Opinión Lentes Púrpura | feminicidio | feminicida

¡Ninguna mujer es maldita!

Ninguna mujer es maldita, sólo existen sanos hijos del patriarcado que creen saberse dueños de la vida de las mujeres.

Con sede en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Saskia Niño de Rivera presentó su libro Maldita entre todas las mujeres, expresando ser una recopilación de testimonios de madres y familiares de víctimas de feminicidio. Sin embargo, se pensó que era buena idea agregar el testimonio de feminicidas; así es, el testimonio de personas que han causado daños irreparables en el mismo espacio que sus víctimas.

La noticia de esta publicación despertó en muchas mujeres, incluyéndome, sentimientos de confusión, enojo, decepción e indignación. En primer lugar, la directora de Reinserta debió contemplar lo cuidadosa y respetuosa que se debe ser al trabajar con familiares de víctimas de feminicidio. Estas personas tienen una historia dolorosa, manchada por la misoginia, normalización de la violencia e instituciones políticas sin interés de escucharlas. A mi parecer, nombrar así un libro que incluye testimonios llenos de dolor por ser víctimas indirectas de feminicidio, es insultante, irrespetuoso, y poco empático con la vida y memoria de las víctimas.

No me opongo a la recopilación de testimonios, al final del día esto es una herramienta histórica para la comprensión de los fenómenos sociales que violentan a las mujeres y una forma de atraer la atención de la sociedad para estar un paso más cerca de obtener justicia. Sin embargo, debemos ser cuidadosas en el uso de historias ajenas porque lo mínimo que les debemos a quienes comparten su voz es respeto, y eso implica hacerlas parte del proceso e informarles que su testimonio compartirá espacio con agresores.

Saskia justifica los testimonios de feminicidas en su libro con la importancia de conocer el contexto y las condiciones que propician que una persona cometa un feminicidio, en sus palabras, desde una visión más analítica. No puedo estar más de acuerdo con ello, es necesario que estudiemos los factores políticos, económicos, ambientales y sociales, que conforman la esfera de pensamiento y comportamiento de un feminicida. Sin embargo, lo que una persona consciente del dolor ajeno debió hacer es un libro especialmente para eso, donde ofrezcas casos, herramientas de análisis, distintas perspectivas de profesionales de la salud mental, sociología, feminismo y demás.

Días después, las distintas opiniones se hicieron presentes; por un lado, el público que aplaude y acepta a ciegas el producto entregado por Saskia, por el otro, madres, familiares y feministas, quienes rechazamos lo sucedido. Rechazamos el centrar la voz de feminicidas en un espacio pensado para víctimas, rechazamos revictimizar y mercantilizar un tema tan doloroso como lo es la violencia hacia la mujer y el feminicidio.

Es así como, Lorena Gutiérrez, madre de Fátima, durante una protesta pacífica en el Cervantino, expresa su dolor ante la omisión social de lo que pasa día a día con las mujeres e infantes: “Me duele […] ser parte de esta sociedad omisa e indolente, que no se solidariza, que no nos abraza, que no nos comparte, que estamos invisibilizadas”.

También expresa la inconformidad sobre el libro de Saskia, manifestando su enojo al título, el espacio invadido autoritariamente con los testimonios de feminicidas y el poco respeto hacia la memoria de su hija al involucrar su historia en un libro así.

Además, comenta que a las madres y familias que le ofrecieron su testimonio no se les dio entrada a la presentación del libro en la Suprema Corte de Justicia. De igual forma, Araceli Osorio, madre de Lesvy, también hizo escuchar la indignación de las madres de víctimas de feminicidio ante la publicación reciente, ya que a quienes ofrecieron su testimonio no se les informó que su historia compartiría espacio con agresores.

Como lo mencionan Lorena y Araceli, este libro sólo es la muestra de que existen quienes lucran con su dolor y las vidas arrebatadas por feminicidas, y que aun así pueden salirse con la suya. También, solo demuestra que existen personas que dicen trabajar por la justicia transicional de la mano de familiares de mujeres víctimas de feminicidio y sobrevivientes, cuando realmente lo único que hacen es usarlas para hacerse de un nombre en el activismo tan enfermo que vivimos hoy.

Me parece grave e insultante robar historias e invadir espacios sin remordimiento alguno, colocarte egoístamente como la autora de un libro que está lastimando nuevamente a mujeres y familias que ya han sufrido suficiente. Por favor, a quienes creen que esto es activismo les pido de la forma más atenta que se informen, que pregunten y que no se dejen llevar por las acciones de una persona que sin quererlo pretende ser una salvadora.

Ninguna mujer es maldita, sólo existen sanos hijos del patriarcado que creen saberse dueños de la vida de las mujeres, así como también existen sanas hijas del patriarcado que piensan que apropiarse de historias ajenas es correcto.

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