La cólera en los tiempos de Twitter


Ricardo M. Salas

@segunricardo

“Lo que queremos en Twitter es quitarle la carga de hacer el trabajo a las víctimas”

–Jack Dorsey, cofundador y CEO de Twitter.

 

Hace unos días me puse a ver, por recomendación de Emilio Saldaña (alias “El Pizu”), una entrevista interesantísima con Jack Dorsey para Ted Talks, en donde el cofundador y director de Twitter, la red social más política y conflictiva —por lo menos hasta ahora–, se abre a la crítica y responde sobre la forma en la que la empresa debe de cambiar, para eliminar las discusiones de odio y el acoso que están tan presentes entre los usuarios.

En esta plática de casi 16 minutos, Dorsey aguanta vara ante las preguntas de los moderadores, quienes lo encaran sobre la facilidad con la que millones de usuarios (humanos y bots también) emplean la plataforma para insultar a minorías étnicas, trollear a gente de interés público y atacar a quienes simplemente piensan diferente, casi siempre desde el gran anonimato que permite la red social.

El creador de Twitter afirma en la plática que su empresa está plenamente consciente de que no todo va bien y de que las conversaciones se han vuelto mucho más agresivas de lo que habría imaginado cuando fue fundada hace 16 años.

No cabe duda de que Twitter se ha vuelto una de las redes sociales más importantes de nuestros tiempos y de que ésta tiene una influencia tan grande que puede incluso cambiar el resultado de alguna elección a nivel local o internacional (la compañía estableció un equipo especial para monitorear y asegurar su neutralidad durante las elecciones presidenciales de México en 2018 y las que están en curso en la India en este mismo momento, por ejemplo).

Durante la conversación, uno de los moderadores hace una analogía al compartir una visión en la cual un barco llamado “Twittanic” está a punto de estrellarse contra un enorme iceberg. El entrevistador dice que en este sueño hay un grupo de pasajeros que se encuentra preocupado por el iceberg que se ve a la distancia. Dorsey (quien aparece como capitán del barco según el moderador) se muestra atento y preocupado por lo que parece un choque inminente y que puede hundir su embarcación. El capitán escucha las quejas de los pasajeros y acepta humildemente que su barco no fue diseñado para responder como debería ante la aparición de un iceberg de este tamaño, pero que hará todo lo posible por evitar la catástrofe. Ante esto, los pasajeros le responden: “Muchas gracias Jack, sabemos que estás preocupado y apreciamos que nos escuches. Pero… por Dios, ¡gira el maldito timón!”.

Twitter no es una compañía como cualquier otra. Si bien no es la más lucrativa entre los gigantes tecnológicos, se ha convertido en el mejor foro para las discusiones de gobierno, política, y prácticamente cualquier otro tema de interés público. La plataforma ha democratizado las relaciones entre ciudadanos, servidores públicos y otras figuras en el poder. Ha hecho lo mismo con miles de celebridades que ahora pueden estar más en contacto con sus seguidores a través de una mención o retweet y con dependencias de gobierno, que ahora pueden estar más bajo la lupa.

Twitter ha revolucionado la forma en la que se hace el periodismo y la forma en la que se cuestiona a la autoridad (basta con seguir a figuras como @Jorgeramosnews o @jrisco como prueba de ello). Llama la atención que mensajes de unos cuantos caracteres, como los del presidente de los Estados Unidos o empresarios antisistémicos como Elon Musk, hagan que las bolsas de valores sostengan el aliento (Tesla, la compañía de autos eléctricos de Elon Musk fue multada con hasta 20 millones de dólares por una serie de mensajes que posteó su excéntrico fundador, afectando directamente el valor de las acciones de la compañía). Para bien o para mal, Twitter ha probado ser una de las más influyentes para el discurso público.

No-shave November: Jack Dorsey encara las críticas de la audiencia y entrevistadores en un panel para Ted Talks.

Pero aunque Twitter ha probado ser una fuerza democratizadora, no todo es color de rosa. Las barreras que ha eliminado para conectar a las personas de todo el mundo en torno a un interés o conversación en común es también un arma de doble filo: la plataforma también tiene un diseño que permite e incentiva el uso de insultos y ataques —entre más inteligentes o sarcásticos, mejor— por aquellos usuarios que buscan la popularidad. Basta con que alguien ponga un comentario suficientemente incendiario, con equis o y movimiento, y esperar a que la conversación vaya generando tracción como una bola de nieve.

Durante la charla, Dorsey comenta que su nuevo propósito es hacer que la gente se meta a Twitter y salga de la red habiendo aprendido algo valioso, que fomente la crítica constructiva de manera saludable. Es cierto que hay gente que tiene configurada su red de tal manera que pueda aprender de usuarios interesantes y que fomenten el uso de la razón sobre la rabia, pero configurar un timeline de este tipo típicamente toma mucho tiempo y esfuerzo por parte del usuario. Esto es lo que Twitter quiere facilitar para el usuario promedio. Si lo logra, o no, será solo cuestión de tiempo.

La entrevista con Jack Dorsey pone en evidencia cómo una de las grandes empresas tecnológicas puede proteger o debilitar los mismos pilares de la democracia como la conocemos. Sus algoritmos y el mismo diseño de la red pueden escoger luchar activamente contra la desinformación, o hacer caso omiso a los discursos de odio si éstos hacen que el usuario incremente su engagement o tiempo transcurrido dentro en la plataforma —al fin y al cabo, Twitter es una compañía pública y tiene la obligación de reportar resultados a sus accionistas a través de la venta de publicidad.

¿Cómo balancear estas dos obligaciones? Yo no tengo las respuestas, pero si algo es cierto, es que los nuevos gigantes tecnológicos deben asumir su compromiso social, por el bien de nuestras instituciones.

Y en otras cosas…

A veces, me gusta terminar estos textos compartiendo descubrimientos que me emocionan. El último de estos ha sido al cantante de soul escocés Paolo Nutini. Su música es fantástica —y además de ser muy carismático en vivo—, presenta una mezcla bastante curiosa de estilos que recuerda a algunos grandes del género como Amy Winehouse, Etta James y Van Morrison. Y ya que estamos en el tema de las redes sociales, llama la atención que, a pesar de ser un millennial, Nutini reveló en una entrevista reciente que no se siente cómodo en el mundo digital y que nunca ha tuiteado, ni piensa hacerlo. El cantante revela que cuando se empezó a interesar por la música, lo que más le intrigaba sobre sus ídolos musicales era el aura de misterio que había alrededor de las celebridades antes del internet y no saber cómo eran en su vida diaria. Sería interesante imaginar a Elvis Presley posteando selfies y fotos de sus desayunos.


Sobre el autor:

Ricardo M. Salas es comunicador especializado en política pública. Conduce un programa sobre emprendimiento en México y América Latina, y escribe sobre diversos temas de interés colectivo: salud pública, desarrollo sostenible, ciencia y tecnología, política y cultura popular. Fungió como analista político desde Alemania y ha entrevistado a algunos de los actores más influyentes de la agenda internacional. Es audiófilo por accidente y melómano de tiempo completo. Está a favor de: el estado de derecho. En contra de: la prepotencia, el nacionalismo y los extremos de la política de identidad. Puedes saber más sobre él en www.segunricardo.com

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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