¿Dónde está la mamá de López Obrador?


Maite Belausteguigoitia

Maite Belausteguigoitia

@maitebelausteguigoitia

 

López Obrador no tiene madre, ni resucitándola tiene remedio. Ojala la Rosa de Guadalupe cumpliera un milagro: traer del más allá a esa señora que arrojó a esta bendición al mundo y así acusarlo “Doña, el “fuchi guacala” fracasó. Nadie está portándose bien, ni siquiera su hijo. Rompió casi todas sus promesas de campaña, al menos queda la amnistía a los líderes de los cárteles. Nunca regresó al Ejército a los cuarteles, los multiplicó y ahora las calles son un campamento militar. Los militares atraparon a uno de los Chapitos, después las cosas se pusieron tensas y lo liberaron. “Jálele las orejas, déle un zape, acúselo con el abuelo, el bisabuelo, el tatarabuelo… Dígale que ya no quiere sufrir, así se porta bien y de paso dejamos de sufrir todos. Solo usted puede detenerlo, métale velocidad. La maquinaria estatal va a tronar y urge meterle quinta a la transformación.” 

 Ella muerta de espanto por las travesuras de su criaturita, menearía rápido y furioso sus caderas tabasqueñas en dirección a los Pinos y le daría un santo chanclazo.  Ese súbito golpe de la vida maduraría a nuestro caprichoso tlatoani y lo empujaría a la congruencia, él sacaría a la Guardia Nacional para seguir sus propios consejos de “abrazos, no balazos”.  El pueblo de México sería feliz, feliz, feliz, al dejar de ser abatido por el Ejército y el narcotráfico, finalmente las alucinaciones presidenciales coincidirían con la realidad. México sería la capital de felicidad ante los ojos del mundo, nuestra magia sería la envidia de Islandia, Finlandia y Disneylandia. El Ángel de la Independencia se demolería para poner la estatua de oro de Manuela Obrador, heroína nacional que frenó el apocalipsis de la 4T. 

Según AMLO, alguien puede optar por el camino del bien y cambiar radicalmente sus acciones cuando lo acusas con su mamá. Todavía no sé si la resurrección de Manuela es más probable que la congruencia de su hijo, la crisis del país es tan profunda que se necesita más que militares, regaños y chantajes. Tal vez el problema más grave es que no hay con quien acusar. ¿Qué madres, padres y abuelos sostuvieron a esos seres que ahora revientan en violencia?, ¿alguien los sostuvo alguna vez? Esa propuesta es una doble ingenuidad, primero por su evidente ineficacia y segundo porque la violencia revela el fracaso de los lazos sociales que debían de garantizar el bienestar y el desarrollo de las personas. 

Esa es la raíz del fracaso de la guerra contra el narcotráfico, evitar analizar el fenómeno desde su complejidad y brindar soluciones que respondan de forma integral y permanente al problema. El pasado 17 de octubre el gobierno de AMLO tuvo su derrota más importante frente a la guerra del narcotráfico, la captura y liberación de Ovidio Guzmán. El tomar de rehenes a los soldados y el arriesgar las vidas de la población civil fueron las razones por las cuales el Ejército liberó al hijo del Chapo, la decisión fue profundamente criticada a nivel nacional e internacional. “Vale más la vida de las personas que la captura de un criminal” fue la respuesta que dio el presidente frente a las críticas.  

Según Edgardo Buscaglia, experto internacional en temas de seguridad , la liberación de Ovidio fue la decisión correcta para impedir la masacre de militares y civiles. No obstante, esta decisión reveló la inexperiencia de las fuerzas armadas en la falta de planeación, la falta de apoyo aéreo, el escaso número de efectivos y el bloqueo de dispositivos de comunicación. El Cártel de Sinaloa se encuentra entre las tres organizaciones criminales más peligrosas del mundo, según el investigador era imposible detener con 30 efectivos a un narcotraficante del nivel de Ovidio Guzmán. Asimismo, el investigador cuestiona la formación de los funcionarios de seguridad y su capacidad para resolver este problema, manifiesta que la estrategia de este gobierno comparte las mismas fallas que los dos gobiernos anteriores. 

Además, Buscaglia declaró que no se han llevado a cabo mecanismos de desmantelamiento patrimonial para debilitar financieramente a los cárteles. El Cártel de Sinaloa tiene redes empresariales en Europa y en las Islas Caimanes, en México tiene vínculos con más de 100 empresas agropecuarias y emplea a seis empresas para la importación de armas. Su propuesta para solucionar el problema es la creación de grupos interinstitucionales coordinados por un juez de control, donde participe la Secretaría de Seguridad y el Servicio de Administración Tributaria y Aduanas, tal como se realiza en 67 países del mundo. 

La pregunta no es si la liberación de Ovidio fue acertada, la cuestión es por qué  

después de 13 años de guerra emplean las mismas estrategias que ponen en riesgo la vida de la gente. Desde la militarización del país han asesinado al menos a  250 mil personas y 40 mil desaparecidos, las fuerzas armadas son responsables de masacres, tortura, ejecuciones extrajudiciales y violaciones sexuales a mujeres. Existen ejemplos internacionales a nivel internacional que muestran cómo las políticas de “mano dura” incrementan la violencia, tal es el caso de El Salvador, Honduras y Guatemala. Si el gobierno quiere proteger a la población y existe amplia evidencia de que la militarización la pone en riesgo ¿cuáles son los verdaderos motivos detrás de esta estrategia?  

Es sospechoso que la guerra solo “proteja” a la población de la violencia de los cárteles y no de los crímenes del Estado. Si la seguridad y el bienestar ciudadano fuera una prioridad de esta estrategia, no habría lugar para la impunidad por las violaciones cometidas por el Estado. Una investigación de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos encontró que de 505 casos de violaciones a derechos humanos entre el 2012 y 2016, solo 16 obtuvieron una condena. Sin duda se tiene que intervenir de forma inmediata y contundente para frenar la violencia de los cárteles, pero eso no excusa la rendición de cuentas del Estado en el marco de esa lucha.  

Coincido en elegir a las vidas de las personas por encima de la captura de cualquier capo, pero esos dilemas podrían ahorrarse con una estrategia más inteligente y segura contra el narcotráfico. La cacería de los narcos es una historia sin fin, donde en cada “triunfo” se multiplica la fuerza de los cárteles y su violencia. El campo de guerra tendría que ser también la política y no solo  las calles, dejar las armas para investigar y desarticular los vínculos entre la política y el narcotráfico. Esa es una manera debilitar al narco desde lo estructural, sin vulnerar la seguridad y los derechos de la población.  

López Obrador ha demostrado incongruencia y falta de claridad frente al tema de seguridad en México. En campaña prometió la desmilitarización del país, al asumir el poder anunció la creación de la Guardia Nacional y a su vez declaró que en México “ya no hay guerra”.  La Guardia Nacional despertó una polémica importante desde las recomendaciones de organizaciones nacionales e internacionales que se oponían y hasta  los reclamos de los policías que iban a incorporarla.  La falta de capacitación y leyes para regularla representan una situación de riesgo para la población. 

El operativo del 17 de octubre para capturar a Ovidio Guzmán dio cuenta de la subestimación del gobierno frente a la problemática de la violencia, lamentablemente el Cártel de Sinaloa demuestra un mayor nivel de profesionalización que las fuerzas armadas. 

López Obrador sigue sin reconocer el fracaso de su política de seguridad, continúa minimizando la crisis,  culpando a los gobiernos anteriores y a la prensa. La demagogia de AMLO es cada vez menos efectiva para manipular a la masas, el incremento exponencial de la violencia revienta la fragilidad de sus discursos y evidencia su falta compromiso hacia el pueblo. 

AMLO tiene más talento y experiencia en las campañas que en la Presidencia, hoy para ser popular necesita resultados y no discursos que desmientan violencia. Tiene en sus manos a un país desangrado, su gobierno tiene la responsabilidad de sanar las viejas heridas y evitar nuevas. Su obligación es orientar todos sus esfuerzos para lograr esa tarea tan compleja y honorable, si falla lucharemos por hacer justicia. Si gana la impunidad, solo queda acusarlo con su mamá.

 


Sobre la autora:

Maite Belausteguigoitia es psicóloga, maestra en derechos humanos y próximamente comenzará un doctorado en psicología en la Universidad de Buenos Aires. Tiene experiencia profesional en el Centro de Investigación del ITAM y en consultoría de empresas.
Desde el ámbito psicológico ha trabajado con poblaciones en condiciones de vulnerabilidad como niños, niñas, adolescentes, mujeres indígenas, personas con discapacidad, entre otros. Le interesan los temas de psicoanálisis, salud mental, derechos humanos, infancia y género. A favor de: el pensamiento crítico, el arte como un arma de transformación subjetiva y social, modelos de desarrollo con un enfoque derechos y construcción para la paz. En contra de: el dogmatismo, el racismo, el machismo, la violencia en todas sus formas y la hipocresía.

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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