El obsequio de Roland Garros


Gabriel Martínez

@gabomartinez_10

IG: gabo_martinez_

 

No hay escenario más lindo para recibir el trigésimo noveno enfrentamiento entre dos leyendas que no dejan de escribir historias de fantasía en los libros del tenis.

Han pasado 14 años desde que Rafa Nadal y Roger Federer se vieron por última vez en las semifinales de Roland Garros. El suizo ha flotado sobre las pistas de polvo de ladrillo que no pisaba desde hace cuatro años. Llega en un momento de envidia, pero ante uno de los pocos rivales con quien registra un historial de más derrotas que triunfos, y que como cada año, despliega su tenis con la autoridad que le otorga su segunda casa, que casi es primera: París.

Inevitable trasladarnos en el tiempo. Fue en 2005 la primera vez que estos dos irrepetibles del deporte blanco se vieron las caras en arcilla, precisamente en la misma instancia, en el mismo lugar. Ganó el mallorquín para luego convertirse en campeón y saborear por primera vez, quizás sin saberlo, los tejidos de una victoria que se iba a convertir en el principal emblema de toda su trayectoria.

Catorce años después, aquí seguimos, esperando con intranquilidad y cierto nervio el partido más agradable del año, preparando las alarmas del móvil para quienes el partido interrumpe su noche, y organizando su día a quienes el duelo los atrapa en medio de otras actividades. ¿Quién hubiera pensado en 2005 que más de una década después, este seguiría siendo el partido que todo el mundo quiere ver? Esto no nos advierte otra cosa más que disfrutar de dos monstruos que con toda seguridad no tendrán reemplazo en un futuro cercano, y probablemente nunca.

Nadal y Federer se respetan desde antes. Sabían lo que les esperaba e intentaron deshacerse lo más rápido posible de sus respectivos rivales en los cuartos de final. El español tuvo mayor éxito y despachó a Kei Nishikori en menos de dos horas (6-1, 6-2, y 6-3). Federer se topó con un obstáculo más enredoso, pero finalmente derrotó a su compatriota Stan Wawrinka (7-6(4) 4-6 7-6(5) 6-4). Su compromiso había empezado antes que el de Rafa, y terminó algunos minutos después.

Si faltara algún ingrediente para alzar la expectativa de este enfrentamiento (que no es el caso), Indian Wells lo puso hace un par de meses. La baja por lesión de Nadal dejó al público californiano con el bocadillo a medio camino del plato a la boca. Bien dicen que la espera hace que los ratos agradables sean aún más suculentos cuando se interpone. Y el duelo 39 llega cuando ambos parecen estar disfrutando del máximo nivel. Parece que son interminables, y es que lo son, porque la exquisitez otorgada por la experiencia ha nivelado casi a la perfección los deterioros físicos que escupe la edad.

Cuatro triunfos en finales y otro en semifinales para Nadal en la Copa de los Mosqueteros, lo que corrobora su favoritismo, y llega mejor a este partido por la facilidad que tuvo para acabar con Nishikori. Es Nadal el rival que ha agredido más el crédito del suizo, si es que hubiera algo que se le pudiera llamar así. Pero Su Majestad ha dominado en los últimos cruces con una racha de cinco triunfos, eso sí, todos en pista rápida.

Tal vez sea la última vez que veamos este combate en tierra batida. Tal vez sea la última oportunidad para Roger de imponerse en territorio grabado con el nombre del ibérico, o tal vez no, porque nunca se sabe cuándo puede ser el último, y porque el tenis siempre necesita de un Nadal-Federer. Estos son los partidos que alimentan y que tienen un poder exclusivo de unificar, de paralizar. Y como nunca se sabe cuándo puede ser el último, más vale paralizarnos una vez más, en la Philippe-Chatrier.

 


Sobre el autor:

Gabriel Martínez es un periodista especializado en deportes. Ha trabajado en el diario español La Vanguardia, actualmente es conductor del programa televisivo de Adrenalina en Grupo Imagen y escribe en el periódico Excélsior. Tiene un máster en periodismo y un diplomado en marketing y negocios deportivos. Es violonchelista de clóset y devoto de la actividad física. A favor de: la educación y la igualdad social. En contra de: la censura, el radicalismo, y el sedentarismo.




Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password