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Jueves 25 de Julio de 2024

Soy abogada, pero no me gusta pelear

Si podemos dejar de buscar el conflicto y glorificarlo como si fuera único mérito ganar un juicio, podemos romper con los prejuicios alrededor del gremio y apostar por un ejercicio de la profesión mucho más conciliador.

19 de Junio de 2024 - 13:18

Soy abogada, pero no me gusta pelear

Por Karina Caballero

¿Por qué la figura del abogado, además de masculinizada, se concibe como la personalidad de alguien que busca todo el tiempo el conflicto y que le fascina estar en el huracán del desacuerdo? Me choca pelear, no me gusta el conflicto y prefiero vivir en un ambiente de acuerdos. Y esta es la premisa de mi crisis existencial profesional, como le llamo a esta etapa post universitaria en la que no sé si era esto lo que imaginaba de mi profesión. Crisis que comparto con gran parte del gremio, aunque muchos no lo acepten abiertamente ni a los cuatro vientos. 

Desde que una elige la profesión comienzan los comentarios “pues claro que quieres ser abogada, si te la vives peleando”, o el contrario “no puedes ser abogada si lloras todo el tiempo”. Hasta me tocó ver un taller de “cómo discutir sin llorar” impartido por una reconocida abogada a estudiantes de la licenciatura en Derecho. Yo sí lloro y mucho. ¿Eso me hace mala abogada? Me ha costado mucho trabajo entender que no. Que puedo ser abogada y rechazar el conflicto al mismo tiempo. 

Las series han provocado que solo tengamos la visión del abogado litigante como la única opción de ejercer la profesión, pero debo confesarlo: no me gusta el litigio. Y parece ser que en este mundo si no litigas no eres lo suficientemente abogado. No es así. Las abogadas y los abogados podemos dedicarnos a la investigación que hace gran falta en nuestro sistema legislativo. O a la mediación, ayudando mucho a disminuir las cifras de impunidad, corrupción y conflictividad social. O dedicarnos al derecho corporativo y ayudar a miles de emprendedores en nuestro país que generan empleos y aportan a la economía nacional. Esto por nombrar solo pocos ejemplos de lo que una abogada a la que no le gusta pelear puede hacer. 

Me apasiona mi profesión y no me arrepiento de haberla elegido. Sin embargo, la crisis existencial profesional es fuerte. Porque la profesión está muy estigmatizada. Hay que vestir formales, hablar como merolicos, pelear todo el tiempo y ser muy serios para ser considerados como abogados de verdad. ¿Y qué pasa con quienes no comparten una o todas estas características? Exclusión de la profesión. No solo lo digo yo, Tito Garza expone esta y otras problemáticas en su libro 'No estudies Derecho', el cual por cierto recomiendo a toda persona dedicada al ámbito jurídico, incluso antes de leer Introducción al Derecho de Eduardo García Máynez.

Muchos comenzamos la carrera con la intención de cambiar al mundo. Quizás no toma mucho tiempo darse cuenta de la ironía de esa premisa, pero sí podemos cambiar una parte de él. Si podemos dejar de buscar el conflicto y glorificarlo como si fuera único mérito ganar un juicio, podemos romper con los prejuicios alrededor del gremio y apostar por un ejercicio de la profesión mucho más conciliador y pacífico sin necesidad de llegar a la instancia del litigio. 

Esta columna es una reflexión sobre los propios estigmas que he construido acerca de la abogacía. La plasmo aquí para que resuene con las personas que se sienten excluidas de la profesión por ser disruptoras con el arquetipo que tenemos del abogado entacuchado. Ponte esos tenis, flexibiliza el lenguaje, explota tu creatividad y busca el camino de la paz. Ser abogada puede ser de muchas maneras. Puedes elegir la manera que quieras. 

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