Di no a la mordida. En serio.


Ricardo M. Salas

@segunricardo

 

La integridad, la transparencia y la lucha contra la corrupción deben ser parte de la cultura. Deben ser enseñados como valores fundamentales. 

-Ángel Gurría, Secretario General de la OCDE.

Lo que estoy escribiendo (y el tiempo invertido en estas líneas) podrá ser un esfuerzo inútil para muchos y hasta ingenuo para muchos otros. Quizás lo sea, no tengo certeza, pero en días como estos, siento una obligación moral de poner mi granito de arena para que este país cambie –para bien.

Mi familia y yo adquirimos un automóvil nuevo este año y el día de ayer me dirigía a realizar la verificación del vehículo –trámite que determina el nivel de emisiones del automóvil y los días que éste debe circular. Momentos antes de llegar a mi destino, fui detenido por dos oficiales de tránsito de la CDMX, bajo el pretexto de que no tenía la verificación correspondiente.

—¿Me puede enseñar su verificación, joven?

—No la tengo, justo voy a sacar la primera del auto — le respondí al policía.

—Es que hoy no circula, ¿sabe cuál es la sanción por eso? Tenemos que llevarlo al corralón y ya sabe…, apuntó el oficial.

Así empezó una pequeña aventura de una hora y media que seguramente muchos mexicanos han experimentado anteriormente. Ante la amenaza de la potencial sanción y el hecho de que mi auto quedara inmovilizado, los oficiales me preguntaron si no quería que me ayudaran con “un pase” para que no me volvieran a parar rumbo al verificentro, a cambio de darles la mitad del costo de la multa.

Al negarme a cooperar con la “aceitadita”, los oficiales me preguntaron –un tanto perplejos– si estaba seguro de lo que estaba haciendo, y que tendrían que quitarme el auto y hacerme la vida imposible. “No me importa, usted haga su trabajo, fue mi culpa, no me acordaba que hoy no circula el coche”, le insistí. Acto seguido, los policías comenzaron a escoltarme rumbo al depósito vehicular, con alguna esperanza de que con suficiente presión les diera algo de dinero en efectivo.

Claramente no lo recordé a tiempo, pero la ley que en la Ciudad de México y Área Metropolitana, los automóviles con permiso para circular deben descansar un día a la semana (martes, en mi caso). No es, sino hasta realizar la primera verificación, que el auto obtiene un holograma que lo acredita para circular todos los días, mejor conocido como “doble cero”.

La gran ironía de todo es que los oficiales me escoltaron a poco menos de un kilómetro del centro de verificación de autos de la localidad, pero en esperanzas de que me rindiera y les diera algo de dinero en el último momento. Un tanto exasperado, me ofrecí a llenar los tanques de gasolina a los dos motociclistas si éstos me escoltaban al verificentro (ya a menos de cinco minutos) para poner el auto en regla en ese mismo momento, pero se rehusaron a pesar de mi intento de llegar a una solución que no implicara darles dinero.

La corrupción tiene distintas caras y formas, desde el tráfico de influencias hasta el soborno a la autoridad. Todas ellas demeritan el desarrollo institucional de un país. Imagen: CELAG Argentina

Terminé bastante enojado de toda esa experiencia y salí fúrico cuando recordé que el auto estaba a nombre de una persona moral, por lo que no solo tendría que quedarse unos días en el corralón, sino que tendría que venir el representante legal conmigo a sacarlo, una doble molestia. Poco después, recordé que todo esto había sido culpa mía y de nadie más. “Era tu responsabilidad saber”, me decía en mi cabeza. La ley es suficientemente absurda, pero la ignorancia cuesta y prefería pagar la multa por más en desacuerdo que estuviera con el reglamento vehicular. 

Además, he escrito incontables veces sobre la integridad, el valor de responsabilizarnos por nuestras acciones al máximo (“Extreme Ownership”, Telokwento), y la necesidad de ser congruentes con lo que criticamos. Entiendo los múltiples factores e incentivos que provocan que los policías se pongan a cazar sobornos: paga insuficiente, malas condiciones laborales, amenazas del crimen organizado y pocas opciones de crecimiento profesional, entre muchas otras. Y… si ellos ya son corruptos y todo mundo da mordida, ¿por qué no darles dinero y salir del apuro? Porque la corrupción destruye, pudre a los seres humanos, tiene consecuencias sistemáticas y actúa en detrimento de pequeños esfuerzos que han hecho los mexicanos para que éste se vuelva (muy lentamente) un país de instituciones, más que una nación de caudillos y políticos mesiánicos.

El martes pasado estuve presente durante la publicación del último Índice de Desarrollo Democrático de México, elaborado por la fundación Konrad Adenauer, en colaboración con la USEM, el INE, CEPOS y Polilat. Éste iba a ser originalmente el motivo de esta columna, pero no pude evitar escribir sobre lo ocurrido con mi auto.

Sin embargo, hay algunas similitudes entre los resultados de este índice y la corrupción, que creo que pueden ser relevantes en este espacio. No es de sorprender, pero las entidades con mayores avances en inclusión y participación democrática son: Aguascalientes, Baja California Sur, Yucatán, Querétaro, Ciudad de México, Coahuila, Nuevo León, San Luis Potosí, Coahuila, Sonora e Hidalgo (IDD MEX, 2020). La capital es la única excepción que cuenta con altos índices de participación democrática y altos índices de corrupción. Salvo por esta excepción a la regla, los estados con mayores índices de corrupción percibida, son también en dónde hay una menor participación democrática. El la última edición del Índice Mexicano de Corrupción y Calidad Gubernamental por la organización México Social (2019) aparecen Tabasco, Oaxaca, Puebla, Estado de México, Morelos, Guerrero y Veracruz como los estados con mayor corrupción percibida en general, todos ellos han logrado el menor progreso democrático en los últimos años en el país. 

 

¿Cuánto participan los mexicanos?: La fundación Konrad Adenauer durante la presentación del Índice de Desarrollo Democrático de México en la Ciudad de México. Imagen: Ricardo M. Salas

Una de las primeras reglas de las ciencias sociales es que la correlación entre dos variables no implica una causalidad. Pero quiero imaginar que los estados en donde hay mayor corrupción, son también aquellos en donde la gente cree en menor medida que las acciones individuales puedan lograr un cambio en su comunidad. “El voto es increíblemente poderoso” recordaban los presentadores del Informe de Desarrollo Democrático de México hace unos días. Y es absolutamente cierto, el voto empodera al ciudadano y le da un arma tremendamente efectiva para poder elegir la calidad de representantes que éste quiera tener.

Nuestras acciones diarias tienen el mismo peso, nuestra relación con la autoridad y las decisiones públicas que tomamos a diario también tienen un efecto en nuestro entorno. Así como el voto, una declaración personal tiene un peso muy pequeño entre los 120 millones de personas que habitamos en este país, pero esas personas organizadas pueden hacer cambios verdaderos, transformar realidades, tumbar gobiernos y exigir mejores (o peores) políticas públicas.

“La democracia no termina solo el dia de la votación, se construye todo los días con nuestras acciones”, solía escribir Pascal Beltrán del Río (parafraseado) cuando yo trabajaba como conductor para el periódico Excélsior. Nada más cierto que esto. Seguramente me tome más tiempo y dinero recoger mi auto esta semana. Pero… ¿con qué cara puedo escribir sobre la integridad y las mejores prácticas si yo mismo soy cómplice de una corrupción que le cuesta tanto a nuestro país?

Ya basta. Si no nos organizamos como sociedad civil para construir un México mejor, nadie lo hará, y estaremos heredando a nuestros hijos aquellos males enraizados desde tiempos de la colonia. Seamos más participativos, nuestras acciones importan, e importan mucho. Enséñales a tus hijos, a tus colegas y a tus amigos a decir NO –tajantemente– a la corrupción. Nuestro país lo vale.

 


Sobre el autor:

Ricardo M. Salas es comunicador especializado en política pública. Conduce un programa sobre emprendimiento en México y América Latina, y escribe sobre diversos temas de interés colectivo: salud pública, desarrollo sostenible, ciencia y tecnología, política y cultura popular. Fungió como analista político desde Alemania y ha entrevistado a algunos de los actores más influyentes de la agenda internacional. Es audiófilo por accidente y melómano de tiempo completo. Está a favor de: el estado de derecho. En contra de: la prepotencia, el nacionalismo y los extremos de la política de identidad. Puedes saber más sobre él en www.segunricardo.com

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password