Aquí y en China


Raquel López-Portillo Maltos 

@rak_lpm

 

Luego de graduarme de la universidad, me enfrenté al mundo interminable de las entrevistas laborales. Entre las buenas y las malas, las exitosas y las extrañas, encontré una constante. En la gran mayoría, me habían hecho al menos una pregunta sobre si tenía pareja y si estaba entre mis planes casarme o tener hijos. Estos cuestionamientos no vinieron únicamente del sector empresarial, sino también de organizaciones de la sociedad civil, incluso de aquellas que presumen defender los derechos de las mujeres. Contestaba con desgana y algo de reticencia. Al día de hoy aún me cuestiono si hacen las mismas preguntas a los hombres que compiten por esos puestos. Sería ingenuo pensar que esto es algo nuevo. Durante muchos años, la discriminación de género ha cubierto diversos entornos mediante la designación de roles de género que destinan el papel de las mujeres exclusivamente a las labores reproductivas y del hogar, generando una doble carga para aquellas que intentan llevar un balance entre la vida laboral, familiar y personal. Pasa aquí y en China… literal.

El gobierno chino está fomentando que las mujeres regresen a los roles tradicionales de género, alejándose por completo del ideal marxista de liberarlas de la estructura patriarcal. Textualmente, el Presidente Xi Jinping pidió que “adopten su papel único en la familia y se encarguen de las responsabilidades de cuidar a los ancianos y a los jóvenes, así como a educar a los niños”. Esto se ve reflejado en medidas concretas como la apertura de vacantes exclusivas para hombres; las cláusulas en los contratos laborales en los que se solicita a las empleadas comprometerse a no embarazarse por lo menos durante dos años; los despidos de aquellas que lo hacen; y la más reciente disposición legal que desalienta el divorcio al favorecer a los esposos en la obtención de los bienes inmuebles.

La posición de las mujeres chinas en la sociedad ha ido cambiando a la par de las políticas del gobierno. A partir de la década de los 50, se les reconoció el derecho a poseer tierra y, con ello, la posibilidad de trabajarla. Posteriormente, el gobierno fomentó que las mujeres trabajaran como parte de la economía socialista de mercado. Pese a que hubo un gran crecimiento económico, también se generaron grandes desigualdades ya que en realidad no eran tratadas como pares de los obreros. A partir de los 80, hubo un retroceso debido a los despidos masivos que comenzaron en las fábricas del Estado, en donde las mujeres fueron las primeras en ser despedidas. Este retorno a sus hogares se vio acompañado de un aumento en las tasas de natalidad, que posteriormente devendría en la política del hijo único,  y una priorización del papel de las mujeres en la crianza de sus hijos. Finalmente, en años recientes, las mujeres han logrado insertarse laboralmente en distintos ámbitos. Sin embargo, las brechas salariales y las distinciones basadas en género continúan latentes, más aún en el sector rural.

¿A qué se debe que un país como China, con una larga tradición de mujeres insertas en el mercado laboral, quiera dar marcha atrás? Una crisis demográfica inminente por el envejecimiento acelerado de su población. Esto ha hecho que el gobierno tome medidas desesperadas como eliminar la política del hijo único, ahora buscando “preservar la unidad familiar” manteniendo a las mujeres en su hogar. El gobierno ha afirmado estar a la vanguardia en temas de género con su más reciente ley, promulgada en 2015, en la que se crearon mecanismos de protección y de acceso a la justicia. No obstante, lejos de ayudar a las mujeres chinas a tener más facilidades para poder combinar sus actividades, las están afectando al privilegiar a los hombres en contrataciones y ascensos; penalizarlas por tener hijos; darles un salario menor a aquellas que continúan trabajando, entre otras.

Lo que le está ocurriendo a las mujeres chinas deja un sabor amargo, probablemente porque es una situación muy similar a la que estamos atravesando las mujeres mexicanas. La violencia de género trasciende fronteras, sistemas, culturas, idiomas y sociedades. No se trata de casos aislados. Es una violencia omnipresente que permea en cada área de nuestras vidas. Uno de los puntos más graves del asunto es cómo el Estado ha utilizado a las mujeres según convenga sus intereses. En el caso de China, cuando el gobierno necesitó mano de obra, las enviaron al mercado laboral y les condicionaron su vida reproductiva. Ahora que tienen otras prioridades, las envían a casa y las presionan a que se casen y tengan hijos. Como si nuestros cuerpos y nuestras vidas fueran algo que pudiera regirse según las necesidades políticas del momento.

Pese a que estas acciones se han desarrollado desde hace mucho tiempo, al igual que en México, hay algo que ha cambiado: la mentalidad y el actuar de las mujeres. Han surgido distintas formas de activismo en las que exigen sus derechos. Incluso, el movimiento mundial #MeToo tomó su variante china bajo el pseudónimo #Xianzi, en donde se denunciaron distintos casos de acoso y hostigamiento sexual. Desde la llegada de Xi al poder, la tasa de natalidad bajó a niveles no registrados desde hace setenta años, el índice de matrimonios disminuyó considerablemente, mientras que la tasa de divorcios va en aumento. No significa que esto sea bueno en sí mismo, sino que implica que las mujeres están tomando consciencia sobre su derecho a elegir la vida que quieren, con todas sus posibilidades. Gradualmente las mujeres se están uniendo y reaccionando ante situaciones con las que ya no están conformes.

La igualdad de género, además de ser un derecho humano fundamental, es la base necesaria para alcanzar un desarrollo sostenible y una sociedad próspera. Adicionalmente, es la base para el acceso a otros derechos. Si se facilita la igualdad a las mujeres y niñas en el acceso a bienes y servicios tales como la educación, la atención médica, un trabajo digno, y son tomadas en cuenta en los procesos de toma de decisiones, se generan beneficios directos e indirectos en la sociedad en su conjunto. Se debe luchar para que ésta prevalezca por encima de cualquier medida gubernamental. Se debe luchar porque las mujeres y niñas tengan garantizado el derecho a decidir la vida que quieren, de la forma que quieran, aquí y en China.

 


Sobre la autora:

Raquel López-Portillo Maltos es licenciada en Derechos Humanos y Gestión de Paz por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Fue Coordinadora General de la campaña HeForShe de ONU Mujeres en su universidad, así como articulista en la revista digital Observatorio DH. Se desarrolló como Analista de Inteligencia en la consultora internacional Pinkerton y actualmente labora como Coordinadora de Proyectos Especiales en Fundación Por México. Apasionada del flamenco, la fotografía y la literatura. A favor de: el derecho a elegir, el debate, las opiniones sustentadas y la igualdad de oportunidades. En contra de: la violencia, la ignorancia, la mediocridad y las mentes cerradas.

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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