¿En la guerra, en el amor y en las elecciones todo se vale?


Raquel López-Portillo Maltos

@rak_lpm

 

Si en la guerra y en el amor todo se vale, ¿en temporada electoral también? El escenario global parece apuntar hacia distintas respuestas. Dentro de todos los ámbitos que la pandemia ha cimbrado, el electoral es uno clave. Esto impone un dilema entre las restricciones a derechos (civiles y políticos en este caso) permisibles durante una emergencia y el estado de derecho que debe imperar a pesar de las circunstancias. 

 

De acuerdo a la organización internacional IDEA, hasta el momento 47 países han pospuesto elecciones nacionales y locales debido al COVID-19, mientras que 14 han decidido realizarlas pese a las preocupaciones que esto plantea. En el caso de México, el Instituto Nacional Electoral anunció la suspensión temporal de las actividades electorales en los estados de Coahuila e Hidalgo. Lorenzo Córdova, consejero presidente del INE, detalló que los comicios tomarán lugar una vez que las condiciones de seguridad sanitaria sean restablecidas, estimando las nuevas fechas en la última semana de julio o durante agosto. El acuerdo contó con el respaldo de todos los partidos políticos, los cuales externaron que “la unidad nacional está por encima de los intereses políticos particulares”. 

 

Los derechos civiles y políticos son el pilar de cualquier democracia. Particularmente el sufragio universal es una de las victorias sociales más importantes que se han conseguido a través del tiempo. Pese a que aún existen diversas legislaciones que restringen en cierta medida el derecho al voto a ciertos grupos de la población, los avances en esta materia se han dado a pasos agigantados, y el voto figura como una de las herramientas de participación ciudadana más importantes en la actualidad. Dada su relevancia, los instrumentos internacionales cuentan con reglas claras para su protección y garantía. En específico, el Pacto Internacional de Derechos Civiles Políticos, del cual México es parte, dicta que en situaciones excepcionales que pongan en peligro la vida de la nación, los Estados podrán adoptar disposiciones que, en medida estrictamente limitada a las exigencias de las circunstancias, suspendan las obligaciones a las que están supeditados. Esto siempre y cuando dichas disposiciones no sean incompatibles con las demás obligaciones y no impliquen discriminación contra algún grupo de la población. 

 

Es precisamente este punto el que genera discrepancias respecto al quehacer en el panorama actual. No queda la menor duda de que la pandemia es una situación excepcional. Sin embargo, ¿la cancelación de elecciones es proporcional o pone en aún mayor riesgo la gobernanza de los Estados? Para contestar esta pregunta, es importante considerar, al menos, los siguientes puntos: la gobernabilidad del Estado en cuestión, el uso político de las circunstancias y la logística que implica la organización de una elección. 

 

Las soluciones generalizadas han demostrado fallar una y otra vez. Este caso no es la excepción, puesto que por la enorme diversidad de los países, sus sistemas políticos, dinámicas electorales y el tipo de cargos disputados serán muy distintos. En cada caso, habrá que evaluar si postergar las elecciones implicaría un riesgo aún mayor en la estabilidad, paz y seguridad del país, especialmente cuando estamos hablando de regímenes autoritarios en donde el abuso de poder ya es una constante. Un ejemplo que puede fungir como una buena práctica compartida es el de Liberia en el escenario de la epidemia del Ébola en 2014. El país acababa de salir de una guerra civil cuando se vio enfrentado a la emergencia de salud. Ante esta situación, las autoridades decidieron que la prevalencia de condiciones democráticas era más imperativa, puesto que la paz acordada pendía de un hilo. Para ello, se tomaron una serie de medidas como la distancia social, la revisión de temperatura, medidas de higiene para el uso de los materiales, de la mano de una fuerte campaña dirigida a la ciudadanía para transmitir la importancia de su participación en un momento crítico. En este caso concreto, la elección fue exitosa, pues no implicó un aumento en la crisis sanitaria y logró consolidar el ejercicio democrático que se necesitaba. 

 

Por otro lado, las condiciones deben ser justas para los contrincantes y se debe asegurar que el número de votantes no se vea afectado por las condiciones establecidas. Ejemplo de ello es el caso de Corea del Sur y de Polonia, que han decidido mantener las fechas programadas de sus elecciones presidenciales. Muchos han argumentado que esto se debe a que, pese a que tanto el presidente Moon Jae-in como el presidente Andrzej Duda llevan la ventaja, ésta podría decrecer si al pasar el tiempo su manejo de la pandemia no es del agrado del electorado. Mucho se ha criticado también la realización de las elecciones primarias en Wisconsin, Estados Unidos este 7 de abril, puesto que se privilegiaron los intereses republicanos, ya que consiguieron por medio de una orden del juez de la Corte Suprema local – y amigo de Trump- que las elecciones tuvieran lugar puesto que una baja participación les beneficiaría. Por estas razones, se debe velar para que las decisiones que se tomen en este aspecto no estén sustentadas por intereses políticos ni partidistas.

 

Por último, modificar los métodos electorales hacia alternativas como el voto digital o por correo postal implica un enorme desafío logístico. Mientras que países como Estados Unidos tienen una amplia experiencia en celebrar elecciones en situaciones críticas (lo han hecho durante las dos guerras mundiales, en su guerra civil y durante la gripe española de 1918), hay otros que jamás lo han intentado. Planearlo implica tiempo y recursos con los que difícilmente contarán. Así mismo, será difícil incluir a todo el electorado sin que se incurra en algún tipo de discriminación (por ejemplo, hacia los nacionales que se encuentren en el extranjero y no puedan registrarse). 

 

La moneda está en el aire y habrá que estar pendientes de las decisiones que tome cada Estado al respecto. En este volado se pondrá sobre la mesa si las elecciones son una actividad esencial y se medirá lo que se está dispuesto a arriesgar para su cometido. Las repercusiones en el pacto social, y sus consecuencias, aún están por verse. 

 


Sobre la autora:

Raquel López-Portillo Maltos es licenciada en Derechos Humanos y Gestión de Paz por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Fue Coordinadora General de la campaña HeForShe de ONU Mujeres en su universidad y actualmente es Asociada del Programa de Jóvenes del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI). Se ha desarrollado en los sectores público, privado y de la sociedad civil en temas de seguridad, igualdad de género y educación.  Apasionada del flamenco, la fotografía y la literatura. A favor de: el derecho a elegir, el debate, las opiniones sustentadas y la igualdad de oportunidades. En contra de: la violencia, la ignorancia, la mediocridad y las mentes cerradas.

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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