El costo de la ignorancia


Ricardo M. Salas

@segunricardo

 

“Ser científico es ser ingenuo. Estamos tan enfocados en nuestra búsqueda por la verdad, que fallamos en considerar cuán pocos son los quieren que la encontremos. Pero siempre está ahí, la veamos o no, queramos o no.”

 –Jared Harris, actor británico. 

 

“A la verdad no le importan nuestras necesidades o deseos –no le importan nuestros gobiernos, nuestras ideologías o religiones—yace esperando para siempre”. Éstas son las palabras con las que el científico soviético Valeri Legasov (interpretado magistralmente por el británico Jared Harris) cierra el último capítulo de la miniserie de Chernobyl de HBO. Este melodrama hace énfasis sobre cómo la mentira y la indiferencia hacia la verdad pueden tener consecuencias increíblemente desastrosas, como lo fue la explosión de uno de los reactores de aquella central nuclear en abril de 1986. 

La ciencia es la búsqueda por la verdad y el conocimiento, por lo menos de acuerdo a los que la promueven y al progreso que ésta ha generado en los últimos siglos. Si bien esto se presta a un debate filosófico (cosa a la que no entraremos aquí), la verdad existe y no le importa si va de acuerdo a nuestros principios, creencias, filias o fobias. Casi todos los gobiernos contemporáneos dicen promover la ciencia y la tecnología, por lo menos en el discurso público –aunque la realidad es que muy pocos invierten más del 1% del PIB que se considera como mínimo internacional para generar suficiente crecimiento y bienestar entre la población. 

Por más increíble que parezca, a muchos gobiernos no les gusta la verdad, particularmente cuando ésta no va de acuerdo con su agenda política o con lo que sus votantes quieren escuchar. Aún más inconcebible es que a veces ciertas teorías o descubrimientos son tan incómodos o amenazantes para el status quo que incluso la misma comunidad científica tiende a reprimir algunos tipos de investigaciones por décadas. Prueba de ello son las investigaciones de gente como el Dr. Robert Plomin o Clair Patterson, quienes valerosamente persiguieron sus respectivas búsquedas por un mejor entendimiento de la genética y de la toxicidad del plomo en productos de consumo como la gasolina, muchas veces arriesgando su reputación. 

Claro que, para otros, el cuento no terminó tan bien. Algunos, como el psicólogo y promotor de la cultura psicodélica Timothy Leary, también retaron a las autoridades políticas, científicas y morales de su época terminando totalmente desacreditados, pero esa es otra historia. 

Si bien la ciencia no siempre es usada para los mejores fines y hay algunos experimentos que merecen más fondos que otros, la historia afirma que el progreso de una sociedad depende de su capacidad de ir tras la búsqueda de la verdad, sin importar lo que ésta signifique. Es preocupante que bajo la idea de fomentar la austeridad, el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador esté haciendo recortes con tijera grande en las pocas instituciones críticas para la ciencia y la tecnología en México. Reacomodos ideológicos al interior del Conacyt –académicos cercanos en el extranjero me comentan que toda la gente encargada de becas para estudiantes ha sido reemplazada–, recortes absurdos a la investigación en instituciones públicas, y reducciones a otros órganos autónomos como el INEGI y CONEVAL muestran la clara despreocupación que tiene la actual administración por las métricas y los indicadores confiables que pueden servir para evaluar a las políticas sociales. 

“¡No más recortes en ciencia”: Un grupo de académicos e investigadores se reunió afuera de Palacio Nacional para entregar una carta en donde exigen que no haya mayores recortes en ciencia e investigación. Imagen: @ProCienciaMx

En un artículo reciente, Antonio Attolini, portavoz de una nueva generación de simpatizantes del presidente y MORENA, argumenta que hay que combatir la “cientificidad” por tratarse del uso de la ciencia (o de argumentos pseudo-científicos) para apoyar un discurso ideológico y político asociado con el neoliberalismo. Puede que Attolini tenga cierta razón en que gobiernos anteriores abusaron del prestigio de tecnócratas y gente con títulos académicos para promover políticas públicas equivocadas, o en muchos casos, defender la corrupción descarada que caracterizó al gobierno de Enrique Peña Nieto. Sin embargo, el uso irresponsable de la técnica no significa que la solución sea arremeter contra la ciencia y la investigación en universidades de prestigio (incluso en el extranjero). 

Es preocupante ver a un gobierno que tolere que sus principales contratistas aeroportuarios digan que los aviones no pueden chocar porque “automáticamente se repelen” , o que su nuevo secretario de Medio Ambiente diga que las turbinas de energía eólica le “roban el aire de las comunidades indígenas”. Sin embargo, es aún más preocupante el despido del director del CONEVAL y economista Gonzalo Hernández Licona por criticar los recortes que este organismo estaba enfrentando y que harían imposible continuar con sus mediciones de la pobreza y el rezago social en México. Esto es un signo absoluto de autoritarismo, no encuentro otra forma de describirlo. 

“Si no estás con nosotros…”: El economista Gonzalo Hernández Licona fue destituido como director del CONEVAL por criticar los recortes al presupuesto de la organización. Imagen: @MonicaGarzaG

Los apoyos a la ciencia y la educación pública suelen ir acompañados de un proyecto político o de nación. Es fácil creer que las economías emergentes no pueden aportar nada al campo científico y que países como México deben, en vez, de promover el desarrollo a través de la microagricultura y los combustibles fósiles. El día de ayer  India lanzó su segunda misión lunar con el cohete Chandrayaan-2. Mientras tanto, el partido más popular de México busca combatir la “cientificidad” y restarle importancia a los censos y las métricas rigurosas. 

La falta de ciencia es la falta de verdad, o por lo menos, el intento de encontrarla. Aunque nos neguemos a verla, ésta espera pacientemente, queramos observarla o no, pero tarde o temprano cobra su precio.

Y hablando de ciencia…

Hace unos días se dio a conocer que el equipo de jóvenes mexicanos que fueron apoyados por el cineasta Guillermo del Toro para concursar en la Olimpiada Internacional de Matemáticas en el Reino Unido ganó cuatro medallas. El talento en México brilla, a pesar de, y no por el gobierno. 

Y recuerden… 

Liberty Maniacs

Sobre el autor:

Ricardo M. Salas es comunicador especializado en política pública. Conduce un programa sobre emprendimiento en México y América Latina, y escribe sobre diversos temas de interés colectivo: salud pública, desarrollo sostenible, ciencia y tecnología, política y cultura popular. Fungió como analista político desde Alemania y ha entrevistado a algunos de los actores más influyentes de la agenda internacional. Es audiófilo por accidente y melómano de tiempo completo. Está a favor de: el estado de derecho. En contra de: la prepotencia, el nacionalismo y los extremos de la política de identidad. Puedes saber más sobre él en www.segunricardo.com

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