Be My Eyes


Ricardo M. Salas

@segunricardo

“La única cosa peor que ser ciego, es tener vista, pero no visión”

Helen Keller — Activista estadounidense

 

Las redes sociales han hecho mucho por nosotros, acercan a los que están lejos, permiten ampliar nuestro círculo social, definen nuestros gustos y grupos de interés, y comunican información de máxima importancia durante desastres naturales y otras situaciones urgentes. Sin embargo, estas herramientas también nos han traído un alto grado de desinformación y acoso, han amplificado la prepotencia, el aislamiento y la polarización en gran parte del mundo occidental. 

Los que leen esta columna saben que siempre he abogado por salir de nuestras zonas de confort y seguir a gente que no comparta nuestra visión del mundo, de otra forma corremos el riesgo de encerrarnos en nuestras propias burbujas de pensamiento y acabar creyendo que el mundo es, en realidad, como lo muestra el timeline de los espacios virtuales que frecuentamos. Aun así, debo admitir que ya me estoy cansando. 

Cuando trabajaba como periodista y conductor de noticieros me asombraba del poder informativo de Twitter y de su capacidad para exigirle cuentas a actores de la vida pública que antes vivían totalmente ajenos a los grupos que decían representar. Este tipo de tecnologías fueron, sin duda, un gran paso hacia adelante para el desarrollo humano, no hay duda de ello. Pero contrario a lo que hubiéramos creído, hasta le fecha estas redes no han fomentado un mejor debate ni una mayor empatía o entendimiento. 

No sé si se deba a la forma en la que he configurado a quienes sigo personalmente o si el mundo está cada vez más polarizado, pero fuera de la toxicidad que veo en el Twitter mexicano y el hedonismo aspiracional de Instagram, me cuesta trabajo encontrar espacios de diálogo e intercambios positivos (creo que Meetup sería la única excepción que me viene a la mente) que generen a una sociedad más incluyente y tolerante. Después de las marchas de simpatizantes pro y anti-régimen este pasado domingo en la Ciudad de México, estoy cansado y encuentro pocas razones para seguir atormentando mi mente con la forma en la que la gente trata de humillarse a morir dentro de la red de (ahora) 280 caracteres. Como menciona Macario Schettino en su timeline: “… los simples etiquetan, se imaginan moralmente superiores y creen que destruyendo reputaciones obtendrán un poder que su simpleza les niega… hacen al mundo peor, desde esa moralidad imaginaria.”

Como ya me cansé de esa “moralidad imaginaria” que describe Schettino, estoy tratando de cambiar mi atención y exaltar otras cosas, cosas positivas, que construyan y que encuentren soluciones prácticas a los múltiples problemas que aquejan a nuestras sociedades contemporáneas. Las redes sociales han hecho mucho por nosotros, pero ya demasiados espacios para las quejas y las vejaciones, sobran los opinólogos y faltan creadores que quieran ensuciarse las manos para construir. Ojalá más personas se dedicaran erigir en vez de derrumbar, y a actuar en vez de denunciar desde la comodidad de una pantalla.  

Una red con visión

Teniendo lo anterior en cuenta, me gustaría compartir un reciente descubrimiento que llamó mi atención gracias a mi amigo Pedro (un amante del heavy metal que demuestra que los aficionados a este género generalmente son tipos con un gran corazón). Se trata de Be My Eyes, una red social/aplicación que reúne a millones –literalmente– de voluntarios de alrededor del mundo, quienes aceptan donar algunos instantes de su tiempo para ayudar a invidentes y personas con alguna discapacidad con aquellas tareas del día a día en las que podrían necesitar algo de ayuda. 

 

Justo cuando uno piensa que todo se está yendo al demonio y que la humanidad parece no tener solución (sobre todo después del frenesí comercial del Black Friday y las perspectivas del cambio climático), aparece un proyecto como éste, que demuestra que no todo está perdido. Lo más impresionante de Be My Eyes, no solo es la forma en la que cualquier persona puede ayudar y pedir ayuda en cualquier momento, ¡sino la desproporcionalidad de voluntarios contra ciegos que existen en la plataforma! Al darme de alta en Be My Eyes, me di cuenta que hay unos 3 millones 47 mil voluntarios por… esperen… 172 mil invidentes. ¿No les parece increíble? Es por esto que, si uno resulta estar al volante u ocupado con alguna otra tarea, la aplicación se encarga de redirigir cualquier solicitud de ayuda por un invidente a otro voluntario que esté disponible en ese momento; y son tantos los que gustan de ayudar en la plataforma, que parece ser que siempre hay alguien que pueda tomar la llamada. 

Por lo que puedo entender, esta iniciativa debe su éxito a la brevedad de las interacciones que habilita y a la gran cantidad de voluntarios que ya tiene registrados alrededor del mundo. Si bien los invidentes hacen un trabajo descomunal desarrollando sus demás sentidos para poder llevar su vida, trabajar y abrirse paso en el mundo, Be My Eyes es una gran solución para situaciones en donde ellos puedan necesitar algo de ayuda: al escoger el color de alguna prenda, leer la caja de o la información nutrimental de algún producto en el supermercado, comprobar si las luces en casa se quedaron prendidas, o para realizar algún trámite o servicio que no esté disponible en braille. La aplicación también cuenta con una sección de historias notables, en donde relata relaciones curiosas y nuevas amistades que se han podido forjar a través del uso de la aplicación, particularmente entre los usuarios que descubren que viven relativamente cerca. 

En un mundo cada vez más complejo, ruidoso y estimulante, las iniciativas propositivas son dignas de admirar. Creo que vale la pena tomar un momento para reconocer este tipo de esfuerzos desinteresados (hasta donde sé, la plataforma es completamente gratuita) que tratan de hacer de éste un mundo mejor, todos los días. Las redes sociales nos han dado la posibilidad a todos de ser blogueros, cineastas, periodistas y activistas de todo tipo. Me gustaría ver a más gente (yo incluido) usando este poder para seguir construyendo y promoviendo una mayor empatía, ya tenemos a demasiada gente gritando.

Préstale tus ojos a un ciego: El lema de Be My Eyes, la plataforma que le está facilitando la vida a la gente con discapacidades visuales. Imagen: BeMyEyes

Sobre el autor:

Ricardo M. Salas es comunicador especializado en política pública. Conduce un programa sobre emprendimiento en México y América Latina, y escribe sobre diversos temas de interés colectivo: salud pública, desarrollo sostenible, ciencia y tecnología, política y cultura popular. Fungió como analista político desde Alemania y ha entrevistado a algunos de los actores más influyentes de la agenda internacional. Es audiófilo por accidente y melómano de tiempo completo. Está a favor de: el estado de derecho. En contra de: la prepotencia, el nacionalismo y los extremos de la política de identidad. Puedes saber más sobre él en www.segunricardo.com

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