El calor me obligó a tomar terapia


Eduardo Navarrete

@elnavarrete

Para ser leído con: «Heatseeker», de AC/DC

Caelum non animum mutant qui trans mare currunt

-Horacio

 

Lo siento jefe. Hace mucho calor y no tengo la capacidad mental para cumplir cabalmente mis actividades profesionales.

Técnicamente alguien va a preparar esta salida a fin de mes para librarse de algún reporte o auditoría sin temor a estar errado. Y en el fondo, podría tener insana razón.

El Sol, antes venerado como deidad posibilitadora de vida se ha vuelto un enemigo público que impide que veamos las noticias como antes: frescos y sin preocupaciones por el calentamiento mundial.

Adelante: mande a tope el aire acondicionado de su auto estacionado en el tránsito capitalino, corte árboles para montar más rascacielos y ayude proactivamente a la extinción de la especie.

Hemos calcinado la paciencia de este planeta a tal grado que prácticamente encender cualquier cosa hoy representa un deterioro colectivo que nos aniquilará.

Se han hecho varias pruebas para ver cómo responde el cuerpo humano a diferentes picos de temperatura y en la inmensa mayoría, es el calor el que nos pone contra las cuerdas.

Por ejemplo, en estudiantes se han hecho pruebas de campo en los salones de clase bajo el indicador de desempeño académico. Son dos realidades diferentes cuando hace calor en el salón.

Las investigaciones conducidas por José Guillermo Cedeño y Augusta Williams del Harvard University Climate Change Solutions Fund dicen que los estudiantes desaceleran su rendimiento en tareas lógicas y matemáticas cuando se ven expuestos a temperaturas por arriba de los 32 grados Centígrados (aquí tienen sus excusas, queridos alumnos).

Durante las olas de calor, cita este documento, los estudiantes rindieron en promedio un 10% menos con mayor margen de error y letargo en sus tareas. Y no son pocas las aproximaciones de observación y análisis que buscan comprender los efectos del calor en el cerebro humano. Lo encontrado hasta el momento apunta a que conforme nos acercamos y tocamos los 40 grados Centígrados, el cerebro deja de funcionar correctamente, y no se limita a atacar solamente a la clase política.

Pero a pesar del conjunto de mecanismos de termorregulación que tienen como tarea mantener el cuerpo en balance (homeostasis), pueden surgir calambres musculares, dolores de cabeza, pérdida de la conciencia y hasta daño cerebral si se tocan los 43 grados Centígrados. Ahí sí, sude frío.

Puesto de otro modo, la temperatura afecta a la materia, por lo cual no es raro que impacte a las células. Edward Walter, investigador del Royal Surrey County Hospital, asegura que es a partir de los 35 grados que el cerebro se ve afectado y en múltiples formas.

Comenta que los problemas que ha detectado son la inhibición de funciones metabólicas, aumento en la secreción tóxica de las células, reacciones autoinmunes hasta alterar el flujo de sangre que llega al cerebro.

Una vez que se ve alterado el flujo sanguíneo en el cerebro, se afecta la capacidad metabólica del mismo. Excusa potencial para aducir incapacidad mental y seguir lanzando contaminantes como dióxido de carbono e incrementar el calor que queda atrapado bajo la atmósfera.

El clima es inestable por naturaleza. Yo, por si acaso, lo voy a reportar con mi terapeuta.

 


Sobre el autor:

Eduardo Navarrete es un periodista, fotógrafo y administrador público que se apasiona por los contenidos. Condujo equipos en Grupo Reforma, Grupo Medios, Televisa y Cultura Colectiva. Participa en una iniciativa de acompañamiento a empresas para formar equipos de alto desempeño desde la atención plena y recién fundó una empresa de generación y curaduría de contenidos transmedia.




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