Caídas de bronce


Raquel López-Portillo Maltos

@rak_lpm

 

Cristóbal Colón (descubridor de América para unos, invasor de tierras para otros), fue bañado en pintura, aunque en otras locaciones tuvo un destino mucho más sombrío, al haber sido hecho añicos o ahogado bajo el agua. En Virginia, Jefferson Davis, presidente de los estados confederados, fue decapitado. En Bristol, Edward Colston, esclavista, fue sumergido en el Río Avon. En la Plaza del Parlamento de Londres, Winston Churchill fue desfigurado. En Nueva Zelanda, no quedó rastro del capitán John Hamilton ante la solicitud del pueblo Maori de deshacerse de él. En la Plaza Italia de Chile, se amputó el brazo de un soldado desconocido, mientras que la cabeza de Dagoberto Godoy, colonizador español, fue cercenada y colgada del puño de Caupolicán, líder mapuche. En Amberes, el Rey Leopoldo II, cuyo régimen en Congo dejó un saldo de 10 millones de muertos, fue prendido en fuego.

En las últimas semanas, hemos presenciado la caída y destrucción de una serie de estatuas de figuras históricas a lo largo del mundo. Estas acciones no se han tomado en contra de cualquier figura de bronce, sino de aquellas cuyos personajes tuvieron un papel protagónico en un pasado de esclavitud, colonialismo, racismo y aniquilación. Pese a que esta dinámica se ha manifestado a lo largo de la historia, recobró fuerza como respuesta al asesinato de George Floyd y el resurgimiento del movimiento de Black Lives Matter en Estados Unidos. 

La cultura es una totalidad compleja que compila cada aspecto, hábito o rasgo de una sociedad. Este concepto ha sido ampliamente utilizado con el afán de averiguar cómo los seres humanos resuelven los problemas de su existencia y cómo autodefinen su origen e identidad. Dentro de este acervo de las características y experiencias humanas, la plasticidad se ha considerado una de las más importantes, ya que genera una alta diferenciación con el resto de las especies. Ésta es la que nos permite crear símbolos multiculturales y expresarlos, recreando nuestro medio y la sociedad en donde nos desarrollamos. De acuerdo con el antropólogo estadounidense Franz Boas, son precisamente estos símbolos y hábitos los que nos ayudan a dar sentido a nuestra existencia al aprenderlos, interiorizarlos y asignarles valores. Tienen un carácter sociohistórico y su significado es otorgado por los seres que viven en sociedad a través de la propia cultura. Con el paso de distintos procesos históricos o mientras existan esquemas de lucha o desigualdades, resulta invariable que se busquen eliminar, modificar o sustituir los patrones culturales construidos. 

De ahí la importancia de entender los eventos recientes como una consecuencia sociocultural y no como eventos aislados. Así mismo, resulta pertinente entender los sucesos no como ataques contra la historia, sino contra lo que estos personajes representan. Los sucesos han dejado una clara relación entre los símbolos culturales y los sistemas sociales. Aunque pareciera algo superficial, la permanencia de estas estatuas evidencia lo enraizados que están estos acontecimientos en nuestra historia, fungiendo como un ejemplo físico de cómo permean en la realidad. 

Uno de los principales debates que se ha suscitado tiene que ver con la preservación del patrimonio. El presidente Donald Trump declaró que la remoción de estatuas significaba la remoción de la historia. Así mismo, apoyó a quienes estaban a favor de su conservación, pues para él la decisión implicaba borrar la herencia común de los estadounidenses. Ante esto vale la pena preguntarse, ¿hasta qué punto la conservación patrimonial vale más que la reivindicación de personas que tuvieron una participación activa en la vulneración de otras? ¿Es válido considerar como patrimonio cultural a aquel que representa discriminación, odio y violencia? En este sentido, la eliminación de estas figuras no apela a borrar la historia, sino a dejar de glorificar un pasado que dañó a tantas personas. De igual manera, es una forma de hacer visible otro lado de la historia y a otros actores que por mucho tiempo se mantuvieron subyugados. 

Por otro lado, este es un tema de prioridades; económicas, por el costo que conlleva el mantenimiento de las estatuas, y sociopolíticas, por el valor que se les es otorgado dentro del espacio público. Para muchos resulta desproporcionado los recursos y protección que se les ha dado a estas figuras por encima de los manifestantes. Hay quienes argumentan que mientras ese presupuesto puede ser destinado a memoriales que honren a las personas afectadas por las acciones de dichos personajes o a causas actuales que las reivindiquen. Por ello, seguirán buscando formas de revertir este patrón y tomar el lugar que les corresponde. 

Tirar estatuas no borra la historia, pero sí deja un posicionamiento claro respecto a cómo se quieren construir el presente y el futuro. También hay que tener claro que, precisamente porque no elimina lo acontecido, aún queda una enorme labor por hacer. Desde generar un entendimiento claro, público y genuino sobre los abusos cometidos, hasta empezar a pensar en cómo desentenderse de ese pasado que se arrastra desde hace décadas. Desde deshacerse de figuras que ya no tienen lugar en el espacio público, hasta pensar en formas de reapropiárselo y resignificarlo. A fin de cuentas, la realidad es tan maleable como el bronce que las erigió.

 


Sobre la autora:

Raquel López-Portillo Maltos es licenciada en Derechos Humanos y Gestión de Paz por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Fue Coordinadora General de la campaña HeForShe de ONU Mujeres en su universidad y actualmente es Asociada del Programa de Jóvenes del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI). Se ha desarrollado en los sectores público, privado y de la sociedad civil en temas de seguridad, igualdad de género y educación.  Apasionada del flamenco, la fotografía y la literatura. A favor de: el derecho a elegir, el debate, las opiniones sustentadas y la igualdad de oportunidades. En contra de: la violencia, la ignorancia, la mediocridad y las mentes cerradas.

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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