Cuando la ficción nos alcanza


Luis León

Luis León

@luismaleon

 

El COVID-19 logró hacer lo que ninguna ideología partidaria, movimiento político o acuerdo internacional ha podido hacer con la humanidad: organizarnos. Sin embargo, es irónico que la máxima movilización global sea el confinamiento individual, retirarnos del espacio público, de la naturaleza y sus paisajes, del ser social. Además, es una contraproducente lección que coloca la reacción global tendida ante la amenaza y no a las causas que golpean día a día la integridad de las personas de manera bélica, discriminatoria o sepultan bajo los escalones de la desigualdad. Se llegó a estimar que más de 3,900 millones de personas se encontraron de manera simultánea dentro de sus hogares ante el riesgo de contagio. 

 

El entretenimiento nos lo advirtió en diversas presentaciones: novelas, películas, videojuegos que argumentaban la catástrofe global, pero cuando la ficción nos alcanza los valores que en un momento pertenecieron a la ociosidad y diversión se transcriben en posturas de miedo e inseguridad. Nos hemos acostumbrado a ser residentes de un mundo distópico a la espera del día del Juicio Final. Ya sea un colapso planetario por el Calentamiento Global, guerras del agua, virus mortíferos o un invierno nuclear.

 

Nos encontramos dentro de una estructura que combate y demerita cualquier aspiración fuera de la misma. Siendo conservadora y arrogante reparte un sentido común: somos más propensos a pensar antes en la estabilidad macroeconómica, que en las personas que trabajan esa misma economía. Bajo la misma línea, a pensar más en la militarización para contener la propagación del virus, que responsabilizarnos a no salir de casa ¿Realmente necesitamos un individuo armado para entrar en razón? Algunos piensan que sí. 

 

Los gobiernos se han visto superados, las empresas se han visto superadas, las sociedades se han visto superadas, los ejércitos se han visto superados. ¿Habrán previsto los Estados que los servicios públicos, especialmente  los de salud serían insuficientes para afrontar este tipo crisis? Ahora el debate entre la vida y la muerte se ha desapegado de las manos de Dios y recae en las de los doctores.

 

Se castigaron y castigan como ingenuas e infantiles las propuestas de llevar los bienes públicos a todas las personas, la racionalidad dicta que sería mayormente beneficioso colocarlos en un sistema de competitividad de precios y se dejó de pensar en que no todos pueden jugar este juego. Mientras tanto, algunos hacen trampa para usar sus ases bajo la manga: bajan aviones que vienen del Oriente Lejano a la Europa Occidental; o hasta aprovechan para concretar sus fines de cerrar fronteras impulsando su agenda ideológica de manera victoriosa. 

 

Para acabarla de “amolar” el confinamiento ha traído la fragmentación del espacio y tiempo, ahora existe un imaginario colectivo de seguir siendo productivos a pesar de las deterioradas condiciones que nos rodean. Los que fueron espacios de descanso hogareño durante los fines de semana ahora son archiveros de pendientes, tareas, trabajos, cálculos y especulación de nuestra propia eficiencia. La satanización de la ociosidad por parte del sistema de producción-crecimiento en la que vivimos nos hace encontrarnos en una ansiedad y angustia comprimida en cuatro paredes.

 

Y dentro de todo esto, fuimos testigos del clavado olímpico del 2020 que no se presentó en Tokio, sino en el mercado del petróleo. De acuerdo con un artículo de Benoit Faucon, publicado por The Wall Street Journal, el crudo de referencia global perdió tan sólo en el mes de marzo de 2020 el 55% de su valor dejando a 22 dólares el barril de “Oro Negro.” Para mitades del mes de abril el mundo entero entró en shock al saber que la mezcla calculada por West Texas Intermediate estaba en precios negativos de -2.73 dólares nunca antes vistos en la historia a causa del almacenamiento excesivo de barriles (o de nuestra motorizada visión de producir desmedidamente). 

 

No podemos seguir construyendo un presente que se paralice sobre el Fin de la Historia. Es el momento de voltear hacia el horizonte de las posibilidades, pensar en lo que conlleva una Utopía, un cambio. ¿Sería difícil pensar en modelos económicos, políticos y sociales alternativos de carácter global? En primera instancia deberíamos reconstruir la educación del deseo apegada a las nuevas tecnologías e innovaciones, pero también de la voluntad y el cambio político. 

 

Curiosamente, ante la pandemia la energía renovable se convirtió en un refugio para los inversionistas en un momento de volatilidad extraordinaria como menciona Russell Gold, también para The Wall Street Journal. España se replanteó la idea del ingreso básico universal bajo el argumento de recompensar ingresos a sus ciudadanos, el ministro de Seguridad Social, José Luis Escrivá sostuvo que llegaría a 1 millón de hogares. Una medida que además de ser contracíclica a la crisis, podría plantear un nuevo imaginario en las administraciones públicas, que favorecería a los y las trabajadores ante los declives de la demanda laboral y que les permitiría, en un futuro, tomar decisiones con base en la libertad económica (teniendo un ingreso predestinado) y no en la sumisión y opresión de la escasez.

 

Se han levantado las banderas del feminismo sobre las masculinidades anticuadas y antihigiénicas de los líderes globales. Jacinda Ardern, primer ministra de Nueva Zelanda, Angela Merkel, canciller de Alemania o Tsai Ing-wen, presidenta de Taiwán, le han mostrado al mundo que ser “hombre” no es sinónimo de ser racional y capaz para la toma de decisiones. Estas mujeres lograron aplanar las curvas de contagio y ubicar a sus países como modelos a seguir para afrontar la pandemia. Los resultados determinan bajos índices de mortalidad y contagios. A pesar de la constante actualización de casos, la federación alemana no supera la tasa de mortalidad de sus vecinos europeos; para el 27 de abril la laborista Adern mantenía a los neozelandeses con 1,189 contagios y tan solo 19 muertes, declarando: “hemos ganado la batalla”; mientras tanto, Tsai impuso ¡124 medidas! para contener al coronavirus y no optó por llevar al confinamiento a su población. ¿Qué hubiera pasado si para el siglo XXI más mujeres dirigieran países?

 

La idea hegemónica del sistema económico, político, social y masculinizado actual se deteriora. La pandemia global ha visibilizado sus vulnerabilidades y no podemos quedarnos en el ciclo de un pensamiento distópico. A lo largo de este acontecimiento surgieron alternativas dentro del mismo sistema, pero pueden ser una bisagra de entrada hacia nuevos modelos y su aplicación. Optemos por sacar lo mejor de la humanidad y no recaer en lo que nos lleva a estar confinados, no en nuestras casas, sino en nuestras mentes y en una sola manera de pensar. La puertas se abrirán en un mundo postapocalíptico y nuestra herramienta debe ser la siembra y la regeneración de ideas y acciones.

 

“Luego que Rafael hubo acabado de hablar, recordé muchos detalles que me habían parecido absurdos en leyes y costumbres de aquel pueblo […]  y aunque no puedo dar mi asentimiento a todo lo que dijo Rafael […] he de confesar fácilmente que hay en la república de Utopía muchas cosas que quisiera ver en nuestras ciudades. Es algo que más de esperar, deseo.”

 Tomás Moro, Utopía, 1516

 


Sobre el autor:

Luis León estudia Relaciones Internacionales en la Universidad Iberoamericana. Estuvo en Diseño Gráfico mientras decidía qué hacer con su vida. Ha colaborado con UNICEF, en la Clínica Jurídica Alaíde Foppa para refugiados y en Wikipolítica. Actualmente preside la Sociedad de Estudiantes de RRII y es asistente de investigación en el Departamento de Estudios Internacionales en la IBERO. Le gusta pintar, visitar museos y escuchar música. A favor de: Energías Renovables. En contra de: Xenofobia.

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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