¿Cómo viajaremos en el futuro?


Por: Malú Penella

En el espacio del Programa de Jóvenes COMEXI.

Mientras la añoranza por los viajes sigue creciendo – al menos entre quienes tenemos el privilegio de poder realizar viajes de placer -, también crece la importancia de evaluar nuestra actitud frente al turismo y sus consecuencias ambientales, sociales y políticas. Por un lado, es una actividad que provee de empleo y sustento a millones de personas. Tan solo en México, el 2020 inició con cifras de más de 4 millones de empleos en este sector. Durante el 2019, la participación  del producto interno bruto turístico (PIBT) en el PIB de México fue de 8.7%. Sin embargo, durante el segundo trimestre del 2020, el INEGI reportó una caída del 47% del PIBT respecto al mismo trimestre del año anterior. 

Debido a la pandemia el sector turístico se enfrenta a su peor crisis a nivel global. Es una situación compleja que ni los gobiernos, ni las instituciones internacionales enfocadas en la materia han podido resolver. Además de la clara necesidad de un plan de reactivación económica que priorice a los trabajadores del sector, la pandemia nos ha traído una pregunta que debemos responder con urgencia: ¿cómo viajaremos en el futuro?

 

Del cuánto al cómo

De acuerdo con Elizabeth Becker, la autora de Overbooked, durante la consolidación de la industria turística a finales del siglo XX se consideraba que el turismo tendría el potencial de generar los ingresos necesarios para que una nación en vías de desarrollo invirtiera en su infraestructura y desarrollo económico. Hoy sabemos que esta visión es realmente limitada y parcial. También sabemos que el modelo turístico actual es fuente de contaminación, deterioro ambiental y que puede causar dinámicas de abuso para las comunidades marginadas que reciben a turistas de naciones más ricas. 

Por ello es necesario migrar hacia un modelo que evalúe el impacto del turismo en las comunidades que lo reciben. Actualmente, las estadísticas que reflejan la actividad turística se basan en el número de viajeros que entran a un territorio, segmentado a partir del medio de transporte que utilizan. También se mide el gasto promedio de los visitantes extranjeros, la ocupación en número de habitaciones, así como los destinos más frecuentes y algunos hábitos de consumo. 

Aunque necesitamos esta información para entender el panorama al que nos enfrentamos, debemos de considerar otras variables, como el impacto en los ecosistemas naturales locales, el bienestar de las comunidades que prestan servicios en los destinos, así como el desarrollo económico de las mismas. 

Debemos pasar del “cuánto” al “cómo” se viaja. Por supuesto que los turistas debemos plantearnos nuevos patrones de viaje, sin embargo, la acción individual no será suficiente. Para fomentar la evolución del turismo a un nuevo modelo, las agencias internacionales como la Organización Mundial de Turismo (OMT), deberían reformular la estrategia actual para plantear una que balancee la actividad económica y el impacto que ésta puede tener en el planeta y en el desarrollo sostenible. 

En el caso de la OMT ya existen lineamientos y programas que responden a los objetivos de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas, pero aún falta que la comunidad internacional reconozca al turismo como un sector de alta relevancia para la recuperación económica sostenible que necesitamos en un escenario pospandemia. De otra manera habremos desperdiciado la que probablemente será la única oportunidad de replantearnos el rol del turismo en nuestra economía y su impacto para el planeta.

 


Malú Penella se especializa en comunicación estratégica y corporativa. Es miembro del Programa de Jóvenes del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales y ha colaborado para medios internacionales en temas relacionados a turismo y cultura. Está a favor de la cooperación internacional para resolver nuevos retos globales. En contra de la pasividad e inacción política.

 




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