Opinión Lentes Púrpura | Presidenta | Claudia Sheinbaum

¿México está preparado para una presidenta?

A todas mujeres que han participado en la contienda presidencial les han hecho la misma pregunta, porque en un país machista esto llama más la atención.

Al son del mariachi sonaba la porra: “¡Presidenta, presidenta, presidenta!”, a la salida de Claudia Sheinbaum por las puertas del aeropuerto internacional de Hermosillo, Sonora. “Son los tiempos de los jóvenes, son los tiempos de las mujeres, son los tiempos de una gran transformación de nuestro país, transformación que se debe dar con perspectiva de género”, aseguró el gobernador Alfonso Durazo en su presentación a la funcionaria. Pero, ¿está México realmente preparado para recibir con los brazos abiertos a una mujer en la presidencia?

Las mujeres representan la mayoría poblacional, sin embargo, se les considera como una minoría y continúan siendo un grupo vulnerado. La desigualdad y la violencia en contra de las mujeres y las niñas es un problema sistémico en México que se materializa en la falta de acceso a servicios y recursos básicos, oportunidades, violencia sexual, acoso y, en su máxima expresión, feminicidios. Si bien existe un avance en la representación y presencia política de las mujeres en el país, en otros espacios públicos y privados el progreso sigue siendo insuficiente y eso afecta directamente en el reconocimiento y apoyo que las mujeres militantes reciben.

En México sólo seis mujeres han participado en la contienda presidencial y a todas les han hecho la pregunta: “¿Está listo México para tener una presidenta?”, porque la posible elección de una jefa de Estado es noticia en cualquier parte del mundo pero, en un país conocido por su machismo y catolicismo, una mujer en esta candidatura llama más la atención. La naturaleza histórica y la sensación de cambio que una candidata a la presidencia representa puede atraer a los mexicanos en general y a las mujeres en particular en varios aspectos, no obstante, solemos hacer las preguntas equivocadas cuando hablamos del liderazgo del país.

Las preguntas que se hacen habitualmente cuando las mujeres persiguen la presidencia asumen que las mujeres somos fundamentalmente diferentes a los hombres y, por lo tanto, tendríamos un estilo de gobernar distinto a ellos. A simple vista, parece sencillo desmentir este concepto porque existen numerosos ejemplos de lideresas de Estado a nivel internacional, y cada una de ellas tiene o ha tenido un estilo distinto, no solo de sus colegas hombres, sino también entre ellas. No se nos dice exactamente de qué manera sería distinta una presidenta de un presidente, pero supongo que quienes se preguntan esto esperan que los estereotipos de género se reflejen en el poder político.

Habría que mirar las carreras políticas y las campañas de las mujeres que han llegado a la candidatura presidencial en México para darnos cuenta que no reflejan posturas distintas a las que ya conocemos, al contrario, muchas dejaron claro que continuarían las políticas de sus partidos. Josefina Vázquez Mota, por ejemplo, adoptó un discurso conservador para su campaña presidencial, demostrando claramente que de haber ganado la presidencia en 2012, no hubiera abandonado el estilo del PAN, que entonces era el partido gobernador.

De la misma manera, el ascenso de mujeres al Ejecutivo levanta expectativas acerca de los cambios que sus mandatos podrían tener en relación con temas de género en la sociedad. Sin embargo, no todas las mujeres que buscan la presidencia se asumen como feministas, ni buscan hacer cambios políticos con perspectiva de género o mejorar las condiciones de las mujeres en la sociedad. El contexto de sus partidos y de la política nacional es lo que determina sus prioridades y estrategias, así como la forma en la que se presentan ante la ciudadanía. México ha tenido candidatas de izquierda como Rosario Ibarra y Marcela Lombardo (activistas y pioneras del feminismo mexicano), por un lado, y a candidatas conservadoras como Vázquez Mota y Margarita Zavala, por el otro. Es decir, la condición de género no determina la ideología ni el posicionamiento que una mujer pueda tomar si llega al Ejecutivo.

En el caso de la actual jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, alineará su campaña a los principios y las políticas de su partido. No es sorprendente que continúe apoyando la llamada Cuarta Transformación que este promueve, incluso cuando el partido ha sido duramente criticado a lo largo del sexenio, especialmente por sus ataques al movimiento feminista. Sheinbaum asegura que AMLO “es un hombre profundamente feminista” y que la 4T “incluye a las mujeres”, pero queda claro que la inclusión de mujeres en la política no siempre tiene un efecto positivo para las mujeres en la sociedad civil.

Por lo tanto, creo que las preguntas que nos deberíamos hacer son “¿qué tipo de país quiero?” y “¿qué candidata o candidato refleja mejor mis intereses?”. En lo personal, prefiero un gobierno que tenga perspectiva de género, que cambie y haga cumplir leyes que promuevan la verdadera igualdad, que aborden la violencia de género y que garanticen nuestros derechos. México siempre ha estado listo para una presidenta porque no se trata del género, sino de lo que ofrecen las y los candidatos como futuras o futuros gobernantes del país.

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