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Entrevista a Ana Sofía Gatica

Te traemos una entrevista a Ana Sofía Gatica, actriz de "La Jauría", una obra sobre una violación grupal en San Fermín.

¿En algún momento se han puesto a pensar cuántas veces al día tienen un acercamiento a la violencia de género? Películas que romantizan la violencia psicológica; series que se burlan de la desigualdad; libros que satirizan y se mofan de la violencia sexual. La cultura popular ha permeado lo que vemos, lo que sentimos, lo que queremos y lo que creemos que podemos hacer desde que crecemos. Estamos en un mundo en donde la información está en la punta de nuestras manos y eso hace que sea difícil discernir entre estos mensajes subliminales que nos llegan a cada segundo, en donde aún teniendo los “Lentes Púrpura”, muchas veces no nos damos cuenta que están. Es que, el patriarcado se ha vuelto parte de nuestro día a día y en ocasiones es tan “sutil” que no lo vemos. Es por eso que ver una obra como “La Jauría” es tan poderoso.

Hace poco entrevistamos a Ana Sofía Gatica, actriz de la obra documental “La Jauría”, quien representa a una chica que fue víctima de una violación grupal en San Fermín. La obra y la representación de Ana Sofía es mágica, y aunque habla de un caso en específico, visibiliza una problemática mucho más compleja e internacional. Mientras leíamos sobre el caso antes de entrevistar a Ana nos percatamos de algo que nos llamó la atención y es que, el nombre de la sobreviviente queda escondido. Creemos que es algo que viviendo en un país como México nos atreveríamos a decir que no se hubiera logrado. Pero aún haciendo un análisis de esto, hay muchas cosas que se descubren con este caso, no solo para España, sino para el mundo entero.

Queremos compartir un poco de la entrevista que le hicimos a Ana Sofía.

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E: ¿Quién es Ana Sofía?

Ana S: Tengo 27 años, soy una actriz egresada de Casa Azul. Y soy muchas cosas.

Me gusta mucho bailar, hago muchos deportes y entré al mundo de la actuación relativamente chica, siempre tuve muchísimo interés por el teatro. Estudié actuación enfocada en Artes Escénicas y la vida me llevó a entrar al mundo audiovisual: el cine y las series empezaron a rendir frutos y comencé a tener personajes dentro del área. La obra de “La Jauría” ha sido todo un reto pero es el trabajo y el proyecto más fuerte e importante que he tenido.

E: ¿A qué te refieres con fuerte?

Ana S: Que ha sido muy confrontativo. Hacer el rol de la sobreviviente de una violación colectiva y tener que representarlo todas las semanas ha sido un proceso de mucho dolor, sanación y conversación.

E: Imagino que existe un reto también en marketear la obra, por qué es parte de las problemáticas que solemos tener con este tema. A nosotras nos pasa también con nuestros talleres.

Ana S: Sí, ha sido súper complicado la verdad porque no tenemos una razón por la cual decirle a la gente verdaderamente “ven a ver esto”, sobre todo porque es una obra que se desenvuelve en un país en donde hay tantos femicidios y casos de violencia.

Para mí, el hecho de que la gente decida ir a ver la obra es una apuesta no solo a mi trabajo, sino que es algo muy valiente. Es la primera vez que cuando salgo de dar función hay muchas personas que se quedan a esperarnos y a la hora de abrazarles para mi es un agradecimiento el que dediquen su tiempo para ir a ver esta historia y abrir la conversación a temas que son incómodos, ya que no estamos acostumbrados/as a dialogar en la incomodidad, son temas que decidimos tapar y evadir siempre. Al final, creo que la mejor manera de hacer el ejercicio de marketing es que las personas que la visualizan corran la voz de la misma.

E: ¿Qué significó para ti este papel?

Ana S: Cuando me dijeron que quedaba dentro para mí significó todo, porque creo que de alguna manera el ser actriz tiene que ver con poder abordar temas que me importan desde mi trinchera e intentar difundirlo frente a la gente para detonar algo en ellos. Creo que fue un proceso de asimilar la responsabilidad que se tiene al interpretar este personaje y este caso.

Me di cuenta que no se trataba de mi, de mi interpretación y no tenía que ver con algo de ser buena actriz, sino de contar esta historia una y otra vez en honor y de alguna forma darle voz para que no se replique y dejar de perpetuar este tipo de violencia. Fue y ha sido un proceso de mucho duelo e introspección pero también de mucho poder: evidentemente es un caso atroz pero, también hay un acto de valentía muy fuerte en las acciones de lo que la sobreviviente hizo y al yo contar esta historia.

E: Cierto. También alzar la voz verdaderamente genera cambios que modifican incluso la legislación y el quehacer de un país…

Ana S: Es muy fuerte porque estos cambios que generó en la legislación también lo hace en sociedad. Me parece interesante ver como es que a partir del caso hubo este realzamiento de todo el movimiento feminista ya que para mi también es un triunfo en ese sentido el ver como estas cosas sí hacen cambios. A veces subestimamos esto un poco pero creo que hay que darle el peso y el valor que tienen estas situaciones.

También tuvimos una función con la fiscalía en México y con gente que se dedica a todos los temas de las leyes y seguridad en la Ciudad de México, y era muy revelador ver cómo al tener una espectadora policía, la obra podía resonar en ella de otra forma y desde otro lugar que las hace concientizar que contemplar estas situaciones cada día también es parte de ellas como mujer.

E: ¿Eso es lo importante no? Porque al final muchas veces decimos la estadística normalizada de “once feminicidios al día” pero cuando mencionamos estas palabras no nos damos cuenta de todo lo que hay detrás. Son once madres, once padres, once hermanas, once hermanos. Es todo lo que hay detrás de cada víctima de violencia.

Nosotras hacemos acompañamiento a víctimas principalmente sobrevivientes de violencia sexual y muchas veces si no hay herramientas o estrategias verdaderamente podemos destruir vidas de las víctimas. El mundo entero te dice que “es tu culpa” para no hacer responsable a la sociedad.

Ana S: Sí, creo la obra te lo permite ver en todo el caso y también en el interrogatorio en donde la vuelven a violentar; la mujer que represento, a través de una carta plasma que lo peor no fue lo que vivió con sus violentadores, sino todo el proceso por el que pasó posteriormente.

Creo que todo el tiempo lo que sentimos, pensamos y vivimos nos hacen creer que no es verdad. El primer paso es decir “yo si te creo” aunque la historia suene completamente aberrante o sin sentido, el primer paso es creer. Y esto es algo con lo que yo me quedo muchísimo.

E: En Lentes Púrpura tenemos un taller testimonial que justo habla sobre el “después”, que es lo que suele ser lo más difícil, porque no sabes que hacer, no tienes estrategias, no te creen, te sientes revictimizada constantemente y te haces chiquita al escuchar otras historias o comentarios. Verdaderamente hay una responsabilidad colectiva de cómo reaccionamos ante la violencia. En este caso, de la historia de “La Jauría”, ella tenía esta red de apoyo que le permitió contar su historia y poder contar su situación.

Ana S: Sí, y para mí también algo que es muy revelador y que platicábamos mucho en los ensayos es que para mucha gente ella no tenía la “actitud que una víctima de violencia sexual tenía que tener” porque claro, nos pintan en las ficciones que hay que estar deprimidas, llorando en la regadera diario. Pero si ella decide salir a la playa con sus amigos, salir y vivir, el canalizar su proceso a su manera era cuestionable para los demás como si ella no tuviera poder de decisión. Y eso me impactó muchísimo. No estamos acostumbrados/as a esta fuerza y genera incomodidad, por ello representarlo es tan importante.

E: Justo esto que mencionas sobre las víctimas es a lo que se le llama el arquetipo de las víctimas, el cómo pensamos que las víctimas se tienen que ver o tienen que sentir, y si no están en ese papel ya no se les cree. Y lo he escuchado, una cosa no tiene que ver con la otra. Es una visión muy normativa como si el proceso de sanación de una víctima fuera lineal y en donde parece que si no nos comportamos de cierta manera, nuestra historia cuenta menos. Y no, la sanación no es lineal. En algún momento puedes estar abajo y de repente puedes estar arriba. Eso nos pasa mucho a las sobrevivientes y a las personas que están en contacto de casos todo el tiempo.

También, está esta parte de que las víctimas no sólo son víctimas o sobrevivientes. Para mi, se es víctima para convertirse en sobreviviente, y esto último es aceptar que nuestro dolor siempre va a estar ahí, pero no sólo somos eso, sino que somos personas que disfrutamos la vida también. Ser víctima o sobreviviente es parte de nuestra vida, pero no es todo lo que somos.

Ana S: Claro. Otra cosa a reflexionar es la importancia de abordar estos temas desde un lugar sensible y desde un conocimiento más allá de lo que dicta una ley, yo creo también que la ley misma es completamente patriarcal y eso hace que sea tan insostenible para una mujer vivir un proceso como este que es bastante desgarrador. Una abogada nos decía que en México, una mujer a la hora de hacer una denuncia de abuso sexual tiene que contar la historia a cinco personas diferentes.

E: En esta parte también entra el encontrar soluciones que sean menos patriarcales y más enfocadas en las víctimas y en lo que éstas quieren porque la justicia hoy está más basada en el castigo. Muchas veces las víctimas no denunciamos porque no queremos ver a la persona que nos violentó en la cárcel, sino que pida perdón o que no lo vuelva a hacer.

Ana S: Siento que eso último es muy fuerte porque habla mucho del espectro de privilegios que puede haber, esto que tú me dices es súper elevado derivado de un proceso de sanación, conocimiento y de muchas cosas que te hace a ti conectar con esa sensibilidad. Pero en otro contexto, sobre todo en este país, ¿qué otra vertiente o posibilidad pueden pensar si no es la cárcel?

E: Sí, y hay veces que ni a cárcel llegamos. Poner una denuncia es difícil, parece que fuera una cosa sencilla pero no. En la Ciudad de México es un poco más fácil.

Ana S: Esto también revela la obra, el como en las ciudades es mucho más fácil poder meter una denuncia y el como le ponen atención a ciertos casos, y qué bueno, pero no debe estar todo puesto o centrado en las ciudades.

Y algo que también pienso, en la Ley Olimpia se dice que tiene muchos fallos pero creo que esa primera iniciativa en vez de quitarle el primer peldaño hay que potenciarlo en vez de bajarlo para que se vuelva de alguna forma “mejor” para el cambio.

E: ¿Por qué un caso español y no de México?

Ana S: Porque hay un dramaturgo llamado Jordi Casanovas que decide hacer este documento español una ficción en teatro documental, y nos da la accesibilidad a este tema a partir de una obra de teatro. Si yo quisiera abordar un caso en México tendría que hacer un proceso de dramaturgia que no es nada sencillo. Pero creo que lo que hace la obra es justo dimensionar la violencia que se vive no en un país, sino en el mundo. Y cómo está completamente normalizado un sistema, una forma de operar, dinámicas de grupo de hombres. Se revela una problemática no solo del país sino una problemática mundial que tiene que ver con la educación que se da a los hombres. La obra es un reflejo de lo que como país vivimos, y como sociedad en sí.

Algo que también yo noto es que cuando leo algo que no sucedió tan cercano a mi, el saber que está un poco más lejos por lo menos geográficamente de mi, hacía que pudiera entender otras cosas que cuando lo tengo tan de cerca no lo logro ver.

E: Esto que dices me parece súper interesante porque creo que si nos pasa, igual creo que cada quien decide en qué dolor enfocarse… ¿Qué haces cuando te llega un papel que es una oportunidad fuerte para tu trabajo pero no te representa?

Ana S: Creo que en el mundo de las artes hablar de esto es raro porque también tiene que ver con privilegios. Es súper importante entender que ser escénico, actor o actriz es un proceso muy difícil, de muchos filtros, de muchos “no”, de muchos contactos. Desde mi lugar, empecé en proyectos que me dieron mucha visibilidad y que generaron más oportunidades, como “La obra que sale mal”. Yo he tenido el privilegio de decir “no” a esos personajes que no me representan, pero hay personas que no siempre tienen esa oportunidad.

Ana Sofía es feminista, esa soy yo. Y si tengo personajes de pronto con perspectiva de género está increíble, pero también hay personajes que niego por donde están escritos, como a la mujer que simplemente la ponen como objeto de deseo. Me parece también que es súper importante tener muy claro por qué cada quien estamos haciendo lo que hacemos dentro de nuestra chamba, a mi me gusta direccionar quizás hacia algo más político cuando se puede y cuando no, no. Pero si me he topado con estas situaciones y me gusta saber que no soy un títere de este sistema que es la tele y todas estas plataformas. Para mi es importante decir no, hacer mi personaje con convicción y poner todo mi corazón ahí.

E: ¿Con qué mensaje de la obra quieres que se quede la audiencia?

Ana S: Que lo más importante es que se den la oportunidad de conocer la obra de “La Jauría”, no solamente por la experiencia de ir al teatro y de compartir que un experiencia per ser, sino por el hecho de lo que puede llegar a tocarnos, a hacernos cuestionar y sentir identificados/as, y de alguna manera también confrontados/as. Para mi es increíble ver la posibilidad de reacciones, experiencias y detonadores que ha generado nuestra obra. E igual lo que genera después: poder ir a cenar y poder hablar de esto de una forma menos tabú.

E: Si pudieras decirle algo a las víctimas y sobrevivientes de violencia sexual, ¿qué sería?

Ana S: Que yo si les creo; que admiro mucho su fortaleza, su valentía y su vulnerabilidad también.

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Ana Sofía y el elenco de “La Jauría” dirigido por Angelica Rogel tendrá su última función el día lunes a las 8:00 p. m. en el Teatro Lucerna. Es una obra que no se pueden perder, porque al verla, nos encontramos con todas nosotras, todas quienes han sido violentadas y todas las se han sido víctimas y se han convertido en sobrevivientes y con una reflexión que de otro nivel.

Nosotras les creemos, les abrazamos y estamos con ustedes. Gracias, Ana, por confiar en nosotras y por la valentía de representar este papel tan importante.

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