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La moderna inquisición: ¡Quemad a las brujas!

Ante un estado que suprime los mecanismos de atención y seguridad a las mujeres, el mensaje es el mismo que hace 500 años: "¡Quemadlas! ¡Quemad a las brujas!".

Las mujeres y el fuego han tenido una estrecha relación con el paso de la historia. A manera de purificación y salvación se ha condenado a cientos de miles de mujeres a la hoguera y no solo de manera literal, sino simbólica.

Pareciera que fue apenas ayer en Europa, durante la época medieval, cuando en el mundo “evangelizado” y “civilizado” se quemaba a las mujeres y se les llamaba brujas por descubrir plantas medicinales o no obedecer a la Iglesia. “¡Quemadlas! ¡Quemad a las brujas!”, gritaba la población. Estaban ahí, ante el escarnio público como amenaza: mira lo que pasa si no obedeces.

Y hoy, 500 años después, la historia no es diferente. Solo en este 2022, 47 mujeres fueron quemadas de manera intencional en México, siendo los últimos tres casos los de Liliana Torres, secuestrada, violada e incendiada por cuatro hombres en Nuevo León; Luz Raquel Padilla, calcinada por la intolerancia de sus vecinos ante la situación con su hijo con autismo; y Margarita Ceceña, quemada presuntamente por familiares.

A nivel internacional el panorama no es diferente. En Australia, en 2020, Hanna Clarke y sus hijos fueron quemados vivos en su auto por su exmarido. En septiembre del mismo año, la bloguera tibetana Lamu fue asesinada por su exesposo al incendiarla con gasolina a cuatro meses de haberse divorciado. En junio de este año, Nyima Dolma de 28 años fue agredida en Toronto por un hombre que roció su cuerpo con combustible y le prendió fuego en una estación de autobús.

Estas agresiones suelen ser tratadas como un crimen de odio, pero en pocas ocasiones se relaciona bajo una perspectiva de género. A pesar de que existen marcos internacionales de los que México forma parte, como la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer y la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Violencia contra la Mujer, sin un proceso adecuado y la falta de personal capacitado en perspectiva de género, el acceso a la justicia y la reparación del daño se vuelven casi inalcanzables.

Aquí es necesario preguntarnos si un gobierno realmente feminista hubiera podido cambiar sus vidas. ¿Si Luz Raquel hubiera tenido acceso a un sistema de cuidados eficiente para su hijo con autismo seguiría con vida? ¿Si Liliana hubiera sido tratada bajo los protocolos de atención a víctimas de violencia de género, habría tenido justicia? ¿Si Margarita hubiera tenido acceso a una línea de atención legal, psicológica y con perspectiva de género cuando fue amenazada hubiera estado protegida?

Ante un estado que suprime los mecanismos de atención a las mujeres y que además no puede garantizar el mínimo de seguridad ni acceso a la justicia para todas, el mensaje sigue siendo el mismo: ¡Quemadlas!

No será extraño que ante la independencia cada vez mayor de las mujeres, el sistema resienta la oposición y no solo en México, sino en el mundo. Los ataques con ácido en aumento en América Latina, la mutilación genital femenina en África o las violaciones múltiples en India son ejemplos de agresiones actuales contra niñas, adolescentes y mujeres en el mundo para hacerles creer que sus cuerpos y voluntades no valen nada.

Pero no hay que olvidar que esta violencia encuentra su caldo de cultivo en la complicidad entre hombres, en los chistes machistas en la mesa que siguen causando gracia, en criticar a las mujeres por sus cuerpos, en normalizar la cosificación de las mujeres. Ahí, de manera simbólica se quema a las mujeres con el lenguaje y es responsabilidad de todas y todos no tolerar ningún tipo de violencia contra las mujeres en ningún espacio.

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