25 años de Buckley


Ricardo M. Salas

@segunricardo

“Involúcrate seriamente con crecer, con tu desarrollo personal, y nunca temas. Sé el tipo de persona que es naturalmente poderosa, positiva, ingeniosa y abierta, al máximo grado. Sé lo mejor. Sin negatividad, sin debilidad. Sin consentimiento al miedo o a al desastre. Sin errores ignorantes. Sin una evasión de la realidad.”

–Jeff Buckley, cantautor estadounidense.

 

La gracia de Buckley: En 2019 se cumplen 25 años desde el lanzamiento de Grace, un álbum definitivo para su época y único en su tipo. Imagen: Merri Cyr (Jeff Buckley | Merri Cyr)

“¿Por qué todos los que me gustan están muertos?” se puede leer en uno de los tantos comentarios sobre Jeff Buckley en en video de “Lover, You Should’ve Come Over” una de sus interpretaciones más conocidas.

Buckley no la tuvo fácil, y como las grandes estrellas, vivió poco pero brilló con gran potencia y pasión. A pesar de su corta carrera, nada se interpuso en su camino para volverse una de las voces más memorables, no solo de entre los artistas de su tiempo, sino de toda una generación. Este mes de agosto se cumple un cuarto de siglo desde el lanzamiento del mítico Grace, uno de los álbumes de mayor reconocimiento en la industria musical, y publicado cuando el joven Buckley tenía apenas 28 años.

La vida y la obra de Buckley siguen siendo motivo de enigma y fanatismos de todo tipo. Con tan solo un disco oficial y decenas de álbumes con materiales inéditos, demos o cintas de sus presentaciones en bares y cafés, la música del joven cantautor es más relevante que nunca, y vale la pena reconocer la influencia que Buckley sigue teniendo en nuestra cultura popular, aún décadas después de su muerte.

Imagen: Christian Rock

David Bowie solía decir que Grace era uno de los pocos discos que llevaría consigo a una isla desierta y recibía halagos de gente como Jimmy Page, Brad Pitt y Stella McCartney por su gran talento y carisma. Personalmente, conozco pocas voces que se hayan expresado de una forma tan auténtica y libre (cuenta la leyenda que Buckley alcanzaba, por lo menos, un rango de cuatro octavas) como en 51 minutos con 44 segundos que dura su obra maestra. De hecho, de no ser por el cover de “Hallelujah” que viene en el disco, es muy probable que muy pocos en nuestra generación habrían escuchado hablar de Leonard Cohen, el intérprete original de esta canción, que después se inmortalizaría en la cinta del ogro Shrek.

Recuerdo la primera vez que mi primo (¡gracias Víctor!) me mencionó la música de Buckley y se quedó absolutamente atónito cuando le respondí que nunca había escuchado su nombre. “Tienes que escucharlo, ¡Jeff Buckley es un dios!”, me dijo en alguna ocasión hace ya bastantes años. El resto es historia, bastó con escuchar la delicadeza con la que comienza “Mojo Pin” –uno de sus temas más conocidos– para robarme el aliento, quizás de por vida. Años después, he escuchado prácticamente todos los lanzamientos póstumos que han hecho las disqueras en aras de exprimir su legado hasta la última gota y casi todas las grabaciones inéditas que han ido saliendo en cada aniversario. Lamentablemente, Jeff era tan humano como su música y tenemos que conformarnos con lo que produjo en vida.

Jeff estuvo cerca de pertenecer al club de los 27 –un selecto grupo de músicos de la talla de Kurt Cobain, Amy Winehouse y Jimi Hendrix, que murieron a esta temprana edad–, sin embargo, parecía que Buckley tenía un compromiso mayor con su arte y aún tenía mucho por decir, por lo que parece que trabajó incansablemente aún después del éxito mundial que le produjo su ópera prima. “Jeff Buckley quería rockear!”, cuenta uno de los testigos en el documental Amazing Grace, que relata la vida del artista. 

Para mí, Buckley está muy por encima de la gran mayoría de los miembros del tétrico club del 27, quiero pensar que él tenía una visión de la vida menos hedonista que la mayoría de los artistas contemporáneos y que vivía con mayor responsabilidad –o por lo menos con mayor compromiso– que muchos otros como Kurt Cobain, también inmortalizado por su temprana muerte. Sin embargo, estoy convencido de que Buckley habría tenido una vida larga y feliz de no haberse ahogado, según cuentan la historia, cuando se mudó a Tennessee para trabajar en su segundo disco de estudio y decidió meterse a nadar, con todo y ropa, al Río Mississippi, para ser encontrado unos días después. Buckley tenía apenas 30 años de edad.

“Tal como el mítico Orfeo, Buckley era un músico, un poeta, y un profeta que empleó la música para tocar las almas de la gente y hacerlas sentir, mucho más que cualquiera de sus contemporáneos. Es importante no dejar que se pierda de la conversación pública y recordad el trabajo que le dio al mundo, y el trabajo que nunca llegó a completar. “

—Emma Christley, periodista musical. 

Me cuesta pensar en otro músic cuya vida despierte tanto misticismo y logre una conexión tan especial con sus escuchas como Buckley. Basta con leer los comentarios en internet de aquellos que estuvieron en sus presentaciones para imaginar los sentimientos que el artista despertaba con su entrega y pasión en cada nota. Buckley era un alumno notable e interpretaba con gran maestría temas de sus ídolos personales. Presentaciones en vivo como Live at Sin-é están repletas de canciones escritas por Nina Simone, Led Zeppelin, Bob Dylan, Van Morrison, e incluso a prominentes músicos de oriente como el cantante Pakistaní Nusrat Fateh Ali Khan.

No puedo dejar de sentir un poco de pena por lo que habría sido de Jeff Buckley si hubiera vivido un poco más. Mucha gente, incluso, comenta sentir como si lo hubiera conocido en persona después de escuchar sus grabaciones. Pocas canciones se han escrito de forma tan íntima como “Lilac Wine” o “Everybody Here Wants You”, la cual ni siquiera figura en su primer álbum de estudio.

Tampoco puedo evitar sentir algo de pena por su vida personal, Jeff vivió toda su juventud a la sombra de su padre. Tim Buckley, otro cantautor que logró consolidar su fama por su talento y una prolífica discografía. No obstante, la vida de Tim fue (casi) tan corta como la de su hijo. Poco se sabe de la relación de estos dos, salvo por el hecho de que Tim tuvo a su hijo Jeff con apenas 19 años de edad y que abandonó a su madre poco después de que éste cumpliera seis años. En una atrevida entrevista, Buckley le confesó a un reportero de NME que solo lo había conocido durante unos nueve días en 1975, Tim moriría de una sobredosis de alcohol y drogas tan solo dos meses después del aquél único encuentro con su hijo.

La verdad es que, fuera de su parecido genético, los dos Buckleys parecían ser dos personas  radicalmente distintas. A pesar de las revelaciones de amores perdidos y una gran melancolía agridulce, la obra de Jeff es un canto a la vida y sigue siendo uno de los legados culturales más importantes del siglo XX. Basta con leer sus entrevistas y declaraciones para entender lo muy por encima, intelectual y artísticamente, que el joven Buckley estaba de sus contemporáneos.

Dicen que nunca debes de conocer a tus ídolos. Y puede que sea muy cierto, pero a veces me da la impresión de que Buckley era un amigo cercano. Solo espero que haya sido felíz y que haya disfrutado tocando su música tanto como cientos de miles disfrutamos al escucharlo.

Una vida agridulce: A 25 años de una de las grandes obras de los noventa, Buckley sigue más vivo que nunca. Imagen: Binaural

 


Sobre el autor:

Ricardo M. Salas es comunicador especializado en política pública. Conduce un programa sobre emprendimiento en México y América Latina, y escribe sobre diversos temas de interés colectivo: salud pública, desarrollo sostenible, ciencia y tecnología, política y cultura popular. Fungió como analista político desde Alemania y ha entrevistado a algunos de los actores más influyentes de la agenda internacional. Es audiófilo por accidente y melómano de tiempo completo. Está a favor de: el estado de derecho. En contra de: la prepotencia, el nacionalismo y los extremos de la política de identidad. Puedes saber más sobre él en www.segunricardo.com

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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