Acepto términos y condiciones


Raquel López-Portillo Maltos

@rak_lpm

 

Aceptar los términos y condiciones de una página o aplicación digital se ha convertido en un reflejo automático. Me atrevo a decir que prácticamente nadie ha leído a profundidad las infinitas líneas de este contrato en el que el usuario cede sus datos, el acceso a sus contactos, a su ubicación y permite compartir publicaciones desde su cuenta. De igual forma, nadie da click en el aviso de privacidad que, por ley, toda empresa y sitio web debe proporcionar. Qué importa si la aplicación para saber a qué te pareces tiene ahora la contraseña de tus redes sociales, si el filtro de Instagram ahora cuenta con tus rasgos faciales o si tu app preferida de transporte conoce todos tus trayectos diarios. Ya no podemos aislarnos de la era digital y de todos los costos que conlleva. 

 

La tecnología ha facilitado y nutrido prácticamente todos los aspectos de nuestra vida cotidiana. Gracias a ésta la solución a muchos problemas se encuentra a un click de distancia. Más aún en crisis como la que estamos atravesando, la tecnología tiene un papel central en la mitigación de la pandemia. Además de su uso en cuestiones médicas, diversos países alrededor del mundo han aprovechado distintos medios digitales para controlar la expansión del coronavirus. Mediante la utilización de diferentes dispositivos y plataformas, se ha rastreado a personas contagiadas para ubicarlas y saber con quiénes estuvieron en contacto; se ha vigilado a personas para asegurar que cumplan con la cuarentena obligatoria; y se han obtenido datos personales sensibles, desde su temperatura corporal hasta otros cambios fisiológicos.

 

Existe evidencia de que en países como China, Singapur y Corea del Sur, el uso de este tipo de herramientas fue fundamental en el control de la propagación del virus. En la Unión Europea ya se ha puesto en marcha un plan con las principales empresas de comunicaciones para que, a través de un mapeo de sus usuarios, las autoridades sanitarias puedan dimensionar la extensión de la epidemia. Como parte de su plan de desescalada, Francia utilizará un software de monitoreo con el cual vigilará que los transeúntes utilicen mascarillas y mantengan la distancia social. En Estados Unidos, se están generando alianzas entre algunos gobiernos estatales con la empresa Verily para conducir estudios digitales que recolecten información sobre los síntomas, historial de viajes, edad, ubicación e historial médico de ciertas personas. Por su parte, a principios de abril, la Secretaría de Salud de México lanzó la aplicación COVID-19MX con la finalidad de proporcionar mayor información y orientación a la población. 

 

Sin duda gigantes como Facebook, Google, Apple y Microsoft cuentan con el conocimiento necesario y con la capacidad técnica y operativa para dar respuesta a las necesidades que la contingencia demanda. En todos los casos, las empresas y los gobiernos han asegurado que el monitoreo se realizará en estricto apego a la ley y protegiendo a los usuarios mediante acciones como: datos sin identificación individual, el rastreo de movimiento sin la obtención de su ubicación y la eliminación de datos tras la pandemia. Sin embargo, hay una preocupación sustentada por las conocidas consecuencias que el desarrollo que este tipo de tecnologías pueden tener en el derecho a la privacidad, a la protección de datos personales y en el acceso a la información. Esto cobra aún más importancia ahora que las dinámicas diarias han transitado hacia el uso de tecnologías para el ámbito laboral, educativo, médico, entre muchos otros. 

 

Ante esto, vale la pena cuestionarse algunos aspectos. El primero tiene que ver con el consentimiento. Cada gobierno decidirá el nivel de obligatoriedad de dichas herramientas, lo cual determinará en gran medida su rol en el manejo de los datos de la ciudadanía. Cabe destacar que, aún accediendo de manera consensuada, habrá que evaluar caso por caso si se trata de un consentimiento genuino. En otras palabras, si la información respecto a las implicaciones de acceder a dichas plataformas es lo suficientemente clara y explícita. Por su parte, también deberá de hacerse una revisión exhaustiva sobre la información que se pide a cambio. Es decir, si es realmente útil en términos de la pandemia o si se presta a que sea utilizada para otras cuestiones. Así mismo, la sociedad civil tendrá la enorme labor de asegurar dónde serán almacenados los datos, cuándo serán eliminados y conocer qué garantías tienen para asegurar su protección. Estas medidas se están llevando a cabo al ritmo precipitado que la emergencia sanitaria exige. Sin embargo, no debe dejarse de lado el respeto a los derechos de la ciudadanía que están en jaque y el establecimiento de los mecanismos de supervisión que evitará que éstos sean vulnerados. 

 

Las circunstancias actuales han vuelto a poner sobre la mesa la discusión entre la libertad y la seguridad, desde un nuevo enfoque. Es innegable que salvaguardar la salud, la integridad física y la vida de las personas es la principal prioridad. Pero la libertad y la privacidad no se pueden tomar a la ligera. No olvidemos que bastó un atentado terrorista para cambiar para siempre la forma en la que viajamos. Las medidas que se tomen y las restricciones que permitamos en estos momentos de crisis pueden marcar importantes precedentes para la posteridad. Afortunadamente, este dilema no es un juego de suma cero; aún estamos a tiempo de encontrar un balance que satisfaga ambos lados de la balanza.

 


Sobre la autora:

Raquel López-Portillo Maltos es licenciada en Derechos Humanos y Gestión de Paz por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Fue Coordinadora General de la campaña HeForShe de ONU Mujeres en su universidad y actualmente es Asociada del Programa de Jóvenes del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI). Se ha desarrollado en los sectores público, privado y de la sociedad civil en temas de seguridad, igualdad de género y educación.  Apasionada del flamenco, la fotografía y la literatura. A favor de: el derecho a elegir, el debate, las opiniones sustentadas y la igualdad de oportunidades. En contra de: la violencia, la ignorancia, la mediocridad y las mentes cerradas.

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password