Campesinos como aliados para un México sostenible.


Por Brenda González de la Torre

@brendaglezi

A lo largo de la historia de México, los campesinos han sido de los grupos sociales más desprestigiados, sufren de manera desproporcionada pobreza, hambre y malnutrición, así como los efectos del cambio climático y la degradación del medio ambiente. Particularmente, a raíz del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) se abrieron las fronteras y se eliminaron los apoyos al campo, lo que produjo la caída de actividad agrícola de los campesinos, con grandes procesos de migración y fuerte deterioro de las condiciones de vida en el campo. La agricultura campesina en México es una actividad económica con muchas limitaciones y, además, se suele ignorar el potencial que tiene este sector para: uno, combatir la inseguridad alimentaria y dos, generar una producción sostenible de comida en México. 

 

Por ejemplo, se sabe que en nuestro país existe una situación de desnutrición e inseguridad alimentaria.  De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) tan solo en el 2016, 24.6 millones de mexicanos sufrieron de inseguridad alimentaria severa y moderada (cifra que se estima que ha aumentado a raíz de la crisis por COVID-19). No obstante, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés) ha reconocido que los pequeños agricultores, es decir los campesinos, son clave para combatir la inseguridad alimentaria y mejorar la nutrición en el país. 

 

Contrariamente a la creencia común de la población mexicana acerca de que los campesinos contribuyen de manera limitada al suministro de alimentos en el país, en realidad son capaces de alimentar a casi la mitad de la población de México. Estos son los resultados que arrojó un estudio de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO), donde afirma que los campesinos podrían potencialmente alimentar a 54.7 millones de personas en México, incluida la población rural en municipios con agricultura campesina (21.1 millones de personas), y con excedentes que podrían utilizarse para alimentar a 33.6 millones de personas más. 

 

Por otro lado, la misma FAO reconoce que los pequeños agricultores pueden contribuir a una producción más sostenible y equitativa de alimentos ya que tienden a utilizar sistemas mixtos e integrados de producción los cuales resisten mejor las condiciones adversas del clima. Se estima que los campesinos utilizan menos del 25% de los recursos agrícolas (incluida tierra, agua y combustibles fósiles) para cultivar alimentos causando mucho menos daño a bosques y suelos; a diferencia de las cadenas alimentarias industriales que utilizan al menos el 75% de los recursos agrícolas y en el proceso destruyen millones de toneladas de tierra vegetal, además de que son una fuente importante de emisiones de Gases de Efecto Invernadero y dañan severamente al medio ambiente. 

 

En este contexto, la agricultura campesina, no solo es fundamental para mejorar la seguridad alimentaria y para una producción sostenible de comida, sino que también contribuye a la reducción de la pobreza rural. Esta actividad es clave en la reactivación de las economías rurales debido a que se traduce en más ingresos para las familias del campo. Considerando lo anterior, tal vez sea hora de que esta práctica sea reconocida y apoyada como un sistema de producción que genera resultados de conservación. Es importante dignificar este oficio como se debe. 

 

Por el lado de política pública, urge un proyecto nacional que posicione a la agricultura campesina en el centro de las políticas agrícolas, ambientales y sociales, que tengan acceso a innovaciones y a información, que se implementen políticas que le den prioridad al campo a través del reconocimiento de los campesinos a tierras ejidales, garantizarles un salario digno por su trabajo, acceso a servicios de salud, al establecimiento de relaciones directas productor-consumidor a través de mercados locales, fomentar la agricultura en pequeña y mediana escala entre otras. Como ciudadanos, nos toca optar por consumir local y pagar lo justo por los alimentos que producen, en pocas palabras, promover un comercio justo y consumir responsablemente.

 

Recordemos que podemos quedarnos sin muchas cosas, pero nunca sin dejar de comer. 

¿Ya te quedó claro cuál es el oficio más importante del mundo?

 


Brenda González de la Torre  es Licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad Iberoamericana. Ha trabajado en la gestión de distintos proyectos ambientales y sociales en el Centro Transdisciplinar Universitario para la Sustentabilidad (Centrus), Pronatura México y Ethos. Sus mayores áreas de interés y experiencia son la investigación y el análisis de política pública especialmente en cuestiones socio ambientales. Actualmente trabaja en el Instituto de Investigaciones para el Desarrollo con Equidad (EQUIDE).




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