Con P de Peronismo y Populismo


Raquel López-Portillo Maltos 

@rak_lpm

 

El domingo pasado, 32 millones de argentinos votaron para elegir a su presidente y renovar su Congreso. Con 48% de los votos, el peronista Alberto Fernández obtuvo el triunfo pronosticado de la mano de su compañera de fórmula, la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner. Esta elección, al igual que otras que ocurrieron en fechas recientes, se dieron en un momento crítico en Latinoamérica, en donde el descontento por la corrupción, la impunidad, la pobreza, y la poca voluntad de satisfacer las demandas sociales llegó a su clímax en diversos países.

¿Por qué es importante el resultado electoral argentino en términos regionales y por qué el regreso al peronismo (ideología política basada en el régimen de carácter populista iniciado por Juan Domingo Perón) implica una alerta roja? Para dimensionar la magnitud del problema, es necesario poner en perspectiva los eventos que han construido la historia latinoamericana. Ésta es indisociable de la marca que dejó el colonialismo europeo, el intervencionismo estadounidense y las imposiciones de organizaciones financieras internacionales, principalmente del FMI. Estos factores han marcado no sólo las pautas económicas respaldadas en ideologías e instituciones neoliberales, sino también la calidad de vida de los latinoamericanos.

Bajo este escenario, y ante los múltiples casos revelados de corrupción y fraudes, es claro que las estructuras legales e institucionales que conforman el aparato democrático son muy endebles. Hay un abismo creciente entre las necesidades sociales y la capacidad gubernamental de cumplirlas, así como una carencia de acciones efectivas para resarcir los daños causados. Son precisamente estos contextos alejados de los pilares democráticos, con desequilibrios económicos, instituciones débiles y una distribución de riqueza desigual, los más propensos a ser caldo de cultivo para que el populismo se desarrolle con el supuesto fin de remediar los fallos sistémicos que se arrastran desde años atrás. El peronismo que ha vuelto al poder tiene un gran componente de populismo.

Pese a que han sido muchos los intentos y los debates ideológicos por definir dicho término, teóricamente, el populismo se trata de la lucha de un grupo definido de personas contra una élite corrupta. Puede tomar varios caminos, ya sea enfocándose en estigmatizar y segregar a dicho grupo, o bien, en generar dinámicas inclusivas para integrar en la esfera pública a grupos que han sido históricamente discriminados. El hecho es que implica el posicionarse como los poseedores de la razón frente a un otro ilegítimo. Esto conlleva un grave riesgo, pues dicha lucha puede terminar convirtiéndose en un totalitarismo que ponga en riesgo a los derechos de ciertos grupos de la población e incluso al estado de Derecho mismo.

El caso argentino resulta muy interesante en términos de sus transiciones políticas, la propagación del populismo y los resultados que han tenido. Luego de la última dictadura, el país ha ido de extremo a extremo, del neoliberalismo al peronismo, buscando cambios radicales que garanticen resultados distintos. A pesar de que el peronismo tuvo ciertos aciertos como favorecer los derechos sociales y laborales de los grupos más desfavorecidos, impulsar los derechos políticos de las mujeres, fomentar la educación gratuita, entre otros, existen también acciones imperdonables como la persecución y violencia contra la oposición, el intervencionismo estatal, la disolución de otros partidos políticos y, más recientemente, graves actos de corrupción, cayendo en los mismos vicios de aquellos a quienes criticaban (la vicepresidenta electa cuenta con 13 procesamientos, 7 órdenes de detención que ha evitado por su fuero, una fortuna de millones de dólares y 2,200 demandas por corrupción contra funcionarios vinculados a su gobierno).

Una vez más, la sociedad argentina ha optado por el voto de castigo, prefiriendo lo malo conocido sobre lo igualmente malo. Los ciudadanos no perdonaron las incumplidas promesas de campaña de Macri, sin considerar que la situación actual es también consecuencia de la mala gestión de la ahora vicepresidenta. El gobierno electo enfrenta un complejo panorama de una sociedad polarizada, en una de sus peores crisis, con múltiples reclamos y necesidades. Algunos de sus principales retos serán reequilibrar la economía que ha impactado devastadoramente en la vida de sus ciudadanos; garantizar derechos fundamentales que se han vulnerado como el de la alimentación; y atender demandas sociales como la libertad de expresión en el contexto de la protesta, los derechos sexuales y reproductivos, así como la igualdad y no discriminación. Principalmente, la nueva administración deberá lograr soluciones concretas y recuperar la confianza de la ciudadanía ya que de lo contrario, serán víctimas de sus propias circunstancias.

Finalmente, considero pertinente retomar el sentido más puro del populismo teórico en cuanto al rescate de la voluntad general. Es la integración social, el eje que entrelaza todo. Si en realidad se pretende hacer una transformación de fondo, en Argentina o en el resto de los países latinoamericanos, no puede haber una sola lucha, grupo o causa. Un cambio genuino implica la generación de alianzas intersociales, interculturales, interdisciplinarias e interclasistas. Debe de haber un piso mínimo de voluntades para que el diálogo que se propicie pueda ser transformador y enriquecedor.

 


Sobre la autora:

Raquel López-Portillo Maltos es licenciada en Derechos Humanos y Gestión de Paz por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Fue Coordinadora General de la campaña HeForShe de ONU Mujeres en su universidad y actualmente es Asociada del Programa de Jóvenes del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI). Se ha desarrollado en los sectores público, privado y de la sociedad civil en temas de seguridad, igualdad de género y educación.  Apasionada del flamenco, la fotografía y la literatura. A favor de: el derecho a elegir, el debate, las opiniones sustentadas y la igualdad de oportunidades. En contra de: la violencia, la ignorancia, la mediocridad y las mentes cerradas.

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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