De derechos y epidemias


Raquel López-Portillo Maltos

@rak_lpm

 

Nos encontramos ante una historia conocida que recuerda a lo que vivimos con la influenza A(H1N1) alrededor del 2009; a lo que escuchamos en 2002 cuando el MERS se propagó en Medio Oriente; y a lo que hemos visto en películas de ciencia -no tan- ficción como “Contagio”, en donde Gwyneth Paltrow se convierte en la paciente cero luego de que un virus pasara de unas palmeras a un plátano, de un plátano a un murciélago, de un murciélago a un lechón, de un lechón a su esposo y de su esposo a ella. 

 

El escenario del Covid-19, mejor conocido como coronavirus, volvió a traer a colación el reto permanente que representan este tipo de enfermedades infecciosas; la vitalidad de las respuestas gubernamentales; y el papel de los medios en la transmisión de información al respecto. Se trata de una crisis cuyo desenlace aún está lejos de vislumbrarse, pero cuya gravedad es innegable. Hasta el momento, según datos de la Organización Mundial de la Salud, hay un total de 89,515 casos de contagio y al menos 3,045 muertes. 

 

Esta crisis ha sido abordada desde diversas perspectivas: desde la salud pública, el manejo de riesgos, la cooperación internacional, la geopolítica, la economía, la seguridad, entre tantas otras. Sin duda, una que no debe obviarse es la perspectiva de derechos humanos, puesto que cada decisión de las autoridades, cada tratamiento otorgado y cada nota publicada repercute directamente tanto en los derechos de las personas contagiadas como en los de la población en general. Organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch ya se han pronunciado al respecto, creando incluso una petición llamada China: respeta los derechos humanos en la respuesta al Coronavirus. 

 

Evidentemente, la garantía del derecho a la salud ha sido el más cuestionado. La epidemia tomó a todos desprevenidos, dejando en evidencia que aún los gobiernos más preparados cuentan con una enorme área de oportunidad en términos de una estrategia de prevención constante y una respuesta eficiente. Principalmente en Wuhan, aunque también en otras ciudades, los hospitales se encuentran colapsados y no hay suficientes recursos humanos y materiales para hacer frente a la situación. Esto deviene en una atención deficiente o completamente negada. Al caso de México, ya con cinco pacientes infectados, se le suma el desabasto nacional de medicamentos. Además, varios médicos han externado su preocupación respecto al mal manejo que se le está dando a los pacientes en cuarentena y el no poder operar con los insumos básicos.  

 

La aproximación más inmediata es la violación al derecho a la salud, sin embargo, en este episodio ha habido otras igualmente importantes que han agravado la situación. Una de ellas es la libertad de expresión. De no ser por la censura, minimización, amenazas e intimidaciones por parte del gobierno chino hacia médicos, periodistas y activistas, esta crisis se pudo haber contenido en gran medida desde un inicio. El totalitarismo en este país pretendió ocultar lo que ocurría para no exponer ante la comunidad internacional su falta de control. El caso más sonado fue el del doctor Li Wenliang, quien fue reprimido luego de externar sus temores sobre lo que podría detonar el nuevo brote y quien acabó muriendo por coronavirus. Las redes sociales están siendo útiles como contraparte al ocultamiento gubernamental. Sin embargo, a la vez se han difundido videos e información falsa que abonan a la paranoia social a nivel global. 

 

Dicha desinformación ha resultado a su vez en una vulneración de los derechos de las personas con rasgos asiáticos. Desde el comienzo de la epidemia, la opinión pública se ha conducido hacia prácticas discriminatorias en contra de este grupo de la población. Desde un rechazo en espacios públicos hasta ataques en las calles, los asiáticos han sido víctimas sin prueba alguna. Como respuesta, se ha viralizado el hashtag #ImNotAVirus para visibilizar lo que están pasando. 

 

Finalmente, sobra decir que toda enfermedad no escapa de la desigualdad. Las personas más marginadas y pobres son las más vulnerables. Así mismo, los ejemplos citados ponen en perspectiva cómo dichas conductas, además de atentar contra la dignidad humana y violentar los derechos humanos, han resultado insuficientes como mecanismo de control. Es innegable que la epidemia implica un reto fuerte en términos de acción y precisión. Sin embargo, se debe abogar porque toda disposición esté ligada a evidencia y que cada intervención sea proporcional y vele por no menoscabar los derechos de las personas afectadas. La epidemia del Covid-19 abre nuevamente el debate entre la gobernanza ante las crisis de salud pública vs la restricción de derechos individuales. La postura ganadora aún está por verse. 

 

 


Sobre la autora:

Raquel López-Portillo Maltos es licenciada en Derechos Humanos y Gestión de Paz por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Fue Coordinadora General de la campaña HeForShe de ONU Mujeres en su universidad y actualmente es Asociada del Programa de Jóvenes del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI). Se ha desarrollado en los sectores público, privado y de la sociedad civil en temas de seguridad, igualdad de género y educación.  Apasionada del flamenco, la fotografía y la literatura. A favor de: el derecho a elegir, el debate, las opiniones sustentadas y la igualdad de oportunidades. En contra de: la violencia, la ignorancia, la mediocridad y las mentes cerradas.

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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