El camino por recorrer


Mercedes Migoya

@_meridianos

Creo que siempre que una mujer entra a un trabajo se lo pregunta aunque sea de manera inconsciente: ¿Qué tanto tiempo estaré aquí? ¿Seguiré en 5 años cuando quiera tener hijos? ¿O cuando me case y tal vez tenga que dedicar una parte de mi tiempo a mi casa? O, ¿si sigo aquí, no me caso y no tengo hijos, qué dirán de mí? Sí, la sociedad ha avanzado en muchos sentidos. Hoy ya no es mal visto trabajar y tener una familia, y es cada vez más aceptado que una mujer prefiera tener una vida profesional exitosa que quedarse en casa a cuidar a los hijos. De hecho, creo que las tendencias se han volteado, y que quienes deciden no trabajar son juzgadas por “no hacer nada”, pero eso no quiere decir que cualquiera de las opciones será fácil.

Si se compara con los otros 33 miembros de la OCDE, México es el país con más desigualdad laboral. Esto quiere decir que muchas de nosotras recibimos sueldos más bajos, somos discriminadas o tenemos menos oportunidades a la hora de crecer dentro de una empresa. Afortunadamente, en mi corta experiencia laboral, no he enfrentado mayores problemas, pero tristemente, los he visto de cerca.

Inicié mi carrera profesional trabajando en un banco. Cuando llegué me sorprendió para bien que hubiera más mujeres que hombres en puestos directivos pero cuando me fui, esta noticia se convirtió en frustración. Durante el breve periodo de tiempo que estuve ahí, un hombre y tres mujeres tuvieron hijos, solo uno siguió yendo al trabajo de manera regular. Aunque perdí contacto con ellos, ya me imagino quién es el que pudo seguir con su carrera.

Años después entré a otro corporativo, esta vez, a una televisora. Ahí también me llevé una buena sorpresa, pues me tocó vivir una reestructuración fuerte y como parte de los cambios, la planilla principal de conductores acabó teniendo más mujeres que hombres. Cosa que sorprende incluso a nivel internacional, pues si uno se fija en las planillas de empresas como CNN o Fox News, sigue habiendo más conductores que conductoras. Aunque esto parece bueno, todavía no acabo de definir si realmente lo es. Porque estas mujeres, por más exitosas que son, tienen un estilo de vida que no le desearía a nadie. La empresa las llama a cualquier hora y ellas tienen que responder pues saben que si no lo hacen, se pueden quedar en la calle en un abrir y cerrar de ojos. Así, ¿quién puede tener una familia?

Hoy trabajo en una startup, fundada por dos mujeres, y de momento creo que es el mejor lugar en el que he estado, pues hay flexibilidad de horarios, oportunidades de crecimiento y salarios equitativos. Mientras hago este recorrido por mi corta vida profesional, me doy cuenta de que las preguntas del inicio se convierten en una sola: ¿tener un trabajo exitoso o una familia?

Curiosamente, para la mayoría de los hombres, esto ni siquiera es pregunta. Ningún amigo me ha platicado de una entrevista de trabajo en la que se haya sentido discriminado por tener hijos o que haya dudado el entrar o no a algún lugar porque quiere ser papá. El mes pasado en un podcast del New York Times escuché que en Estados Unidos, cuando un empleado anuncia que tendrá hijos le aumentan el salario, mientras que cuando una empleada hace lo mismo, generalmente acaba ganando menos o, en el peor de los casos, perdiendo el trabajo. Eso es discriminatorio para los dos, pues parte de la idea de que él tendrá que mantener a una familia, mientras que ella, estará menos enfocada en el trabajo al tener más responsabilidades en casa.

Hablando de discriminación, tampoco he escuchado de hombres que tengan que vestirse de cierta forma en el trabajo, y eso no es exclusivo de las empresas privadas. Me acuerdo que hace un par de años, una institución gubernamental sugirió dar un curso de maquillaje y vestimenta apropiada para las mujeres el ámbito laboral, cosa que francamente, me pareció una grosería.

Dentro de todas las malas historias, me quedo con lo mejor. Algunas empresas transnacionales están aceptando los horarios flexibles; otras están reconociendo que las familias pueden depender económicamente de un hombre, de una mujer o de ambos; y otras que empezaron a buscar la equidad con cuotas de género se dieron cuenta de que ya no son necesarias. Aunque hoy, en pleno 2019, todavía no hay equidad, me quedo tranquila, pues estoy segura de que el camino para llegar a la meta, será cada vez más corto.


Sobre la autora:

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento, aunque igual que el resto del equipo hace de todo. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Algún día le gustaría poder llamarse “periodista”. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la libertad de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.




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