Despertares


Ricardo M. Salas

@segunricardo

“Wake Up!”

—Chop Suey! System of A Down.

 

Un famoso refrán dice que cada quien habla como le va en la feria. En los tiempos del SARS-CoV-2 – nomás la peor emergencia sanitaria que se ha visto en más de un siglo – lo mismo es cierto para el encierro voluntario (o no, depende de las medidas impuestas en tu país) al que millones de personas se están sometiendo en todo el mundo. Mientras a algunos les ha dado por echarse Tiger King y vaciar la interminable lista de series en Netflix, otros se han visto forzados a reinventar sus negocios, su carrera, o ponerse un poco más en contacto con su lado espiritual. 

 

Algunos otros, particularmente las mujeres, están siendo víctimas de una violencia doméstica sin precedentes, mientras que miles de millones más simplemente no se han podido dar el lujo de pasar la cuarentena en casa, ya sea por la naturaleza de su trabajo (si es que lo tienen) o por los grandes cambios económicos y hasta geográficos – piensen en los rohingya en Bangladesh o en aquellos cuyo trabajo dependía en el libre tránsito entre fronteras que hasta hace algunos meses era incuestionable. Muchos lo han advertido y la mayoría de las ONG’s mantienen que la crisis del coronavirus está poniendo cada vez más en evidencia los efectos sociales que tiene la desigualdad económica, particularmente en países en donde estos índices son extremos (si te interesan los temas técnicos sobre esto, vale la pena familiarizarse con el índice Gini que utilizan los economistas y hacedores de política pública para medir la desigualdad en una sociedad determinada). 

 

Yo por mi parte me he tratado de alejar lo más posible de las noticias diarias y procuro solamente leer las tendencias a nivel macro a través de semanarios o newsletters para evitar los síntomas de la “infoxicación” a la que mi mentor y amigo Jorge Aguayo siempre hace referencia. Soy propenso a la ansiedad desde que tengo uso de razón, por lo que procuro consumir podcasts o videos que tranquilicen mi mente mientras estoy realizando alguna otra tarea. Y sí, aunque para algunos sean autores muy choteados, confieso que peco de haberme echado ya decenas de los choros filosóficos y políticos de gente como Russell Band, Yuval Noah Harari y hasta Eckhart Tolle (sí, el del “Poder del Ahora” que siempre ves en Sanborns). 

 

Sin embargo, fue una idea que escuché del mismo Eckhart Tolle en una entrevista con el comediante Dave Rubin que me hizo pensar en la consciencia como un fenómeno no solamente interesante, sino crucial en los tiempos del COVID-19. Tolle hace énfasis en que la gente tiende a ser irracional, violenta o impulsiva, o simplemente a ceder a sus impulsos más primitivos cuando no está siendo plenamente consciente de lo que su mente está pensando en cualquier momento determinado. 

“Tu mente es todo lo que tienes”: Sam Harris y una buena parte de los pensadores contemporáneos nos recuerdan la importancia de la consciencia colectiva y entender que no somos nuestros pensamientos. Imgen: Adaa

 

Este concepto no es suyo, por supuesto, es prácticamente la premisa fundamental de cualquier doctrina espiritual no-religiosa (en incluso de muchas doctrinas gnósticas), pero Tolle lo menciona de una forma muy curiosa. En su entrevista, comenta con Rubin que cuando una persona comete un crimen, un acto malvado o dice algo que no debería a sabiendas de que sus acciones son perniciosas, lo hace en una ausencia total de consciencia, o en otras palabras, en un impulso en el cual la persona no está plenamente despierta y pendiente de sus acciones, está actuando de acuerdo a un impulso total y absolutamente visceral. Lo más interesante es que Tolle menciona que a pesar de que la gente comete algunos de estos actos de forma inconsciente – en toda la extensión de la palabra – el ser humano debe de ser irresponsable por esta misma inconsciencia, y de ahí la importancia de que los criminales y gente que ha causado daño a otros pague una penitencia por el daño que haga a los demás. 

 

De alguna forma u otra, muchos de nosotros también nos vemos obligados a enfrentar la inconsciencia y a despertar al ser conscientes de nuestros estados anímicos, la forma en la que disponemos de nuestro tiempo y cómo nos relacionamos con los demás que comparten nuestro mismo espacio. Nada fácil, por supuesto, pero muy necesario. No tengo ninguna respuesta ni soy alguna especie de gurú espiritual, solo soy un ciudadano más que ha tenido el privilegio de poder trabajar en cierta medida desde casa. Esta cuarentena me está dejando con más preguntas que respuestas, pero lo que es muy seguro es que, en mayor o menor medida, es un buen momento para mirar hacia adentro y replantear todas los aspectos de la vida diaria que antes dábamos por sentado. 

 

Este concepto del despertar y ser absolutamente consciente por el estado físico y mental del individuo también resonaba conmigo después de los comentarios de mi madre, quien acababa de leer la autobiografía del famoso neurólogo británico Oliver Sacks On The Move, y en donde menciona el caso que dio pie a la gran película Despertares (estelarizada por Robin Williams y Robert De Niro) en donde el neurólogo logró recuperar la consciencia – aunque de forma temporal – de una serie de pacientes afectados por este virus que azotó a la población mundial hace un siglo. 

 

Tengo demasiadas ideas a esta altura del texto, aunque supongo que aquí la lección es que, en palabras del filósofo Sam Harris, “nuestra mente es todo lo que tenemos” y es el mejor recurso que tenemos en una emergencia. De ahí la necesidad de cuidar la forma en la que cuidamos, alimentamos y ponemos a trabajar a nuestro cerebro en tiempos de la peor crisis de salud pública que hemos visto en generaciones. 

 

Como menciono, no soy ninguna referencia o modelo a seguir en este aspecto, tengo pésimos hábitos de sueño, tomo más café del que debería, no soy particularmente constante con el ejercicio y tiendo a sobre estresarme por cualquier detalle referente al negocio que estamos construyendo. Pero bueno, somos humanos, y con gusto dejo estas lecciones sobre la mesa para alimentar la conversación pública en tiempos en donde quizás ya tenemos demasiada información. 

 

Quizás lo que necesitamos es más conversaciones con base en la información adecuada. ¿Y por qué no? Voltear a ver las cosas simples y mundanas de la vida, que al fin y al cabo, son lo que hace la vida misma. ¿Por qué no aprender a hacer un huerto en casa? Construir aquél librero que siempre quisiste, ¿aprender a cocinar comida Thai? Cada quién sabrá qué hacer con su tiempo, supongo que la importancia es hacerlo de forma consciente. 

 

Gracias por la paciencia

Por último, una disculpa a los lectores de esta columna que estaban acostumbrados a leerla con una periodicidad semanal. Como la mayoría de la gente, hemos tenido que reinventarnos y llevar nuestro modelo de negocio a uno 100% en línea, algo que ha resultado más retador de lo que pensamos en nuestra pequeña academia de programación y habilidades digitales

Afortunadamente hemos podido llenar nuestros cursos a través de una nueva división para niños y adolescentes que parece estar dando frutos mientras los padres comienzan a buscar más actividades para que sus hijos usen su tiempo productivamente durante este encierro en casa. Gracias a la editora de esta columna por su paciencia y disposición por seguir publicando mis textos, a mi socio por su paciencia por ver los frutos de nuestro trabajo y a MariToni Aguirre, quien está haciendo un esfuerzo extraordinario por hacer crecer nuestra marca en uno de los momentos más complejos para la educación en América Latina.

 


Sobre el autor:

Ricardo M. Salas es comunicador especializado en política pública. Conduce un programa sobre emprendimiento en México y América Latina, y escribe sobre diversos temas de interés colectivo: salud pública, desarrollo sostenible, ciencia y tecnología, política y cultura popular. Fungió como analista político desde Alemania y ha entrevistado a algunos de los actores más influyentes de la agenda internacional. Es audiófilo por accidente y melómano de tiempo completo. Está a favor de: el estado de derecho. En contra de: la prepotencia, el nacionalismo y los extremos de la política de identidad. Puedes saber más sobre él en www.segunricardo.com

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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