Ciudades human-friendly


Raquel López-Portillo Maltos 

@rak_lpm

 

En años recientes, el mercado de las empresas de micromovilidad ha crecido considerablemente a nivel mundial. El concepto de mobility as a service (movilidad como servicio) surgió ante la necesidad de encontrar nuevas formas de desplazarse en las urbes de manera fácil y práctica mediante la disminución de la dependencia del transporte privado, la flexibilidad de opciones y el uso de la tecnología. Estas empresas se han enfrentado a grandes desafíos como la aceptación de los usuarios, la inseguridad y la adaptación normativa. El panorama se ha vuelto aún más complejo ante factores como la sobrepoblación, el tráfico, la contaminación y los elevados precios del transporte. Para que sea posible lograr un cambio, la movilidad es un eje clave en la implementación de ciudades más sostenibles y en la posibilidad de que la ciudadanía ejerza libremente ese y otros derechos humanos. 

Sin embargo, las cosas no pintan fáciles. Hace unos días, se dieron a conocer varias noticias sobre este tema. En primer lugar, elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana retiraron bicicletas y monopatines de las empresas Mobike y Lime, luego de que perdieran su permiso anual. Esto causó mucha controversia ya que, por una parte, dichas empresas fueron acusadas de operar ilegalmente después de no hacer el pago correspondiente por contraprestación de servicios. Sin embargo, estas respondieron afirmando que la Secretaría de Movilidad no tenía la facultad de ordenar ese retiro y que nunca contaron con condiciones de igualdad ni garantías para su operación. Además, agregaron que la acción respondía a una venganza más que a una cuestión de legalidad, luego de que se filtrara una grabación en la que el director general de Mobike, René Ojeda, expresa su desacuerdo del monto a cubrir al Secretario de Movilidad, Andrés Lajous. Por su parte, la empresa Grin, a pesar de haber realizado el pago y contar con el permiso, optó por suspender sus servicios en la capital hasta nuevo aviso debido a los altos índices de robo de sus unidades. A esto, la SEMOVI respondió que apoyará a la empresa para que existan medidas de seguridad que permitan su desarrollo. Esto ocurrió en México mientras que, a nivel global, se anunciaron las pérdidas millonarias de Uber, dejándolo ver como un negocio poco rentable, y se publicó un nuevo estudio que sugiere que los patines eléctricos no son tan amigables con el ambiente como parecen, poniendo a la luz las innumerables problemáticas que aún enfrenta este nuevo esquema de transporte.

Parece ser que, al menos en México, todavía queda un largo camino por recorrer para que exista una verdadera implementación de opciones de movilidad propiciadas por empresas privadas, así como garantías y esquemas claros que les permitan desarrollarse. La realidad es que esta cuestión tiene un impacto mucho más importante en nuestras vidas del que pensaríamos. Esencialmente, porque incide en cómo vivimos nuestras ciudades y la calidad de vida que nos ofrecen para poder desarrollarnos plenamente. Tan vital es su importancia que este tema forma parte de la Agenda del Desarrollo Sostenible de la Organización de las Naciones Unidas, en donde se establece una serie de objetivos globales para erradicar la pobreza, proteger al planeta y asegurar la prosperidad para todos y todas, en este caso, a través del Objetivo del Desarrollo Sostenible (ODS) número 11, Ciudades y Comunidades Sostenibles. En lugares como la Ciudad de México en donde el tráfico es ineludible, el transporte público insuficiente, las posibilidades de movilidad limitadas, la inseguridad incontrolable y los costos de transporte privado excesivos, es esencial cimentar en los planes gubernamentales el acceso a sistemas de transporte seguros, asequibles, accesibles y sostenibles; el mejoramiento de la seguridad vial; la reducción del impacto ambiental negativo; y la implementación de planes integrados que promuevan la inclusión y el uso eficiente de recursos, la mitigación del cambio climático y la resiliencia ante los desastres. 

Dados sus principios de universalidad, interdependencia, indivisibilidad y progresividad, los derechos humanos guardan profunda relación el uno con el otro. Especialmente, entre los derechos básicos, casi siempre resulta necesaria la garantía de uno para lograr el acceso al resto. Es por eso que la movilidad guarda una estrecha relación con otros derechos como el acceso a la salud, a un medio ambiente sano, a la ciudad, a la igualdad, a la seguridad o a la inclusión. Esto se profundiza más en el caso de poblaciones vulnerables como las personas con una discapacidad y los adultos mayores, entre otros. Por esta razón, resulta fundamental que se permita la búsqueda continua de nuevas soluciones a los problemas actuales de transporte público y privado, para así poder encontrar alternativas acordes a los fines de las ciudades sustentables y los ODS. Pese a que aún existen algunos retos y adecuaciones por realizar, estas nuevas formas de movilidad conforman un nuevo espectro que realmente atiende nuevos estilos de vida y necesidades de todas las personas, no sólo de unas cuantas, además de tener mucho potencial de crecimiento en la región. 

De esta forma, deben buscarse canales de comunicación y formas de colaboración entre gobierno, empresas y sociedad civil para tener un frente unido y consolidado y así poder enfrentar juntos los desafíos que esta área implica, con el único objetivo de mejorar la forma en que la ciudadanía vive sus ciudades y ejerce sus derechos. Finalmente, todas y todos queremos ciudades human-friendly, en donde haya una mayor accesibilidad y que no existan limitaciones respecto al servicio de transporte. Donde se pueda ir de la mano del desarrollo y el progreso del país, con la tecnología más innovadora sin descuidar el impacto ambiental que generamos. Donde movernos implique no sólo sentirnos libres, sino también estar seguros. Donde movernos sea un beneficio asequible y no una carga costosa. Donde podamos disfrutar de nuestra ciudad en total plentitud.

 


Sobre la autora:

Raquel López-Portillo Maltos es licenciada en Derechos Humanos y Gestión de Paz por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Fue Coordinadora General de la campaña HeForShe de ONU Mujeres en su universidad, así como articulista en la revista digital Observatorio DH. Se desarrolló como Analista de Inteligencia en la consultora internacional Pinkerton y actualmente labora como Coordinadora de Proyectos Especiales en Fundación Por México. Apasionada del flamenco, la fotografía y la literatura. A favor de: el derecho a elegir, el debate, las opiniones sustentadas y la igualdad de oportunidades. En contra de: la violencia, la ignorancia, la mediocridad y las mentes cerradas.

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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