De canciones y violencia


Raquel López-Portillo Maltos

@rak_lpm

 

“Por favor, solo quiero matarla, a punta de navaja, besándola una vez más” (La mataré, Sabino Méndez). “Si sigues con esta actitud voy a violarte, hey, que comienzo contigo y te acuso de violar la ley” (Contra la pared, Jiggy Drama). “La amaba pero tuve que matarla, tuve que ponerla seis pies bajo tierra y todavía puedo oírla quejarse” (I used to love her, Guns N´Roses). “A primera hora de la mañana rondaba por ahí, tomé una línea de cocaína y le disparé a mi mujer, me fui a casa y me metí a la cama y puse a mi amada 44 bajo mi almohada” (Cocaine Blues, Johnny Cash). “Yo quiero esta noche tener a la perra, viólala, viólala. Y si se pone loca y pide socorro pégale, mátala. Y después que la mate en partes córtala. La meto yo en bolsas de plástico negras y bótalas” (Viólala, Johnny Escutia)

Estos son solo algunos escalofriantes ejemplos de canciones populares, disponibles en diversas plataformas digitales, que explícitamente hacen referencia a actos de violencia contra mujeres. Hace unos días, este tema resurgió en México luego de que Spotify retirara la canción Safaera de Bad Bunny de su plataforma. Muchos atribuyeron esta acción al contenido misógino de su letra, aunque posteriormente se aclaró que se debió a conflictos de derechos de autor. Esto desató diversas respuestas en redes sociales pero una en particular escaló rápidamente hasta detonar. Ana Luz Sánchez Soto (@analuzsaso) expresó vía Twitter que mejor deberían de retirar la música del rapero Johnny Escutia. En un hilo aterrador evidenció los contenidos de sus letras que hablan sobre feminicidios, pedofilia, violaciones e incluso amenazas de asesinato. Este evento originó que Spotify eliminara su música, que el PRD denunciara a Escutia ante la Fiscalía General de la República y que Ana fuera amenazada de muerte. El desafortunado suceso reabre la interminable polémica entre la apología de la violencia y la libertad de expresión. 

Este debate continúa vivo por la discusión sobre la delgada línea que separa a la libertad y a la censura. Este cuestionamiento no es gratuito, pues cuando se intenta matizar el ejercicio de un derecho tan fundamental e imprescindible se corre el riesgo de sentar precedentes que abran paso a restricciones injustificadas. A fin de cuentas la expresión, en todas sus formas, es tanto subjetiva como necesaria. Sin embargo, uno de los puntos claves dentro de este matiz es tomar en cuenta lo que ocasiona lo  expresado. Si bien el artista o el comunicador tiene derecho a expresarse libremente, no se puede deslindar del todo de lo que ocasiona su mensaje. En otras palabras, este derecho absoluto se convierte en un derecho parcial si atenta contra la dignidad humana. 

En el caso planteado, la violencia sexual se encuentra inserta en una estructura que la acepta y la reproduce, volviéndola tan natural que se toma como parte de la realidad común. Como planteado por Sarah Projansky en su libro Watching rape: Film and Television in Postfeminist Culture, la violencia sexual y la cultura de violación son parte del mismo tejido del que se construye en la cultura contemporánea. Esto se debe en parte a que los medios de comunicación masiva dominan la realidad; en ellos concebimos lo que existe y nuestra forma de percibirlo. Este escenario da cabida a un ambiente en el que la violencia sexual contra las mujeres es normalizada y excusada en los medios y en la cultura popular. Y, a su vez, es perpetuada por el uso de lenguaje misógino, la objetificación del cuerpo y la glamourización de la violencia, generando una normalidad en donde la ficción y la realidad se vuelven indistintas. 

¿Qué hacer frente a esta situación? El problema principal recae en hacer efectivo el derecho a una vida libre de violencia, es decir, probar que la libertad de expresión está traspasando esa delgada línea, ya sea haciendo una apología de esas conductas o incitando a que su audiencia incurra en ellas. De acuerdo al derecho internacional, la forma más efectiva de hacer valer esta restricción sería apegándose al hecho de que el contenido o la acción excluye, restringe o atenta contra una persona basado en una categoría social. Sin embargo, en términos reales, y como ocurre con tantos delitos contra las mujeres, resulta extremadamente difícil comprobarlo ante la ley. Por su parte, se ha recurrido a soluciones punitivas, como buscar sancionar penal o administrativamente a quienes fomenten este tipo de contenidos. Si bien, pueden ser parte de una solución inmediata, si no son acompañadas de otras medidas que atiendan el problema estructural, es muy probable que resulten poco eficientes. 

Como puede verse, tanto el problema como sus posibles soluciones son sumamente complejos. Más allá del debate y lejos de una evaluación moral al respecto, es importante enfatizar cómo a través de distintos medios como la música, se está generando una asimetría de poder que abona a un ya severo clima de violencia contra las mujeres y cómo esto incide en la cultura social que la perpetúa. Por esta razón, se debe tener un posicionamiento claro y firme respecto a la violencia sexual y sus consecuencias.

 


Sobre la autora:

Raquel López-Portillo Maltos es licenciada en Derechos Humanos y Gestión de Paz por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Fue Coordinadora General de la campaña HeForShe de ONU Mujeres en su universidad y actualmente es Asociada del Programa de Jóvenes del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI). Se ha desarrollado en los sectores público, privado y de la sociedad civil en temas de seguridad, igualdad de género y educación.  Apasionada del flamenco, la fotografía y la literatura. A favor de: el derecho a elegir, el debate, las opiniones sustentadas y la igualdad de oportunidades. En contra de: la violencia, la ignorancia, la mediocridad y las mentes cerradas.

Mercedes Migoya58 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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