De qué hablamos cuando hablamos de paz


Raquel López-Portillo Maltos 

@rak_lpm

 

El conflicto, traducido en diversas ocasiones en guerras, ha permanecido como una constante histórica. Sin embargo, las formas en las que se manifiestan las voluntades de sus participantes al intentar finalizarlo varían enormemente. Y con ello, varía también en gran medida cómo se concibe la paz bajo estos escenarios.

En fechas recientes, la paz ha estado en el centro de los encabezados. Por un lado, se dio a conocer que Donald Trump canceló las “negociaciones de paz” con los talibanes de Afganistán. Por otro, Iván Márquez, uno de los principales jefes guerrilleros de las FARC, anunció su decisión de retomar las armas, poniendo en jaque los pilares de paz firmados en el Acuerdo de La Habana. La naturaleza, ubicación, participantes y abordaje de ambos conflictos son diametralmente opuestos. Sin embargo, con sus respectivas diferencias y complejidades, comparten el hecho de que hay algo en la manera de abordar la paz que no está funcionando. Si en la antigüedad la pax romana era concebida como la ausencia de guerra, ¿cómo se concibe la paz  en la actualidad?

Sin duda, esta es un elemento que se busca dentro de todo Estado democrático. Sin embargo, como puede verse en los ejemplos explorados, en la actualidad la paz suele equipararse a una propuesta de reconfiguración de equilibrio de poder y no necesariamente a una reconfiguración del tejido social. Es decir, la visión de la paz moderna suele poner atención en los ámbitos territorial, militar, económico y político, todos éstos relativos a los intereses estatales, omitiendo cuestiones fundamentales como una verdadera reconciliación social proveniente de una negociación en las que se atienda a todas las partes. De esta forma, la brecha entre la estructura estatal y la sociedad se abre cada vez más, y con ella, la posibilidad de una paz genuina y duradera.

Esto resulta problemático en varios sentidos. Considero que la raíz reside en dos cuestiones: la primera, en generar procesos de paz jerárquicos e incompletos, en donde las reglas surgen desde las élites o desde los gobiernos sin tomar en cuenta a la totalidad de los actores; y la segunda, en establecer fórmulas generales de resolución de conflictos, cuando cada uno tiene sus propias particularidades. Esto genera que el fondo de la paz que se logre, si se llega a hacerlo, únicamente satisfaga los intereses de los Estados y no de su población. Además, dichos tratados o acuerdos suelen tener una naturaleza punitiva más que restauradora, al grado de parecer documentos donde se regula la guerra más que establecer nuevos términos de paz. Finalmente, no tomar en cuenta a las personas que están siendo directamente afectadas y sus necesidades genera un círculo vicioso difícil de romper.

En el caso afgano, no puede hablarse de negociaciones de paz si ni siquiera están participando todas las partes involucradas. En las conversaciones no han asistido víctimas, ni el gobierno del presidente Ashraf Ghani, ya que los insurgentes no lo reconocen como legítimo. Es fácil dialogar entre diplomáticos en la comodidad de una sala de juntas a kilómetros de distancia, sin haber presenciado o haber sido testigo del sufrimiento de muchos al perder a su familia o a un compañero en la batalla. En este punto, se trata meramente de una negociación política en la que se está demostrando quién tiene el poder y quién logra el control del territorio. No puede hablarse de un compromiso con la paz si los ataques continúan día con día y si la prioridad no está centrada en las víctimas.

El caso colombiano fue muy innovador, al ser de los pocos procesos de paz en los que se puso a las víctimas como elemento central. Tras tantos años de dolor, su principal misión fue dar vuelta a la página mediante los principios de verdad y no repetición. Sin embargo, a un año del gobierno del presidente Iván Duque, se ha obstaculizado el cumplimiento de dichos acuerdos, principalmente en los puntos que tienen que ver con las víctimas, como la Comisión de la verdad, la Unidad de búsqueda de desaparecidos, la jurisdicción especial de paz, la creación de curules especiales para víctimas y el proyecto de promoción de participación ciudadana. El proceso no falló; sin embargo, la puesta en marcha sigue recayendo en la voluntad política.

Si bien, han surgido corrientes que buscan la construcción de la paz desde la sociedad, resulta interesante repensar cómo siempre se ha visto al Estado como el que tiene el monopolio del uso de la violencia, pero en pocos casos se le concibe o se presenta a sí mismo como aquella figura que busca la paz.

Considero que ambos ejemplos propician la reflexión respecto a cómo puede empezar a construirse un concepto de paz horizontal que provenga desde y para las personas. Pese a que en ocasiones tenemos claro el qué, falta mucho por discutir el cómo. La paz es un concepto muy complejo, tanto teórica como prácticamente, y debe comenzar a vérsele no en términos absolutos en donde se estará libre de conflicto, sino en términos de metas y avances que deben ir alcanzándose. La paz y el desarrollo son elementos indisociables que implican no solo la ausencia de guerra o el acceso a recursos básicos, sino también cuestiones como la seguridad y el bienestar. Por último, resulta fundamental ir dotando a los procesos de significado según las necesidades propias de las sociedades y comunidades para que en verdad puedan funcionar. Solo así podrá comenzar a construirse una senda en la que la paz sea posible de formas más diversas e inclusivas.

 


Sobre la autora:

Raquel López-Portillo Maltos es licenciada en Derechos Humanos y Gestión de Paz por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Fue Coordinadora General de la campaña HeForShe de ONU Mujeres en su universidad, así como articulista en la revista digital Observatorio DH. Se desarrolló como Analista de Inteligencia en la consultora internacional Pinkerton y actualmente labora como Coordinadora de Proyectos Especiales en Fundación Por México. Apasionada del flamenco, la fotografía y la literatura. A favor de: el derecho a elegir, el debate, las opiniones sustentadas y la igualdad de oportunidades. En contra de: la violencia, la ignorancia, la mediocridad y las mentes cerradas.

Mercedes Migoya1 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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