Entiendo la indignación


Fernanda Zamora

@Fer_ZamoraR

 

Calculas tu tiempo, buscas un podcast o una playlist para el camino, y te preparas para salir. Revisas rutas en diferentes apps y sales de tu casa. Pero viviendo en una ciudad grande, el trayecto siempre resulta ser más complejo de lo previsto. Las manifestaciones, protestas y demás alteraciones en la vía pública se han convertido en parte de la cotidianidad de la CDMX, el tráfico es algo natural y la puntualidad es opcional. Si bien es cierto que hay un componente cultural en el tema de la puntualidad, al vivir en la ciudad aceptamos el caos como parte de nuestra vida, como un factor inherente del día a día, entropía que se contagia a los diferentes aspectos de la vida.

Como plantea la teoría de economía urbana, hay dos fuerzas contrapuestas en el progreso de las urbes; la aglomeración y la congestión. Tenemos todo en el mismo lugar, tan concentrado que sacrificamos movilidad. Y aunque no es un problema endémico de la Ciudad de México, con un total de 21 millones, 671 mil habitantes en la zona metropolitana, el tema de planeación urbana y movilidad se vuelve sumamente complicado.

Pero más allá de los obstáculos esperados en la ciudad, nos hemos acostumbrado a ver múltiples protestas y manifestaciones. Los bloqueos de vialidades son tan recurrentes que muchas veces ni siquiera sabemos qué es lo que están tratando de comunicar, normalizamos a tal punto de ser inmunes a la causa.

Y es que no tenemos que ser partidarios de todas las causas, ni apoyar todas las formas de protesta, pero sí debemos, como ciudadanos, tratar de no tomar un enfoque reduccionista ante las movilizaciones, pensando solamente en cómo esto me va a afectar directamente en mi día a día. Podemos escuchar y preguntar para comprender para qué se alza la voz, porque estar ahí es una elección, y esa obstaculización del día a día trata de ser un llamado de atención. Porque el tema es que las movilizaciones son una herramienta de participación ciudadana en la política de gran poder para alzar la voz ante el gobierno.

Puede que nos preguntemos si realmente sirve de algo protestar, si al final no hay resultados tangibles que se pueden ver. La respuesta es sí, aunque muchas veces no se reflejen en políticas inmediatas, las protestas generan visibilidad, concientizan y activan políticamente a la población.

En una entrevista a la profesora Olga Onuch en la BBC, la investigadora explica que hay diferencias clave en las protestas que se perciben en Occidente (Europa, EUA, etc.) y el resto del mundo. En el caso de América Latina, “suelen estar en juego derechos humanos básicos, hay una sensación de urgencia y de desesperación y la vida corre peligro de una forma que no se ve en Occidente”. Cuando tus derechos humanos fundamentales se ven amenazados o coartados, las grandes causas pasan a segundo plano. Entramos en modo supervivencia, resolviendo lo urgente, sobreviviendo. 

@costaacomics

Al analizar las dinámicas podemos ver que el trasfondo de las protestas refleja problemas mucho más profundos de nuestras sociedades, siendo en la mayoría de los casos una desoladora desigualdad. Lo que está pasando en Ecuador en los últimos días, lo hemos visto también en París con los gilets jaunes, y no está tan lejos de lo que vivimos en México hace poco. En Ecuador, hemos visto manifestaciones de transportistas y grupos indígenas en contra de la eliminación del subsidio a combustibles fósiles. Si bien es cierto que la desaparición de estos subsidios es inminente y una tendencia mundial, si no va acompañada de políticas sociales para compensar el alza del precio, puede darle durísimo a las personas con menos recursos.

Según un informe del BID, llamado ¿Pueden las transferencias del gobierno hacer que la reforma de los subsidios energéticos sea socialmente aceptable?: Un estudio de caso sobre Ecuador, aunque la eliminación de los subsidios es positiva y le ahorraría al gobierno 2,3 mil millones de dólares por año, 7% del gasto público, ésta es regresiva en algunos casos como en el diesel, es decir afecta más a los que menos tienen. Para contrarrestar este efecto, la investigación propone un aumento al Bono de Desarrollo Humano, así como incentivos focalizados. Y es que aunque son políticas necesarias que responden a un llamado global importante, es necesario meter el costo social en la ecuación y plantear programas complementarios.

Es necesario escuchar y tratar de entender las dinámicas sociales y económicas que hay detrás de las pancartas, los paros, y la indignación. El privilegio es no tener que preocuparte por eso, es que el tema representa tan poco en tu cotidianidad que puedas pensar en otras cosas, cosas más creativas, intelectuales. Como bien decía Virginia Woolf en el ensayo “A room of one’s own”, cuando no tienes que preocuparte por el dinero, por sobrevivir el día a día, tu mente es libre de concentrarse en crear, investigar, crecer.

Nos merecemos una sociedad que ofrezca igualdad de oportunidades, un gobierno que garantice los derechos humanos básicos, una realidad que nos permita pensar en cosas más grandes que nosotros, dónde la lucha sea por ideales y no para sobrevivir.

Detonador de conversación – ¿Playlist, podcast, audio libro o llamada?

@zenpencils

Sobre la autora:
Fernanda Zamora es comunicóloga, maestra en política pública. Ha trabajado haciendo investigación en temas de políticas de innovación, política social y justicia restaurativa, entre otros. Como consultora de comunicación ha participado en el diseño e implementación de estrategias de comunicación para ONGs, sector público e iniciativa privada. Apasionada por los temas de equidad de género, innovación social y desarrollo. Lectora voraz, bailarina frustrada y adicta a los podcasts.
Está a favor de: Feminismo, empoderamiento e innovación. En contra de: Injusticia, intolerancia.

Mercedes Migoya61 Posts

Mercedes Migoya es la directora de Contenido de Telokwento. Es internacionalista y ha desarrollado su carrera en medios de comunicación. Le interesa especialmente todo lo que tiene que ver con Medio Oriente y Seguridad Internacional. A favor de: varias libertades, especialmente la de expresión. En contra de: la corrupción, el abuso de poder y la burocracia.



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