Opinión Lentes Púrpura | violencia de género | mujeres

Mujeres víctimas y victimarias

En cada una de nosotras habita una parte del patriarcado, por eso vivimos en un proceso de constante deconstrucción. No es fácil, pero nos corresponde a todas.

¿Pueden ser las mujeres partícipes en el ejercicio y reproducción de la violencia de género? La respuesta es sí. Tanto hombres como mujeres socializan en una estructura patriarcal en donde se desarrollan y se alientan las prácticas machistas que resultan en la violencia de género.

Es importante evitar que esta respuesta ponga en duda la existencia de la violencia de género, porque la realidad es que una de cada tres mujeres alrededor del mundo ha experimentado algún tipo de violencia en su vida, y la mayoría de los perpetradores son hombres. Sin embargo, el patriarcado es un sistema que se sostiene de los comportamientos de hombres y mujeres por igual.

Las conductas arraigadas y naturalizadas de violencia se vuelven socialmente invisibles y aceptadas por todos los grupos sociales, incluso por aquellos sometidos y dominados como el de las mujeres. A esto lo definimos como violencia simbólica, entendida como “una violencia invisible que se instituye a través de la adhesión que el grupo dominado se siente obligado a conceder al dominador”.

La violencia simbólica es reproducida por todos los actores sociales, y las mujeres también pueden asimilar actitudes violentas y replicarlas en su manera de relacionarse con otras mujeres y con ellas mismas. No obstante, la violencia de género que ejercen las mujeres no es equiparable a la que ejercen los hombres. Esta no suele imponerse como condición de superioridad, sino que preserva los estereotipos de género que le otorgan el poder de dominación a los hombres.

Las expresiones de violencia de género que comúnmente ejercen las mujeres son la denigración, humillación, y ridiculización de otras mujeres. Estas incluyen la reproducción de discursos patriarcales que desvalorizan a las mujeres por su aspecto físico, por su vida sexual, por la forma en la que maternan, o porque no quieren maternar, etc., pero rara vez implican las expresiones más graves como la violación o el feminicidio.

Muchas mujeres se han relacionado conforme a las normas patriarcales, por lo tanto, juzgan y violentan para cumplir con las mismas. Las relaciones entre mujeres se complican debido a los mandatos derivados del poder, la jerarquía, la competencia, y la rivalidad. Y es que, desde la infancia, nos han enseñado a tener relaciones conflictivas entre nosotras y con nosotras mismas. Por eso, para transformar la estructura patriarcal es necesario reconocer que podemos ser víctimas, pero también victimarias.

Las mujeres también podemos ser responsables del mantenimiento del sistema patriarcal. Así como no todas las mujeres son feministas, no sólo los hombres son machistas, estas dos son realidades dolorosas pero evidentes. Además de la violencia simbólica que podemos ejercer desde los estereotipos de género, hay mujeres que deciden servir al patriarcado. Empresarias, políticas, militares, policías, todas aquellas que participan de alguna forma en el crimen organizado, aquellas que protegen agresores, etc. Si bien el patriarcado lo construyeron los hombres, este puede ser sostenido por las mujeres.

En cada una de nosotras habita una parte del patriarcado, es por eso que vivimos en un proceso de constante deconstrucción. No es fácil, pero nos corresponde a todas. El que nosotras reconozcamos nuestra participación en el patriarcado no le quita responsabilidad a aquellos quienes más lucran y se benefician con él (los hombres). Sin embargo, al tomar conciencia de las formas de violencia que ejercemos podemos relacionarnos desde el reconocimiento y la sororidad, y dejar de hacerle el trabajo sucio a los machistas.

¡Amigas, dénse cuenta! A través de la sororidad podemos lograr verdaderos cambios sociales y reivindicar nuestro papel en la sociedad. Solo creando redes de apoyo entre mujeres podemos enfrentar los mecanismos de sumisión y violencia de género que nos afectan a todas.

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