Ébano y Marfil


Ricardo M. Salas

@segunricardo

Ebony and ivory live together in perfect harmony.

Side by side on my piano keyboard.

Oh, Lord, why don’t we? 

—Stevie Wonder y Paul McCartney

El mundo está en llamas, literalmente. Basta con echarle un vistazo a las noticias internacionales y ver cómo la peor pandemia en lo que va del siglo (increíble pensar que ya vamos al 25% de éste) ha pasado a segundo plano como causa del enojo y la crispación que ha desatado la muerte de George Floyd en Estados Unidos. 

En los últimos días hemos visto imágenes de autos de policía incendiados, cientos de miles de personas tomando las calles con las mínimas medidas sanitarias, vandalismo y enfrentamientos físicos –particularmente en la Unión Americana, en donde la comunidad afroamericana, la latina y la migrante están mayormente asociadas con “la izquierda” y con corrientes progresistas. Y aunque las notas más violentas y las escenas más impactantes siempre acaparan los encabezados, también hemos visto protestas pacíficas y expresiones de solidaridad de formas que cuesta trabajo creer. Ver la cantidad de gente pidiendo que se elimine el racismo y la discriminación es una bocanada de aire fresco cuando parece que el 2020 no podría ponerse más complicado. 

Aunque sabemos que el racismo sigue imperando en las sociedades occidentales, parece que estamos siendo testigos de otro movimiento como el de los derechos civiles que inmortalizó a personajes como Martin Luther King y Malcolm X en la década de los sesenta. Más de medio siglo después, somos testigos de una serie de protestas exigiendo la misma igualdad de derechos ante la autoridad, todo durante la misma semana en la cual la iniciativa privada logró llevar al ser humano al espacio con el vuelo de Robert Behnken y Douglas Hurley

Es impactante ver que noticias como la peor semana de contagios y muertes por COVID-19 en México (un país que ocupa uno de los peores lugares en tratamiento y contención del virus mientras su presidente se rehúsa a usar tapabocas y anda de gira por el país) es totalmente eclipsada por la exigencia de igualdad de derechos en un punto histórico en el cual pensaríamos haber llegado más lejos como especie. La crisis financiera de 2008-2009 y la expansión del coronavirus en 2020, sin duda han sido las primeras llamadas de atención sobre la naturaleza de los nuevos retos que afrontamos como sociedad global. Lo que queda claro es que en un mundo absolutamente interconectado, tendremos que ser cada vez más conscientes de cómo los problemas que arden en el país vecino o al otro lado del mundo tienen – o tendrán – repercusiones en nuestro backyard de forma inevitable. 

“Educate yourself”: La palabras del hermano de George Floyd durante las protestas de los últimos días. Fuente: Forbes

En este contexto, me dio mucho gusto ver la reacción de cientos de miles de personas quienes mostraron su indignación por la muerte de George Floyd, sin embargo, hago énfasis en que, aunque estas muestras de solidaridad tienen sentido si nos asumimos como los ciudadanos del mundo que describí con anterioridad, no sirven de nada si no aplicamos el mismo criterio en nuestra comunidad y si no mostramos la misma rabia ante las injusticias y la discriminación que se viven en nuestros países, particularmente en uno como México, en donde la mayoría de las personas que son víctimas de la discriminación día con día aún no tienen el nivel de ingreso y educación suficiente como para organizarse y exigir un trato digno ante la autoridad, contrario a lo que vemos en economías desarrolladas como la de nuestro vecino del norte. Si el caso de Floyd no te ha hecho reflexionar sobre la discriminación en América Latina, no puedes dejar de ver el especial sobre el racismo que publicó El País hace unos meses. 

Pero hay esperanza. Entre los autos incendiados y las imágenes de patrullas comunitarias en vecindarios predominantemente blancos, hay quienes exigen un cese a la violencia e invitan a que el enojo colectivo se canalice en mejor educación, en la promoción del voto informado y en la formación de sociedades más solidarias. Si aún no lo has visto, no te puedes perder el discurso de Terrence Floyd, quien exigía al pueblo estadounidense que invirtiera en educarse si quería ver un cambio verdadero a raíz de la muerte de su hermano. La reacción de la hija de George Floyd también es imperdible, cuesta trabajo ver el orgullo de la pequeña al ver la forma en la que el mundo se ha unido a exigir justicia por uno de los casos de brutalidad policial más notorios al momento.

Tenoch Huerta
Tenoch Huerta: El protagonista del mini-documental de El País sobre el racismo en México que está tomando mayor relevancia que nunca. Fuente: Maxim México

Quiero pensar, y espero no equivocarme, que estamos viendo en fin de una era. La crisis financiera del 2008 sembró las bases para una década bastante lamentable en términos de liderazgo global. Vimos a sociedades enteras desencantarse con las instituciones y partidos tradicionales a cambio de figuras populistas y líderes radicales que subieron al podio a través de discursos antisistema, discurso de odio y explotando la creciente polarización que se ha vivido económica y socialmente alrededor del mundo. El investigar y amigo Gabriel Tarriba (siempre insisto en él como el mejor analista político que conozco de forma personal) insiste en que las crisis siempre sacan lo mejor y lo peor de cada sociedad, y por igual, desenmascaran y distinguen a los verdaderos estadistas de los simples políticos.

“Make America Great Again”, uno de los últimos tweets del presidente Trump esta semana. Fuente: Twitter

Échale un ojo al discurso de Merkel ante los crecientes discursos de odio en Alemania y contrástalo con los tweets de Trump, las declaraciones acusatorias de López Obrador o los señalamientos racistas y sexistas de Bolsonaro en Brasil. Si hay una lección que aprender en 2020, es que la polarización y los discursos de odio tienen consecuencias. Cuando un jefe de estado, polí[email protected] o figura pública aprovecha las divisiones sociales para aumentar su popularidad, fomenta el racismo, el odio y la segmentación. Y peor aún, cuando la persona al mando de una estructura social se comporta de esta forma, da un mensaje de validación y comunica que “está bien” ser anti-migrante, nacionalista, antisemita o sexista. Estamos siendo testigos del precio de la discordia y de los costos que está dejando una década de apoyo a figuras populistas, irresponsables y que se han proclamado abiertamente en contra de la ciencia, la razón y las instituciones tradicionales.  

Espero éste sea el comienzo de una nueva era en donde reflexionemos sobre a quién le damos nuestro voto, qué organizaciones y causas apoyamos con nuestro tiempo y dinero, y qué tipo de contenido compartimos en nuestras redes sociales. Y aún más importante, cómo tratamos a los demás en nuestra comunidad. ¿Apoyamos causas justas? ¿Somos intolerantes ante la injusticia y la discriminación o permanecemos indiferentes? 

Tengo confianza en que estamos viviendo un punto de inflexión y un momento histórico en donde las personas que tengan el privilegio de vivir en una sociedad democrática, tener acceso a educación, información y algún ingreso estable, puedan levantar la voz y hablar por quienes no viven la misma suerte. Creo que estamos en un momento en el cual podemos elegir la sociedad que queremos construir a futuro. La historia siempre se ve con claridad en retrospectiva, pero esa misma historia universal es la que construimos día con día, con nuestros actos, con nuestras palabras y emociones. En palabras del gurú holandés Wim Hof: Todo el amor, todo el poder.

 


Sobre el autor:

Ricardo M. Salas es comunicador especializado en política pública. Conduce un programa sobre emprendimiento en México y América Latina, y escribe sobre diversos temas de interés colectivo: salud pública, desarrollo sostenible, ciencia y tecnología, política y cultura popular. Fungió como analista político desde Alemania y ha entrevistado a algunos de los actores más influyentes de la agenda internacional. Es audiófilo por accidente y melómano de tiempo completo. Está a favor de: el estado de derecho. En contra de: la prepotencia, el nacionalismo y los extremos de la política de identidad. Puedes saber más sobre él en www.segunricardo.com

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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