabemos defender”. Es aquí cuando me platicó que casi todas las personas que participaban eran parte de un módulo especial para población LGBTIQ+ y personas adultas mayores.

El objetivo principal de este artículo es justamente verles y reconocerles. Y es que, ¿cuánta cantidad de talento tenemos encerrado tras las rejas en México? y ¿cuántas de estas personas están en prisión siendo inocentes o fueron criminalizadas por ser parte de la diversidad sexual? Se sabe que los centros penitenciarios castigan la orientación sexual de los internos, por encima del castigo que representa la misma pérdida de la libertad, transgrediendo gravemente la ley suprema de nuestro país (Iliana, 2019), que se violan sus derechos humanos en prisión y que muchas veces de exclusión por causa de sus preferencias sexuales" (CNDH, 2018); lo que no sabemos es, ¿cuántas personas han sido criminalizadas por ser parte de la diversidad sexual?

Los derechos de las poblaciones en reclusión no deben de ser negociados y tampoco los derechos de la población LGBTIQ+, ahora imaginen ser parte de estos dos grupos a la vez.

Gracias a quienes fueron parte del elenco y darlo todo para estar ahí adentro, gracias por enseñarme a que aunque sea en estos micro-cosmos, la diversidad está ganando terreno y gracias por darme fuerzas para seguir luchando ésta batalla con ustedes. Les vemos, les reconocemos y les nombramos. Seguiremos luchando de la mano con ustedes.

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