Cosas de salud


Ricardo M. Salas

@segunricardo

“La salud universal es uno de los ecualizadores sociales más potentes entre todas las opciones de política pública”

—Dr. Margaret Chan, directora de la OMS

 

Justo como lo publicó Telokwento y muchos otros medios locales, ayer se dio la noticia de que el gobierno federal mexicano creará un nuevo organismo para darle cobertura médica a todos los ciudadanos y formalizar la situación laboral de unos 87,000 empleados. El secretario nacional de salud, el Dr. Jorge Alcocer Varela, dio el anuncio durante la conferencia matutina de Palacio Nacional, afirmando que el nuevo Instituto Nacional de Salud para el Bienestar (INSABI), ocupará el lugar del actual Seguro Popular y contará con un presupuesto de 40 mil millones de pesos para mejorar la atención médica de la población con “seguridad y humanismo”.

Aunque este tipo de anuncios son –de entrada– un buen paso hacia la creación de una red de protección social en México, no hay que olvidar que el anuncio viene después de meses de protestas por el desabasto en medicamentos y la falta de recursos para hospitales en todo el país como resultado de la política de austeridad del actual gobierno encabezado por el preside López Obrador.

Aunque no soy especialista en salud pública, hay varias cosas que decir al respecto: El hecho de que el gobierno de México se pronuncie por encaminar al actual sistema de salud por uno de cobertura universal es una gran noticia debido a que la evidencia ha mostrado que los países que invierten en salud para todos sus habitantes tienen mayores oportunidades de salir de la pobreza, mejorar su calidad de vida y explotar el potencial económico de su fuerza laborar (el Banco Mundial y la Organización Mundial de la Salud tienen un montón de reportes al respecto).

Sin embargo, es importante entender que en política pública, las buenas intenciones también cuestan, y que lanzar este tipo de programas –sobre todo uno tan ambicioso– generalmente requiere de mucho, mucho, dinero y una gran capacidad de acción en todos los niveles de la o las organizaciones que se encarguen de ejecutarlo.

Al descubieto: En México todavía 15.5% de los habitantes no tienen derecho a la salud. Fuente: Animal Político

Si bien el seguro popular cuenta con un presupuesto de hasta 72 mil mdp, algunos legisladores calcularon esta semana que el INSAPI necesitaría en realidad unos 147 mil mdp como mínimo para operar con eficacia. Y como como era de esperarse, el anuncio no le gustó a todos, varios miembros de la bancada del Partido Acción Nacional en la cámara baja se pronunciaron contra de la creación de este nuevo instituto, llamándolo un “Marduguete” y agregando que solamente Venezuela y Corea del Norte tienen esquemas similares.

 

Bottom Line

La verdad es que noticias como la creación del ahora Instituto Nacional de Salud para el Bienestar (INSABI) debería de ser bien recibida si consideramos que México es un país en donde casi 20 millones de habitantes no cuentan con acceso a servicios de salud, lo cual equivale a un 15.5% de toda la población en el país. En otras palabras, ese 15.5% de los ciudadanos en México no tiene forma alguna de desenvolver su potencial social y productivo porque no tiene cómo tratarse en caso de desarrollar alguna enfermedad; hay que considerar también que estos 20 millones de mexicanos se encuentran entre las bases de menor ingreso y mayor marginación.

Pero como hemos mencionado antes, el acceso universal a la salud suele implicar un costo altísimo para las finanzas públicas de cualquier país, y estos sistemas solo pueden ser sustentables en lugares en donde hay esquemas eficientes de recaudación fiscal y en donde hay índices bajos de informalidad laboral (en México alrededor de 6 de cada 10 trabajadores operan desde este sector). 

Otros países lo tienen entendido y han trabajado por décadas en construir sistemas de protección universal para la salud. Recuerdo que cuando vivía en Alemania me caí de una patineta –solo a mí se me ocurría andar en patineta a los 28 años de edad. Aunque la caída no fue lo suficientemente fuerte como para fracturar uno de mis brazos, tuve que ir al hospital para tomarme una serie de radiografías y obtener un tratamiento subsecuente.

A pesar de mi miedo por ver en cuánto saldría la cuenta o si habría algún tipo de deducible, no tuve que pagar absolutamente nada. Claro está que, además de que tuve mucha suerte y que la cuenta de mi imprudencia no representó un costo tan alto para el gobierno, hay millones pacientes con enfermedades graves y que necesitan tratamientos sumamente caros dependen de este tipo de esquemas públicos para recibir quimioterapias o medicamentos para padecimientos crónico-degenerativos. En otros gobiernos como España, los administradores de los hospitales están obligados a financiar tratamientos paliativos incluso cuando lo soliciten los doctores de pacientes terminales, incluso cuando éstos no tienen posibilidad alguna de sobrevivir. Sin embargo, eso también tiene un costo para el erario.

Low-hanging fruits: Los sistemas de salud universal son deseables, pero en muchos países son las soluciones más simples las que producen mejores resultados al corto plazo. Fuente: Brandsynario

Vivimos en una época en donde la revolución en genética y genómica (que no son lo mismo) permite la aplicaciòn de tratamientos especializados para enfermedades que antes eran incurables. Sería maravilloso que poco a poco todos los ciudadanos del mundo tuviéramos la tranquilidad de contar con un seguro médico universal como un derecho humano y acudir al servicio (público o privado) de nuestra preferencia. No obstante, en la mayoría de los países pobres y en desarrollo, son realmente las soluciones más simples como la distribución de redes para reducir la incidencia de malaria, otorgar estufas limpias para reducir la inhalación de humo al interior del hogar, el tener acceso a baños limpios y las vacunas contra la poliomielitis (como se muestra en el interesantísimo documental de Netflix sobre Bill Gates) pueden hacer una gran diferencia para la calidad de vida y la productividad de –literalmente–millones de personas.

Tener un sistema de salud universal es deseable y es el camino que todos los países deben perseguir con el tiempo, pero este tipo de esquemas requieren una implementación inteligente y unas buenas finanzas públicas, de otra forma, se vuelven sistemas incompetentes y se vuelven en barriles sin fondos que solo pueden financiarse con deuda o con una mayor recaudación fiscal.

 


Sobre el autor:

Ricardo M. Salas es comunicador especializado en política pública. Conduce un programa sobre emprendimiento en México y América Latina, y escribe sobre diversos temas de interés colectivo: salud pública, desarrollo sostenible, ciencia y tecnología, política y cultura popular. Fungió como analista político desde Alemania y ha entrevistado a algunos de los actores más influyentes de la agenda internacional. Es audiófilo por accidente y melómano de tiempo completo. Está a favor de: el estado de derecho. En contra de: la prepotencia, el nacionalismo y los extremos de la política de identidad. Puedes saber más sobre él en www.segunricardo.com

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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