Dos visiones de la riqueza y el poder


Ricardo M. Salas

@segunricardo

 

“La buena publicidad es preferible a la mala. Pero poniéndolo en perspectiva, la mala publicidad a veces es mejor que ninguna. La controversia, en corto, vende.”

—Donald J. Trump, Trump: The Art of the Deal

¡Qué maravilla son los audiolibros! Y qué tiempos los que vivimos, porque, por primera vez en la historia tenemos acceso a (prácticamente) toda la información producida por la humanidad en la palma de nuestras manos. ¿No tienes tiempo para leer? ¡No hay problema! Internet te tiene una síntesis de ese libro que te daba flojera acabar. ¿Vas al volante? No worries! Amazon te tiene una versión hablada de todos los best-sellers en el mercado. Ya no hay pretextos para el que quiera aprender cosas nuevas.

La vida se ha vuelto más compleja y, sin duda, ahora el trabajador promedio pasa más tiempo atorado en el tráfico y tiene el estado de conexión permanente que garantiza el internet de las cosas que nos quita cada vez más tiempo para nosotros, el famoso “me time” del cual tanto se habla en el mundo angloparlante. Mucha gente con un buen sentido de disciplina aprovecha su tiempo de ocio para leer, mi amigo Iñigo Diego-Fernández —por ejemplo—, es uno de los lectores más voraces que conozco, y espero que algún día haga una columna recurrente para aprender de todo lo que ha acumulado en tantos años inmerso entre páginas. Bueno, ahora vamos al grano. 

Menciono a los audiolibros porque últimamente me la he pasado escuchando algunas biografías durante mis trayectos en la caótica gran Tenochtitlán (la antigua Ciudad de México, para quienes leen esto desde afuera). Me gusta la idea de leer biografías porque nos permiten revivir vidas de otras personas cuyos errores, aciertos y experiencias nos pueden ayudar a vivir con mayor plenitud, y con algo de suerte, entender mejor el mundo en el que vivimos. 

Durante estos días terminé la primera pseudo-memoria de Donald Trump —digo “pseudo” porque The Art of the Deal (de 1987) es una serie de recuentos autobiográficos del mismo Trump, pero que fueron llevados al papel por el periodista estadounidense Tony Schwartz. A juzgar por sus expresiones como presidente de los Estados Unidos, no puedo imaginar a Trump escribiendo sus memorias con tal dedicación y rigor literario, era de imaginar que necesitaría un poco de ayuda profesional. 

No mucho tiempo antes, terminé también la primera biografía de otro magnate, el británico Sir Richard Branson, quien en Losing my Virginity —ya hay otra versión más nueva llamada Finding My Virginity— comparte algunas de las etapas más memorables de su vida, desde su niñez, hasta sus primeros pasos como empresario, filántropo y aventurero. 

Lo que me llamó la atención, después de meditarlo por algunos días, son las importantes diferencias y perspectivas de vida que estos dos empresarios (ambos “self-made men”) muestran en sus biografías. Sorprendentemente, los dos tienen algunos rasgos en común: Trump y Branson confiesan seguir haciendo negocios por diversión, ya que tienen más dinero del que jamás necesitarán en la vida, y ambos demuestran una clara pasión por el trabajo y  un liderazgo que ha sido capaz de colocarlos entre las élites empresariales de las últimas décadas. 

Trump provino de una familia acomodada y un padre relativamente acaudalado para su época, mientras que Branson emanó de una familia británica de clase media. Sin embargo, ambos demostraron a muy temprana edad que tenían una gran ambición por poner su nombre en el mapa, un gran olfato para grandes oportunidades de negocio por venir, y una gran valentía para romper las reglas y hacer su propio imperio cuando muchos otros contemporáneos preferían “jugarla seguro” y meterse a un trabajo corporativo para recoger su pensión décadas después.

“Donald Trump gets what he wants”: Donald Trump se convirtió en el símbolo del éxito empresarial y la ambición en los negocios de toda una generación desde los años setenta y ochenta en EEUU. Imagen: Graydon Carter para GQ

Si bien ambos hombres demuestran cualidades admirables a lo largo de sus biografías, hay también algunas grandes diferencias sobre su comportamiento y visión de la vida que, creo, vale la pena mencionar. 

En “El arte de vender” Trump se vanagloria con haber construido la Trump Tower de Nueva York y su atrio con el mejor de los mármoles de Italia, incursionar en el fútbol americano profesional como dueño de los New Jersey Generals, y haber rescarado la pista Wollman de patinaje en Central Park debido a la incompetencia del gobierno neoyorquino, entre otros grandes proyectos empresariales sin precedentes.

Branson, por su parte, relata sus humildes inicios como un joven y despreocupado editor con la revista Student, su ascenso como dueño de la compañía discográfica Virgin Records, y eventualmente como propietario de una aerolínea internacional, a la que trataría de darle publicidad queriendo romper varios récords mundiales de velocidad y pericia (Branson y su compañero sueco, Per Lindstrand, fueron los primeros en cruzar el atlántico en globo aerostático, no sin peligros). 

“¡¿Cómo acabamos aquí?!”: Branson y Lindstrand durante una de sus aventuras en globo aerostático. El empresario inglés estuvo cerca de perder la vida en varias ocasiones. Imagen: Royal Aeronautical Society

Ambos empresarios se muestran claramente orgullosos de sus éxitos, y Trump, sorpresivamente, relata algunos aprendizajes a partir de algunos errores que él mismo confiesa haber cometido como un joven empresario. Sin embargo, si uno es capaz de leer entre líneas, no es un muy difícil notar las diferencias de lenguaje y la forma en la que estos dos personajes se perciben a sí mismos. Branson constantemente revela sus miedos al enfrentar algunos de los retos más notables en su carrera, se muestra como un personaje humano y vulnerable, y le da crédito en repetidas ocasiones a varias de las personas que lo llevaron al éxito en distintas etapas de su vida. Branson es un self-made man, pero curiosamente, habla del emporio Virgin y de sus miembros más relevantes como un equipo. 

Trump, por otra parte, le da cierto crédito a algunos personajes relevantes durante sus primeros pasos como empresario, pero se enaltece ultimadamente como un hombre casi sobrenatural, que ha sido capaz de actuar en contra de la incompetencia de la mayoría, y aprovechar su genio para ver grandes oportunidades donde otros no veían más que situaciones irreparables. Trump habla con desprecio y una gran egolatría, no escatima en elogios hacia su grandeza personal y tampoco en lujos irracionales dignos de Luis XIV o de un narcotraficante de película (basta con echarle un vistazo a su departamento en la gran manzana para que se le retuerza a uno el estómago tantito). 

Una cuestión de humildad 

Nos guste o no, nadie duda de la capacidad de liderazgo de estos dos magnates, quienes tienen suficiente dinero para su descendencia viva una vida resuelta por generaciones. Aún así, las diferencias importan, y mucho. Los dos empresarios confiesan haber llegado a un punto de sus carreras en el que desean dedicar su vida a ayudar, dejar un legado e inspirar a otros a seguir sus pasos. Trump lo hizo buscando la Presidencia de los Estados Unidos mientras que Branson lo hace a través de sus fundaciones y eventos para la caridad. Vale la pena preguntarse qué haría uno en los zapatos de cada uno y analizar el legado que dejan estos dos hombres de negocios. 

Sir Richard Branson no le teme al ridículo, promueve el deporte, los avances en ciencia, exploración y el combate al cambio climático. Aún más, el magnate británico no duda al aceptar sus errores y miedos —prueba de ello fueron sus declaraciones cuando una de las naves de Virgin Galactic explotó a media prueba en 2014, matando al piloto y dejando al copiloto seriamente herido. Trump por su parte, no cree en el combate climático, se comporta como el bully de tu secundaria, es abiertamente misógino y racista, yen su esfuerzo por ser el presidente “volvió a hacer a América grandiosa.”

¿Qué lecciones nos dan estos dos personajes? ¿Qué aciertos y fallas podemos encontrar en sus vidas y en su comportamiento actual? Creo personalmente, que lo que distingue a estos hombres es la humildad con la que ven su éxito y el trato que tienen con los demás. Una cita que se le atribuye a Cassius Clay (mejor conocido como el boxeador “Muhammad Ali”) dice así: “No confío en nadie que sea amable conmigo pero grosero con el mesero. Porque me tratarían de la misma forma si yo estuviera en su lugar.”

Nadie pone en duda las grandes proezas y la capacidad de liderazgo —para bien o para mal— de ambos hombres. Pero la verdadera riqueza y el poder tienen varias métricas, no soy quién para dar un veredicto, pero creo que historias como la de estos dos personajes nos dan grandes lecciones para ver qué tipo de modelos seguimos, y cómo queremos que nos recuerden las generaciones por venir. 


Imágenes (de arriba hacia abajo): Virgin y Church of Pop


Sobre el autor:

Ricardo M. Salas es comunicador especializado en política pública. Conduce un programa sobre emprendimiento en México y América Latina, y escribe sobre diversos temas de interés colectivo: salud pública, desarrollo sostenible, ciencia y tecnología, política y cultura popular. Fungió como analista político desde Alemania y ha entrevistado a algunos de los actores más influyentes de la agenda internacional. Es audiófilo por accidente y melómano de tiempo completo. Está a favor de: el estado de derecho. En contra de: la prepotencia, el nacionalismo y los extremos de la política de identidad. Puedes saber más sobre él en www.segunricardo.com

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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