El arte de apropiarse del momento


Eduardo Navarrete

@elnavarrete

Para ser leída con: “Time”, de Pink Floyd

 

¿Dónde está tu atención?

Te reto a que se mantenga de una pieza y sin distracciones de aquí a que acaben los siguientes 8 párrafos (4 minutos).

William James, el padre de la Psicología moderna decía que por el momento, lo único que atendemos es la realidad pero parar durante el día, así sea por un instante, para evaluar el estado de la mente y habitarlo parece más una extravagancia que un lujo.

Como todo buen cumpleaños, el pasado onomástico me senté a pensar el mismo lugar común de todos los años, pero con una diferencia. El tiempo parecía haber tomado un atajo y yo ni cuenta me había dado.

Y fue entonces, luego de curiosamente cumplir años, que recapacité acerca de que el tiempo no es más que una designación, un nombre, un acuerdo para llegar a tiempo a la función del cine y saber a qué hora acabará, para entonces regresar a casa y antes de dormir, tomar toodo tipo de pastillas que prolongarán mi tiempo aquí. ¿Para qué?

La verdad sea dicha, nunca tenemos tiempo. Se va en no-sé-qué, siendo el recurso más relevante con que contamos. Nos asombra que sean las 6 de la tarde y apenas enviamos un par de correos. Mayo de 2019 está a punto de acabar y aún no digieres 2017. Las nimiedades distraen lo importante y parece que todo mundo está cómodo. Eso explicaría la inmensa capacidad de ceguera y autosabotaje que el homo sapiens sapiens misteriosamente guarda para residualmente conformarse con el homo.

¿Qué harías si te dijera que tienes todo el tiempo para emplearlo en algo? A veces no hay tiempo siquiera para reparar en ello hasta que tienes 90 y anhelas haber viajado o simplemente haber sido consciente de unos cuantos momentos de esos 90. Se hace tarde tan temprano y se va la vida en tan poco, que la experiencia de la estancia en este plano tendría que ser llevada a juicio como para justificar la mismsa (y la subsecuente).

Construimos identidad hasta del tiempo. Y como buen bien propio, habrá que defenderse con toda la fuerza. Sólo para ganar tres o cuatro discusiones y regresar a ocuparse en nada. Y lo anecdótico es que por generaciones pasa la certeza de que no vamos a morir, por lo cual podemos posponer hasta el paso mismo del tiempo. Brillantes, como la construcción de la idea del tiempo para medirnos.

Al final, somos accidentes temporales. Saber esto libera a cualquiera de la defensa y promoción del Yo. Liberarte de esta expectativa hace que te sueltes la tiranía del pasado y la neurosis del futuro y te quedes con lo que hay: este momento. Por naturaleza, tu más alta prioridad tendría que ser el instante y saber habitarlo. No habría mayor ganancia ni riqueza que saber hacer esto.

Por ejemplo, pensaría que es mayor el tiempo que me ha llevado comprender la idea, que el año que voy a cumplir con mi novia Kim (y lo celebro anacrónicamente, por cierto). Los dados propios de esta especie evolucionada caen de una manera en la que el tiempo corre de maneras misteriosas y a lo sumo, la enseñanza ni siquiera sería tratar de entenderlo, sino habitarlo y por ello, disfrutarlo.


Sobre el autor:

Eduardo Navarrete es un periodista, fotógrafo y administrador público que se apasiona por los contenidos. Condujo equipos en Grupo Reforma, Grupo Medios, Televisa y Cultura Colectiva. Participa en una iniciativa de acompañamiento a empresas para formar equipos de alto desempeño desde la atención plena y recién fundó una empresa de generación y curaduría de contenidos transmedia.

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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